Varicela


 

¿Qué es la varicela?

La varicela está provocada por un virus denominado varicela-zoster. Las personas que se infectan con este virus a menudo desarrollan granitos que parecen ampollas por todo el cuerpo. Las ampollas son pequeñas y están rodeadas de un área de piel enrojecida que puede tener cualquier tamaño, entre el de una goma de borrar de un lápiz y una moneda de diez céntimos de euro.
Probablemente habrás oído que la varicela pica. Es verdad. Esta enfermedad también puede provocar otros síntomas, como moqueo de nariz y tos.  Una de las gracias de ésta enfermedad es que, gracias a la vacuna de la varicela, muchos niños nunca llegan a contraer esta enfermedad. Los pocos niños vacunados que contaren la varicela, a menudo tienen formas menos graves, lo que significa que se curan antes. Buen argumento, pero inservible para todos los que hemos estado fuera del alcance de la vacuna, después de la retirada de la misma por el gobierno. Así que ahora hay una franja de niños entre 12 y 24 meses, propensos a tener una variedad que puede ser más fuerte
Síntomas
La varicela puede empezar de forma parecida a un catarro: pueden tener la nariz tapada o muchos mocos, estornudos y tos. Pero, al cabo de 1 a 2 días, aparece la erupción, a menudo a racimos de granos en el pecho o la cara. Puesto que la erupción se puede extender rápidamente por todo el cuerpo, a veces aparecen granitos incluso en las orejas y la boca. La cantidad de granos varía mucho de un niño a otro, a algunos  les salen sólo unos pocos, mientras que otras se cubren de granos de pies a cabeza.
Al principio, la erupción está formada por granitos de color rosado que rápidamente desarrollan pequeñas ampollas en la parte superior (una ampolla es un bultito que se forma en la piel y se llena de líquido). Primero el líquido es trasparente, pero, transcurridas de 24 a 48 horas, se vuelve turbio y las ampollas se empiezan a reventar.
Las ampollas de la varicela aparecen a oleadas, de modo que, después de que algunas de ellas se empiecen a reventar, puede aparecer un nuevo grupo. En torno al séptimo día, los granitos nuevos generalmente dejan de salir, aunque pueden dejar de hacerlo tan pronto como en el tercer día. Al cabo de aproximadamente una semana, todas las ampollas deberían estar cubiertas de costras y empezar a cicatrizar.
Además de la erupción, algunas personas, cuando contraen la varicela, también tienen dolor de barriga, fiebre y/o malestar general.

¿Cómo se propaga la varicela?

La varicela es contagiosa, lo que significa que las personas que la tienen se la pueden “pegar” fácilmente a otras. Cuando una persona coge la varicela, es más contagiosa durante los primeros 2 a 5 días de enfermedad. Esto suele ocurrir entre 1 y 2 días antes de que aparezca la erupción ¡O sea que una persona puede estar contagiando la varicela sin ni siquiera saberlo!
Una persona con varicela puede contagiarla a otra persona a través de la tos y los estornudos. Cuando tosa, estornude, se ría o incluso hable, expulsará gotitas por la boca y la nariz. Esas gotitas llevan del virus de la varicela. Es fácil que alguien respire esas gotitas o que éstas se depositen sobre sus manos. Y, sin que el enfermo se entere, el virus habrá infectado a otra persona.

He aquí algunos consejos para tener menos picores:

  * Procura estar o tener al nene en un ambiente fresco porque el calor y el sudor hacen que los granos piquen más. Te puede ir bien colocarte/le un paño húmedo y fresco sobre las áreas que más te/le piquen.
  *Córtate/le bien las uñas, para que, si te rascas, no puedas hacerte heridas en la piel.
  * Date/le un baño de agua tibia. Si añades un poco de avena (¡sí, avena!) al agua de baño, te/le ayudará a mitigar los picores.
  *Ponte/le loción de calamina, que alivia el picor.
  *Un analgésico (un medicamento para aliviar el dolor), como el paracetamol, puede ayudarte/le a encontrarte/se mejor.
Aunque es algo que no suele ocurrir, en el caso de que te empieces a encontrar francamente mal, acércqte a urgencias. A veces, la varicela desemboca en otra enfermedad más grave. Una o más ampollas podrían infectarse.
Lo más probable es que no tenga/s grandes problemas y que mejore/s dentro de aproximadamente una semana. Y cuando todas las ampollas tengan costras, dejará/s de ser contagioso. Al cado de pocos días, se caerán las costras. Además, una vez haya/s pasado la varicela, es muy poco probable que la vuelva/s a coger.
¡Ponte la inyección y evitarás la erupción! Si al Gobierno le da la gana claro..

Seis meses de BLW

Hay muchíiiiisma información sobre BLW. En esta misma web puedes consultar lo básico para poder empezar de manera exitosa y segura, pero una cosa es la teoría y otra es luego cómo llevarla a la práctica y, cuando le tocó a mi niña, pese a tener todos los conceptos más que claros, llegado el momento no sabía ni por dónde empezar.

El mismo día que cumplió los seis meses (hacía tiempo que se mantenía sentada sola y cumplía todo los requisitos necesarios que indicaban que estaba preparada), sin que fuera nada premeditado, le ofrecimos un muslito de pollo al horno que estábamos comiendo nosotros (ese tipo de cosas las comemos sin sal). Pensamos: “¿Y si le damos uno a ver qué hace?”. Pues no nos podíamos creer lo que hizo: Se la comió casi entera. Yo no salía de mi asombro, no lo podía entender. Era la primera vez que cogía comida con la mano, solo tenía dos dientes abajo pero no hubiera necesitado más.

En ese tiempo, al mediodía comíamos todos juntos pero por la noche yo estaba sola con los niños para cenar y no me atrevía a darle nada. Estaba informadísima pero seguía teniendo miedo a los atragantamientos, así que durante el primer mes solo hizo una comida al día. Poco a poco, me fui atreviendo a ofrecerle cosas muy blanditas cuando estábamos solas, tipo brócoli hervido o pan. Además, me venía estupendamente para que me dejara cenar a mí. No aguanta mucho tiempo sentada en la trona experimentando con esas cosas de texturas, olores y sabores tan interesantes, pero lo suficiente para poder cenar yo sin atragantarme.

Mientras tanto, seguíamos con la teta a demanda exactamente igual que antes. Para mí, la teta y la alimentación complementaria eran actividades totalmente independientes. Nunca pensé “No va a querer comer comer porque ha tomado mucha teta”, ni “No va a querer teta porque está comiendo mucho”, ni nada parecido. No tenía esos conceptos asociados. Ni si quiera le ofrecía la teta antes de comer como se supone que se debe hacer: se la ofrecía estrictamente a demanda (y como es muy demandante, nunca llegaba a una comida con hambre).

Para evitar alergias e intolerancias, seguí también mi intuición. Ni su papá ni yo tenemos antecedentes de alergias así que no retrasé nunca ningún alimento por miedo a ese tema. Normalmente, cada alimento lo repetíamos un par de días seguidos para asegurarnos (y además, como come muy poca cantidad, me venía bien porque siempre le sobraba comida), excepto en el caso de las patatas, el arroz o cosas así que consideraba de muy bajo riesgo y no esperaba mucho entre uno y otro. Y es que al principio estaba un poco ansiosa por que llegara el momento en que hubiera probado ya los alimentos mínimos para poder ir combinándolos en recetas que se pareciesen a lo que solíamos comer nosotros. Si un día comíamos, por ejemplo, lentejas, y ella todavía no había probado ni las lentejas ni el ajo que les suelo echar, me veía en la tesitura de tener que escoger entre cocer las suyas aparte o hacer las de todos sin ajo… Y no me atraía mucho la idea. Pero esa etapa un poco más pesada apenas dura un par de semanas y compensa muchísimo. Ahora come prácticamente lo mismo que nosotros. Le apartamos su ración antes de añadir sal y listo. Son raros los días que no puede comer lo mismo que nosotros y eso nos ha ayudado que toda la familia coma más sano. Antes teníamos costumbre al menos una noche a la semana de tirar de pizza, salchichas frankfurt o cosas así. Ahora las salchichas están prácticamente desterradas y la pizza es casera y mucho más rica que las porquerías que compraba antes, con la masa sin sal y la salsa de tomate casera.

Sobre los atragantamientos, a pesar de mis miedos al principio, nunca ha pasado de hacer pequeñas arcadas los primeros días. Ahora es rarísimo que haga una. Curiosamente, aunque la carne sea lo que más miedo suele dar, a mí me preocupaban mucho más al principio las texturas pastosas, tipo el plátano, que me parecía que las gestionaba peor (ahora los plátanos se los come como si no hubiera mañana). Dejé enseguida de cortar la comida en bastoncitos como se recomienda normalmente porque, de esa manera, me parecía que los mordiscos eran mucho más grandes. Por ejemplo: si le cortaba una pera en bastones, ella se metía el bastoncito en la boca hasta donde le entraba. En cambio, si le daba la pera entera, la iba royendo en bocados son mucho más asequibles. Al principio le pelaba un poco la fruta para que la pudiera empezar. Ya no hace falta.

La cantidad que come varía de un día a otro. Hay días que apenas prueba nada y hay otros que sorprende lo que traga. Lo normal es que la cantidad sea aproximadamente una quinta parte de lo que comemos nosotros. Puede parecer muy poco pero si comparamos lo que come con su peso (en relación a lo que comemos nosotros con nuestro peso) es mucho. Para los días en los que no quiere comer nada, suelo tener algún plan B en el frigo. Las cosas que le encantan y siempre, siempre le apetecen son los tomatitos cherry y los filetes de pavo. Lo de los tomates es exagerado. Cuando vamos a hacer la compra al súper, tenemos que empezar por ir directos a la frutería a por una bolsa de tomatitos para poder ir dándole mientras compramos y que no se impaciente. En los últimos días le hemos dado a probar también el yogur. No lo necesita al estar con lactancia materna a demanda pero como yo los como a diario y me ve, solía pedirme. Le ha encantado.

El cómo presento las cosas en la mesa también es importante: Suelo ponerle comida en la bandeja de la trona (el vaso lo aprendió a dominar casi desde el principio pero el plato no consigo que no lo vuelque y lo tire por ahí). Normalmente come un poquito y se cansa. Entonces le doy agua, juega un rato con el agua y sigue comiendo. Si no cuela, le doy el postre (normalmente fruta). Muchas veces, después de la fruta, también vuelve a comer algo, o aprovecha para hacer mezclas extrañas, como sandwich de sandía untado en salsa de tomate. Si fuera por ella, si le presentara todo a la vez desde el principio, el orden que seguiría sería agua – fruta – todo lo demás.

El tema de los platos tengo que ver cómo lo gestiono, porque me gustaría empezar a usarlos… He probado los platos con ventosa pero no se pegan lo suficiente… Hace poco vi en una juguetería este plato, y estoy pensándomelo muy seriamente…

Esto enlaza con el tema de la limpieza: El perro aprendió pronto a coger sitio debajo de la trona a las horas de la comida para pillar lo que iba cayendo, pero desde que la nena se dio cuenta y le hizo gracia, es ella misma quien le tira la comida, así que hemos optado por no dejar entrar al perro en el salón durante ese rato y poner un hule de plástico limpio debajo de la trona para poder volver a recoger la comida que caiga.

Los cubiertos los maneja regular. Es muy gracioso ver cómo intenta pinchar cosas con el tenedor, pero pocas veces lo consigue. Y la cuchara… bueno. La coge, carga ella sola las cosas más o menos bien, pero al llevársela a la boca da media vuelta a la muñeca y lo vuelca todo por el camino. Cuando se deja, intento guiarle el brazo.

La semana pasada estuvimos en la revisión del año con el pediatra y, la verdad, he tenido mucha suerte. Está igual de desactualizado que cualquier otro pero, como la nena mantiene más o menos su percentil desde que nació, pasa de decirnos nada. Nunca nos ha preguntado absolutamente nada de la alimentación, ni si quiera a los seis meses. Nos volvió a dar las típicas fotocopias con consejos desfasados pero nos dijo “Está perfecta, seguid con lo que estéis haciendo”. No se puede pedir más…

 

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Partos en casa y doulas. Testimonios en primera persona

Doy gracias a mi madre que me mostró y trasmitió la confianza y la seguridad que desde niña he sentido respecto al embarazo, nacimiento y crianza. Fruto de un parto feliz, gratificante y maravilloso que fue el nuestro (suyo y mío) hace 25 años en Pruvia, acompañada de mi padre y de sus amigos y profesionales Valentín y María, gracias a ello tengo tan claro desde siempre que dar a luz en casa es la manera natural y responsable de parir.

Mi cuerpo sabe que tiene que hacer y Jana también, estará lista en el momento necesario para girar, descender y comenzar su vida en el exterior de la mejor manera para nosotras. Dándonos la oportunidad de disfrutar de un viaje que será único y placentero.

Y para aquellos que piensen que es una decisión imprudente, irresponsable, un capricho o incluso una locura, decirles que aparte de mi vivencia personal respecto al parto en casa, siento, creo y sé gracias a la formación llevada a cabo en estos dos últimos años de trabajo acompañando a mujeres de parto en sus hogares, que es la decisión más segura para mí y mi bebé.

No quiero oxitocina sintética en mi parto, no quiero episiotomía en mi periné, no quiero que se corte el cordón que nos une a mi hija y a mí hasta que haya dejado de latir, no quiero que se aparte a mi pareja de nosotras, no quiero arriesgarme a que me hagan una cesárea innecesaria, no quiero que me quiten a mi hija de los brazos para pesarla, medirla ni incluso para reanimarla si hiciera falta y todas estas cosas son, lamentablemente, a lo que te expones en cualquier hospital español y eso teniendo suerte. Sin mencionar que esta rueda de intervenciones al que llaman protocolo aumentará el riesgo de sufrimiento fetal y de un parto instrumentalizado como forcéps, ventosa, kristeller o incluso cesárea, lo que supondría una horrible experiencia en mi vida. Así que, aquí, en nuestro nuevo hogar, en Somao, esperamos David y yo impacientes a nuestra hija ¡Bienvenida seas Jana!

Raquel Álvarez
Esto lo escribió la mamá de Jana poco antes de que naciera. Todo fue según lo previsto, “grandioso”.
Puedes ver el post completo aquí.

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Mis miedos, inseguridades y dudas me condujeron a hacerme la pregunta ¿POR QUÉ NO PARIR EN CASA?

A mi tercera hija Ona, decidí parirla en casa. Esta decisión actual se remonta 10 años atrás, cuando nació mi primer hijo. Fue un parto hospitalario, medicalizado y sin “final feliz”; ya que sufrimos 32 horas de acciones y decisiones que acabaron en cesárea y puerperio difícil. Con este “San Benito” ya colgado, el de cesárea previa, se cerraron las puertas en cualquier hospital para llevar a cabo un parto natural con mi segunda hija. Pero la decisión de vivir un parto en casa no estaba madura y optamos por un parto hospitalario. Nuevamente inducido (volvía a superar la semana 41 de embarazo), pero con un final mejor: parto vaginal y puerperio feliz.

La experiencia de mis partos anteriores me llevó, en la actualidad, a ser consciente de la seguridad más firme y absoluta: – NO QUIERO PARIR EN UN HOSPITAL. – NO QUIERO QUE PONGAN FECHA Y TIEMPO A MI EMBARAZO Y PARTO. – PUEDO PARIR SIN ANESTESIA (EPIDURAL). – NECESITO SENTIR EL DOLOR DURANTE EL TRABAJO DE PARTO. – QUIERO ESTAR EN CONEXIÓN ABSOLUTA Y PLENA CON MI BEBÉ… …por tanto, esta vez ¡VOY A PARIR EN CASA!

Y así, el 13 de agosto de este año, nació mi 3ª hija Ona en casa (y utilizando las palabras de mis comadronas de referencia –Laia Casadevall y Lucía Alcaraz – del equipo de Néixer a Casa) “…en el agua: Un parto suave hasta que su madre ha notado un “cloc” y nos ha avisado de que algo se encajaba dentro de ella. En pocos minutos y tres pujos después (y yo añado, muy sonoros y operísticos) su preciosa bebe de 3860 gr. nacía. Sus dos hermanitos, el primero nacido por cesárea y la segunda por parto medicalizado han presenciado este hermoso momento. ¡Felicidades familia! …” 

También quiero compartir con vosotros y vosotras parte de la vivencia de mi pareja y de mis hijos:

MIGUEL email del primer día de trabajo de Miguel: “Vuelta al trabajo. Hola Mónica. He llegado antes al trabajo y quería deciros a ti y a los niños que las vacaciones me han gustado mucho, han sido excepcionales porque ha nacido el tercer tesoro de la casa, También decirle a Lua e Ian que estoy muy orgulloso de ellos por lo superbién que se han portado y, sobretodo, teniendo en cuenta tantos días que hemos tenido que estar en casa por Onita. Os quiero picotazo, niños. Y a ti, Mónica, te digo que eres una campeona como madre con Ona; ya que le estás dando exactamente lo que necesita. Felicidades por lo bien que lo hiciste en el parto y felicidades por lo bien que has tratado a los niños estas 3 semanas. Os deseo un buen día de familia, aprovecharlo hoy y las próximas dos semanas. Sois fantásticos y me convertís en un hombre rico en amor y felicidad, que es lo que siempre he buscado en la vida. Gracias a los 3, bueno y a Ona por nacer sana y vivir en nuestra familia”. 
Y yo decirte, Miguel, que me has ofrecido lo que necesitaba en todo este proceso y que estás respondiendo como el buen padre que eres y amorosa pareja paciente (sobre todo ante las demandas permanentes de Ona, nuestro animalillo). Gracias por querer estar. Te queremos muchísimo.

MIS HIJOS: Estuvieron presentes durante todo el proceso, eligiendo libremente qué hacer y por dónde moverse. Les he preguntado ¿qué os pareció ver nacer a Ona?
IAN (10 años): “Muy chuli. Ha sido una experiencia divertida porque pude ver nacer a mi hermanita y esto no lo pude hacer con mi otra hermana. Lo que más me gustó fue ver salir a Ona de la vulva de la mama”.
LUA (7 años): “Super bien. Porque ya tengo una hermanita nueva y es muy dulce. Lo que más me gustó fue ver a mi hermanita salir y poder cortar el cordón (cordón umbilical)”.

Que Ona haya podido nacer en casa ha sido una decisión y experiencia única, natural y antiestrés. Creo que la forma de nacer de Ona ha sido uno de los mejores regalos que nos hemos hecho como padre y madre y a nuestros hijos Ian, Lua y Ona. Posiblemente, yo no vuelva a tener otro bebé pero sí que he iniciado en nuestra familia un modo de crianza y apego que ya ha germinado hacia un nuevo estado de conciencia en todos nosotros. Nacer en casa es un opción que debería formar parte de la norma sociosanitaria y no de la excepción; ya que la VIDA tiene sus propios planes, decidamos dar a luz a nuestros hijos e hijas en un hospital o en el hogar. GRACIAS a la VIDA y GRACIAS a Miguel, Ian, Lua, Ona, Laia, Luci, Roser, Inma, María, Raquel y familias con las que he compartido los talleres durante mi embarazo y encuentros posteriores al parto.

 

Mónica Ruiz Romero, nuestra psicóloga colaboradora.
Puedes leer el post completo aquí.

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De entre todas las opciones, escogemos este lugar y no la esterilidad de cualquier hospital del mundo, ni la impersonalidad de la mejor casa de partos, porque éste es el lugar donde nos sentimos cómodos, porque aquí cada detalle nos identifica, porque aquí tenemos el control y moldeamos el espacio a nuestro gusto, creando el nido para recibirte y criarte. Aquí nos sentimos seguros, libres de protocolos caducos, nosotros escogemos lo que asumimos, rechazando los riesgos frecuentemente creados por intervenciones injustificadas y asumiendo los infrecuentes que no se puedan solucionar en casa, aquí nosotros creamos nuestra experiencia, sin delegar las riendas en manos ajenas.

Quiero dar a luz en el calor de mi hogar, como todas las mujeres de mi familia han hecho antes que yo. Quiero cotidianeidad en este día que cambia nuestra vida. Un día normal en pocos meses se convertirá en ese día especial en que tu y yo caminaremos de la mano el sendero de nacer y dar a luz.  Y ese día lo sencillo, lo complejo y perfecto de la naturaleza nos envolverá como una manta de lana en invierno, frenando la mente. Observaremos con atención el silbido del viento, el rumor de la lluvia sobre las tejas, la luminosidad de algún rayo de sol en un día de invierno, el resplandor de la nieve impoluta sobre las montañas, los brotes a punto de florecer del Magnolio. Hemos preparado cuidadosamente este nido para disfrutar del último viaje contigo en mi vientre, para iniciar esta familia con intimidad, gozo y plenitud, en el lugar perfecto.

Raquel, con su bebé en el vientre, nos acompañará escribiendo su versión de nuestro cuento y sonreirá sabiendo que muy pronto será su turno. Haremos un festín, cantaremos la banda sonora de los años que hemos compartido antes de que llegaras, chapotearemos en la piscina instalada para la ocasión y te mimaremos a través de la piel. Compartiré contigo, en cada gota de sangre que nos une, el placer de cada sensación, la oxitocina y endorfinas que brotan con cada caricia, mirada y sonrisa.

Quiero sentir nuestro parto con plenitud, que con la fuerza de un río, la intensidad me enseñe a dejarme llevar por la corriente. Quiero un parto largo y sin prisas, donde el reloj se pare y la atemporalidad nos empape, donde saboreemos cada segundo sabiendo que sólo durará un instante. Quiero recibirte con nuestras propias manos, untarnos los dedos de vermix, oler tu piel, mirar largo y tendido en la profundidad de tus ojos, compartir calor pegados a tu piel… sentir con intensidad nuestros primeros segundos, horas, días, semanas… juntos, en la intimidad de nuestro hogar.

Valle Pérez. Matrona (contacto en “Directorio de profesionales respetuosos” de esta web. Asturias)

Puedes ver el post completo aquí.

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Soy diplomada y licenciada universitaria, trabajo en la sanidad, no me dan miedo los médicos, ellos curan, pero yo estoy embarazada, sana; confío en mi, en mi bebe, en la vida.

Siempre tuve claro que quería un parto lo mas natural posible, el sistema sanitario público no cubre parir en casa a nuestro ritmo. Busco una matrona que me asista en casa, la encuentro. Ocasionalmente la acompaña una doula, me pregunta si quiero que esté en mi parto. Yo me sentía sostenida por mi pareja pero pensé… ¿por qué no?

El día del parto me escondía en la ducha a respirar, sentir el calor en mi espalda… A ratos me apetecía estar a solas, a veces me colgaba de mi pareja o de un árbol… Ellas parecía que no estaban pero estaban… ofreciéndome… sugeriéndome… Sin presiones ni intervenciones… Sigilosas, sin hacer ruido. La doula no me obligó a querer parir en casa. Yo lo tenía muy claro y mi pareja me acompañaba La doula no me obligó a comerme nuestra placenta, hice lo que yo quise acompañada de mi pareja. La doula no me obligó a darle pecho… Yo sigo la lactancia porque mi peque y yo queremos.  La doula no interviene, no invade, no somete, no infantiliza, etc., como hacen muchos profesionales sanitarios el día del parto.

Una buena doula, respeta, ofrece, informa, desde la prudencia y el amor, pero siempre es la madre la que decide, la q pare, la que se informa y asume sus decisiones…o así debería ser.

Bea.

 

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Durante el post-parto contacté con la que fue mi doula al final de mi embarazo. Ella necesitaba una madre reciente para hacer las prácticas, y yo pensé que me iría bien contar con alguien que no fuera familiar para… No lo tenía muy claro, pero algo me decía que iba a ser necesario.
Tuve un parto medicalizado, agridulce, donde el momento de sacar yo a mi pequeña y ponerla al pecho fue la experiencia más increíble de mi vida. Luego vino la oscuridad, la separación forzosa, la operación de urgencia y la soledad. Sigo creyendo que esa separación marcó la angustia de separación que muestra la peque y que ha sido una constante en su crecimiento.
Me dieron el alta exhausta, cansada, sin fuerzas… Todo el mundo estaba feliz con la llegada de la peque, y como es normal, quedé en segundo plano. Sin poder llorar porque no es lo que la gente espera.
Mi doula fue una válvula de escape. Ella estaba allí para escucharme y dejarme llorar, para pasear conmigo cuando más necesitaba del aire, para hacerme ver que los bebés no son como nos explican, para hacerme conocer un mundo donde los brazos son necesarios, donde los bebés maman a menudo, donde seguro que lo estoy haciendo genial porque “todo lo que hagas con amor y respeto, no puede estar mal”.
Estuvo conmigo 16 semanas, mi escasa baja laboral. Dándome las herramientas para emponderarme, para hacerme segura, para escucharme sin juzgar y aconsejarme si yo lo pedía, para ayudarme con la lactancia (tuve la gran suerte que era asesora también), para acompañarme en mi segunda operación de urgencia, para darme fuerzas como madre, que el amor no malcría, para saber buscar ayuda de otras madres.

Olga.

 

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El parto de Amelie:

Pasé de querer una cesárea programada para no sentir nada a querer un parto natural en casa. ¡Menudo cambio existencial sufrí en ese embarazo!

11 días antes de lo previsto, en el penúltimo día de trabajo, rompí aguas a la 1 a.m. Recuerdo sentir mucha emoción. Escribí a mis colegas del curro cancelando la comida de despedida (vivo en Suecia, permiso de maternidad larguísimo) y recordándoles que si me necesitaba la chica nueva, me podía escribir un mail mejor que llamar (estaré ocupada), jajajaj. Pensé que las contracciones tardarían en llegar, pero no. Llegaron enseguida y bastante seguidas, pero pararon… Bueno dije, ya volverán. Así toda la noche, con falsas alarmas.

Esa noche era la única en la que no tenía matronas disponibles durante 24 horas. ¡Menudo día escogió la colega para nacer! Pensé que bueno, en el peor de los casos estoy preparada para ir al hospital, pero mi cuerpo sabía que teníamos que esperar y me tuvo casi 24 horas con contracciones irregulares. Para matar el tiempo, estuve tumbada (caminar me resultaba incomodo porque chorreaba agua) viendo la oveja Shaun sin parar (es muda y me partía de risa, así que mejor imposible) hasta que a eso de las 18 h. dije: “¡A la mierda! Vámonos a pasear al perro que esto tiene que acelerarse…”. Así que nos fuimos a comprar la cena, a saludar a mis suegros, y en el camino yo abrazando árboles, jejeje.

La cosa empezó a animarse a las 21 h. y mi matrona estaba disponible a partir de las 23 h.,  así que dije “bueno, tan rápido no podrá ir…”. Me puse en modo parto, sentada en la pelota contando contracciones en una app y escuchando las relajaciones de hipnoparto que tan diligentemente hice para prepararme.

La matrona llego a las 23:30 y me encontró metida en el agua dilatando. Como tenía los exámenes vaginales prohibidos se limitó a escuchar al bebé y acto seguido se fue a dormir al sofá. Ahí me quedé con mi súper mariden, quien intentaba dormir en el suelo mientras yo luchaba “ola tras ola” (ola = contracción en idioma hipnoparto, jejej).

A las 12:30 vino mi segunda matrona, una amiga española que llevaba 10 años como matrona en Suecia. Este sería su primer parto en casa, pero fue ella quien nos dio el curso de preparación para el parto y necesitaba alguien que hablara mi idioma… Recuerdo que me dijo “te estás riendo aún, así que te queda mucho”, jejeje.

Cuando me canse de la bañera, me dio una tiritera horrible, tenía muchísimo frío… Uf… Me dio por sentarme en la taza del water y, después de un rato largo allí, empecé a echar tapón mucoso y pedí a mis matronas que vinieran. Escucharon al bebe que estaba fenomenal y se quedaron ya conmigo en el baño. Recuerdo entrar en transición, abrir los ojos y verlas ahí sentadas mirándome sonrientes mientras bebían un café. Me transmitían mucha tranquilidad.

Mi marido, mi roca no me dejaba ni un segundo, pero se iba turnando con Susana (mi amiga) para ayudarme y masajearme como buenamente podían, dado que no me levanté de la taza del water en horas. Recuerdo estar con las visualizaciones del hipnoparto y de repente pensé: “No puedo más”. “Que si que puedes…”, “No, no puedo… Estoy agotada… Uy, ¿estaré en transición? ¡No puedo!”, “Venga, que sí”… Y tuve la necesidad imperiosa de decirlo en voz alta así que le dije a Susana, que en ese momento me ayudaba, “Su, no puedo con esto” y noté que mi voz sonaba desesperada…

Ella me dijo: “Estás fenomenal, todo va bien y esto es lo que querías” y ya internamente pensé: “¡Pues claro que si! Venga, soy una leona!!! Graaaawwwrrr!” Y así me vi siendo un animal salvaje diferente con cada contracción.

Después de eso lo tengo todo un poco mezclado pero recuerdo que me ayudaron a colgarme de un fular para cambiar de posición; mi querida taza del water se quedaba pequeña. También estuve a cuatro patas, en la cama como medio segundo, y apoyada en las piernas de la matrona sueca, Eva María.

De repente me entraron algo así como ganas de empujar, pero no eran muy fuertes… Así que pedí a Eva María que me hiciera un tacto para ver como iba de dilatada. ¡Boom! Estaba de 10 pero faltaban un par de cm. para que la cabeza de mi bebe estuviera pegada al cervix.

Bueno, respiré durante unas cuantas contracciones hasta que las ganas de verdad de empujar llegaron y dije: “¡venga, preparar la bañera!” Cuando la bañera estaba lista, me ayudaron a levantarme para meterme y dije “¡noooo!” Y me puse a cuatro patas en el suelo.

Me ayudaron con cojines y la pelota y ahí estuve luchando empujando durante unas dos horas… Sentí que me quedaba sin fuerzas. Me dijeron que me metiera el dedo a ver si sentía la cabeza. Lo hice y la sentí y eso me dio fuerza, pero pensé: “joder, dónde están esos 10 cm de dilatación, esto está muy prieto…” Y enseguida me di cuenta: “Anda, claro, es el cervix el dilatado, no la vagina!”, jajajaj, y me partía de risa en mi cabeza. Pero esos pobres que me estaban asistiendo me veían ahí luchando … ¡Era como si estuviera en un viaje de speed o algo!

Después de dos horitas empujando como un animal (literalmente, quien me oyera!!!), salió la cabeza de mi bebé, ¡apepinada pero hermosa! Y su cuerpito salió enseguida. Me la dieron y ufff, ¡esas 32 horas sin dormir desaparecieron de un plumazo! ¡Qué subidón mas grande!

Estaba ella allí perfecta y con los ojos enormes abiertos que me miraban con tranquilidad… Estuvimos en nuestra nube de amor alrededor de 1 hora hasta que Eva María dijo… Tenemos que movernos para ayudar a salir a la placenta, todo ha ido tan genial que sería una pena acabar en el hospital por eso… Bueno, pues cortamos el cordón, mi neni se quedo con papi piel con piel mientras yo iba a mi adorada taza del water a sentarme y ¡plop! Salió la placenta sin esfuerzo.

Después de la revisión y ver que todo iba genial, nos dejaron solos en familia… Y entonces me dio la llorera… ¡Éramos padres! ¡Por fin! Después de dos años buscando y un embarazo molar horrible, ¡ya estaba aquí mi ángel! Disfrutamos tantísimo de ese tiempo solos en nuestra casa, comiendo pizza y riéndonos de nosotros… jejeje.

¡La experiencia más increíble de mi vida hasta la fecha, sin duda!

 

María Laura

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El parto de Elliot:

Embarazo totalmente horrendo, peor que el primero. Nauseas y vómitos constantes y depresión prenatal, aparte de mucha incertidumbre, ya que el servicio de partos en casa de la región cerró en navidades, con lo cual era o parto en hospital con doula o parto no asistido en casa… Ninguna de esas dos opciones me resultaba cómoda.

Estaba perdida hasta que mi matrona del parto anterior, que trabaja conmigo en la ONG que llevamos, luchando por una mejor asistencia y más opciones al parto en Suecia, me dijo que una antigua compañera de trabajo se acababa de mudar cerca de nosotros y que tenía años de experiencia en partos en casa en Noruega y Dinamarca. ¡Boom! La conocimos y la conexión fue buena. ¡Menos mal! El último mes me sentí un poco mas cerca a mi misma.

Después de numerosas falsas alarmas y 7 días después de la fecha estimada, estaba yo tranquilamente de barbacoa en mi jardín con amigos cuando sentí alguna contracción. “Bah, Braxton hicks -dije-. Seguro”. Entramos a casa, recogimos y nos preparamos los snacks para ver Eurovisión. ¡Suecia va favorita, venga!

Empece a sentir contracciones mas seguidas pero dije “bah, seguro que otra falsa alarma”. Cuando tenía contracciones cada 3 minutos dije: “oye… Le escribo un mensajito a Agneta, la matrona, y a Chery, mi doula, por si las moscas…”. Entre esto, que estábamos en casa con los amigos viendo Eurovisión de cachondeo total, Agneta se puso en marcha enseguida porque vive 1 hora a las afueras.

Yo seguía cantando eurocanciones entre contracciones. Mis amigos se fueron a las 23:30 y llegó Agneta. Me encontraron preparando café y bollitos de canela y caminando por toda la casa para distraerme de las contracciones. Subí a mi cuarto y me colgué del fular. No quería sentarme, necesitaba movimiento.

Llego Chery y se puso a hacerme masajes. ¡Madre mía, que bien me sentaron! Agneta se fue a descansar como le pedí, ya que pensé que quedaba mucho. “Con el parto larguísimo la primera vez, esta vez no será menos”, pensé.

Chery me ayudaba a relajar los músculos ya que con cada contracción tensaba las manos o los pies. Mi mariden me dijo “recuerda que el único músculo de tu cuerpo que debe estar en tensión es tu útero” y en ese momento me transforme, literalmente, en una muñeca de trapo. Estaba sentada en una banqueta sobre un cojín, durante la contracción me tiraba hacia atrás y Chery me sujetaba y acariciaba los brazos y entre contracciones me tiraba hacia adelante y me apoyaba sobre mi querido mariden. Vi entonces que Agneta apareció sonriente y me dijo que era hermoso ver cómo trabajábamos. Me hizo sonreír internamente. Me sentía bien. Dolorida pero bien.

Agneta desapareció un rato mas, y yo seguía trabajándome las contracciones. Al rato volvió y me dijo que quizás estaría más cómoda en el agua. Yo quería parir en el agua esta vez pero pensaba que era demasiado pronto, que aún me quedaba un montón. Pero la verdad es que era todo muy intenso y dije: “bueno, un poco de alivio no me vendrá mal…”.  De repente en el agua pensé: “Jolín, no he roto aguas aún… Que presión tengo allí abajo… Hhmmm, esta presión me confunde, tengo ganas como de empujar…”. Bueno, empecé a empujar y tras tres intentos rompí la bolsa, mientras me apoyaba en mi mariden y Chery me hacía de Coach. Agneta se mantenía presente y sonriente sentada en la taza del wc, y entonces me dijo que mirara a ver si podía sentir la cabeza. Dije: “Siento algo pero no sé el qué…”. ¡Entonces vino a verme, y me dijo que veía pelo! Muy poco rato después, ¡¡¡sentí que la cabeza salía!!!

Chery estaba grabando esto en video y todo fueron risas. Al sentir la cabeza, la acaricie mientras esperaba la siguiente contracción y estaba eufórica! Nos entró la risa a todos, ¡fue muy bonito! Y pensé: “¡Ostras, el cuerpo sale en la siguiente contracción y el bebe se caerá en el agua! ¿¿¿Y si se hace daño???”. Mi mariden pensó lo mismo pero vio que Agneta no se movió y nos miraba sonriente y tranquila así que pensó que se solucionaría. Pero a mi no me dio tiempo a verbalizarlo porque vino la contracción y dije “¡Ayudadmeeeeee!” y ¡plop! Salió mi bebe y cayó en las manos de papá, que me lo puso encima enseguida.

“¡¡¡Ya está!!! ¡Lo conseguí! Lo hicimos, cariño!” ¡A las 3:20 am! Y me reí, ¡me reí a carcajadas! ¡Qué pasada de parto y qué subidón! De repente veo que entra mi padre. ¡Me dio una alegría que nos viera allí recién paridos…! La placenta salió rapidísimo, solo 15 minutos después. Mi hija hizo acto de presencia y dijo que tenía hambre. Se llevó a mi mariden. Me quede con Agneta y Chery que me limpiaron, pesaron al bebe y lo hicieron todo. Mariden volvió un ratito y se volvio a ir, pero estaba en buenísimas manos.

Cuando se fue todo el mundo me quede sola con mi bebe, saboreando su presencia y la tranquilidad de la casa. Pensé… “Madre mía, hubo un momento durante el embarazo en el que no te quise… Qué manera de dejar que la depresión tomara cargo… ¡Como no te iba a querer chiquitín!”

 

María Laura

El cumple de mi hermana (por el hijo mayor de Cris)

El viernes fue el cumpleaño de mi hermana, así en singular. Le quería haber compuesto una canción con la guitarra pero como tuve exámenes hasta ese mismo día no pude hacerlo, porque mi madre me decía que qué hacía con la guitarra en vez de estudiar, así que se tuvo que conformar con que le cantara cumpleaño feliz, en plan rokero, eso sí.

Fuimos a un parque que está un poco lejos pero que hay un merendero a la sombra. Yo siempre celebraba mis cumpleaños en el parque de al lado de casa que está guay, pero desde que cumplí 10 años mi madre no quiere volver a hacerlo ahí porque dice que es un estrés tener que estar pendiente de un montón de niños desperdigados, de que no nos metamos en la fuente grande, que no le metamos la mano en la boca a un perro, y esas cosas. Además, en mi último cumple ahí llevamos pistolas de agua para todos los niños y las estuvimos rellenando en la fuente grande y luego olíamos todos un poco raro, como a pescado pocho.

Bueno, que me lío. Quedamos a las 8 y media de la tarde porque antes hacía un calor que te torras (esto de las tetorras se lo decimos mucho a mi madre últimamente, jeje) y fuimos los cuatro a un parque super lejos y viniero ntambién mi tía, dos primas mías y una amiga de mi madre que tiene una niña un poco más mayor que mi hermana y que siempre lleva muchos lazos en la cabeza. Yo creo que a mi madre le da envidia porque siempre le dice a mi hermana que cuándo le va a salir un poco de pelo, pero espero que no le ponga un árbol de navidad en la cabeza como a esa niña…

Nosotros le regalamos un juego de bloques de construcción y ya le he enseñado a hacer torres, aunque le tengo que estar ayudando, y un libro de fieltro que le ha hecho mi madre que es una pasada. Me gusta todo casi más a mi que a ella. A ella lo que más le gustó fue el papel de regalo.

Y mi tía le regaló una sillita con una muñeca negra. Es que a mi hermana le gusta mucho ir empujando cosas. Cuando estuvimos en la juguetería eligiendo sus regalos, lo que más le gustó fue el carro de la compra. Pero no un carro de la compra de juguete, eh? El de verdad. Es que era una juguetería muy grande y tenían carros de la compra normales y otros carros iguales pero más pequeños para que lleven los niños y vayan metiendo los juguetes que quieren y los padres se gasten más dinero. No saben nada estos de la juguetería…

La niña de la amiga de mi madre también llevaba otra sillita con una muñeca y se pusieron las dos a ir de aquí para allá con sus sillitas y parecían dos marujas.

Mi tía y mis primas le regalaron una mochila y un gorro de Peppa Pig. Mi hermana no ha visto nunca Peppa Pig así que le da igual. Yo le puse la mochila pero se cabreó y luego se puso a llorar porque no podía quitársela y encima mi madre me riñó por estar incordiándole… También le trajeron una especie de traje muy raro como lo que llevan los obreros, que metes los pies y luego te lo subes y metes las mangas. Es bonito pero dice mi madre que cambiarle los pañales con eso es un rollo. Y también le regalaron un broche con su nombre, que mi madre no me deja decirlo (el nombre), y la madre de la niña de los lazos le regaló unas bragas muy raras con volantes y puntillitas. Vaya tontería, si las bragas no se le ven.

También llevamos dos tartas, una para las niñas y otra para los mayores (yo soy mayor). Lo que pasa es que a mi madre le ha dado últimamente con que solo comemos porquerías y se ha vuelto loca con la comida sana, así que la tarta de las niñas era de fruta, pero a la de los mayores le podía haber echado chocolate, joe, que estaba malísima. Parecía muy rica por fuera porque era una tarta de fondant y nunca antes había hecho una así, pero después de sacarle fotos con las velas, nos obligaba a quitarle el fondant para comérnosla y por dentro estaba rellena de una crema muy rara que parecía chocolate pero no era chocolate y no sabía a nada.

Pero bueno, aparte de lo mala que estaba la tarta y el calor que hacía, nos lo pasamos bien, sobre todo ella. Ha tenido un buen cumpleaño. 🙂

ESTREÑIMIENTO O NO ESTREÑIMIENTO


 

¿Está mi bebé estreñido?

Si estamos hablando de un bebé amamantado exclusivamente, es muy probable que la respuesta sea no, y se trate de un pseudo-estreñimiento. El pseudo-estreñimiento del lactante se caracteriza porque cuando hace caca ésta es totalmente normal, es decir, blanda. Por eso se llama pseudo-estreñimiento, porque el día que toca las heces no son duras sino blanditas, es decir, el niño no está realmente estreñido, simplemente deja de hacerlo todos los días. Es una etapa normal que suelen atravesar muchos niños que toman lactancia materna exclusiva.
Hay casos documentados de hasta 20 días sin haber hecho caca, y al hacerla, ésta es totlmente normal, mucha, pero normal, ni dura, ni seca.

¿Cómo puedo saber si mi bebé está estreñido?

Primero que todo, considera qué es normal para tu bebé. Puede ser que tu pequeño tenga una deposición después de cada comida, o que deje pasar un día o más entre cada evacuación.
El patrón individual de tu bebé dependerá de los alimentos que coma y beba, lo activo que sea, y lo rápido que digiera el alimento. Si tu bebé toma leche de fórmula o ya está comiendo alimentos sólidos, es posible que evacue de manera regular por lo menos una vez al día, más o menos, no hay un número exacto. Cada bebé es distinto.
Si tu bebé toma pecho, no hay un número “normal” de evacuaciones ni un horario determinado, solo lo que es típico para él. Ten en cuenta que algunos bebés que son amamantados pueden hacer  una vez a la semana.
Después de un tiempo, te pondrás en sintonía con los hábitos propios de tu bebé. Si no estás segura de si tu bebé padece de estreñimiento, una de las cosas que puede darte una idea son sus deposiciones, si sus caquitas son duras y secas, sea cual sea la frecuencia, puede que haya estreñimiento.

¿Por qué se estriñe mi bebé?

Hay varias posibles causas:
Alimentos sólidos
No te sorprendas si tu bebé tiene un poco de estreñimiento a medida que incorpores más alimentos sólidos a su alimentación.
El estreñimiento puede también ocurrir cuando dejas de amamantar a tu bebé, debido a que esto algunas veces provoca deshidratación.
La leche de fórmula
Los bebés que toman pecho de manera exclusiva rara vez sufren de estreñimiento. La leche materna tiene el equilibrio perfecto entre grasa y proteína, por eso produce heces que casi siempre son blandas, incluso cuando un bebé no evacua por varios días.
Si tu bebé toma leche de fórmula, es posible que algún producto en la fórmula le produzca estreñimiento. El componente de proteínas que se encuentra en diferentes fórmulas, puede ser lo que provoque el estreñimiento. Pregúntale al pediatra si puedes cambiar de marca.
Deshidratación
Si tu bebé se deshidrata, su sistema reaccionará absorbiendo más líquido de todos los alimentos y fluidos que ingiera, así como también de los excrementos que están en sus intestinos. En consecuencia, hará heces duras y secas con dificultad.

¿Cómo puedo tratar el estreñimiento de mi bebé?

A continuación te explicamos algunas cosas que puedes intentar:
Procura que haga ejercicio
Si tu bebé ya gatea, trata de animarlo para que se desplace de un lado a otro. Si todavía no gatea, trata de que mueva de arriba abajo sus piernas: cuando esté acostado sobre su espalda, mueve suavemente sus piernas hacia adelante con un movimiento circular como si estuviese pedaleando en una bicicleta.
Masajea su barriga
Debajo del ombligo, a unos tres dedos de distancia (en el lado izquierdo), ejerce una presión suave pero firme con las yemas de los dedos. Presiona hasta que sientas una firmeza o una masa. Mantén esa presión suave pero constante durante unos tres minutos.
Aquí te dejo un vídeo para que veas cómo hacer un masaje que ayude a tu bebé
Dale mucho líquido
Si es un bebé de pecho, deja los alimentos complementarios unos días, y dale pecho en exclusiva. Si bebe agua, aumenta la cantidad, ofrécele más a menudo.
Si es un bebé de fórmula, ofrécele más agua en las comidas. El líquido es lo que más te ayudará, ya que la fibra por si sola si no hay un nivel de líquido adecuado, creará un bolo más seco y más duro ergo empeorará la cosa.
Si todo ésto, no funciona, ves a tu bebé muy molesto, que aprieta mucho, que se hace sangre al evacuar, que las deposiciones son secas y duras, sobretodo secas, acude a tu pediatra que te recetará algo para ayudarlo y estudiará cada caso. Nunca por ningún motivo, introduzcas nada en el ano para estimularlo, o le des ningún medicamento porque alguien te haya dicho que va bien, o le ha funcionado, incluyendo los supositorios de glicerina. Eso son cosas que solo los médicos deben recetar ya que el intestino de los bebés es inmaduro y un uso continuo de éstas técnicas, puede ocasionar un daño mayor. 

DISLEXIA Y FRUSTRACIÓN, por Mónica Ruiz

Me gusta entender la vida de forma práctica y directa. En esta ocasión topé con un experimento que nos permite entender la dislexia y las consecuencias que genera en quién la sufre.

Daniel Britton, un joven de 25 años y diseñador gráfico de Kent (Reino Unido) es el creador de la tipografía que se ha empleado para elaborar la imagen que os muestro a continuación, un abecedario.

Como podéis observar, el texto no se puede leer de una sola ojeada.

Primero tienes que leer cada letra individualmente; entonces, juntar las palabras; luego las frases y, por último, los párrafos.

Si no has podido leer el texto o te ha costado mucho esfuerzo:

  • No eres disléxico/a.
  • Habrás podido experimentar lo frustrante que es para una persona que padece dislexia leer y comprender lo que lee.

La dislexia es la dificultad en la lectura que hace imposible su comprensión correcta. 1 de cada 5 personas está afectada con esta dificultad y quien la padece sabe que, como lector, necesitará más tiempo para leer, reestructurar las letras y las palabras con un sentido lógico.

Daniel Britton, bautizó a esta tipografía con el nombre de «Dyslexia». Creo que consigue su objetivo, que las personas que no padecemos este problema nos pongamos en la piel de los que sí lo hacen y empaticemos con ellos.

Puedes comprobar cómo tu velocidad lectora disminuye significativamente cuando a las letras parecen faltarles parte de su estructura.

En esta imagen se pueden ver todas las letras de «Dislexia» que está basada en la tipografía Helvética, solo que con un 40% menos de su estructura.

 

Mónica Ruiz Romero
 Col.16209
Facebook:  https://www.facebook.com/ Tu-Espacio-Psicologico
Blog: tuespaciopsicologicoblog.blogspot.com

Tipos de endulzantes

Este post ha sido revisado, corregido y avalado por: 
Lorena Díaz Fernández (nutricionista) 
y Beatriz Vilreales García Pliego (enfermera experta en nutrición humana, master en nutrición).
 

Los requerimientos de hidratos de carbono, tanto en la infancia como en la adolescencia, están entre el 50-60% de la dieta diaria del niño, siendo solo el 10% hidratos de carbono simples (azúcares); el resto deben ser complejos.

El aporte de hidratos debe hacerse con el consumo de frutas (fructosa y glucosa), cereales y legumbres. Los edulcorantes, naturales o no, no son necesarios y a la larga producen efectos adversos tales como caries y enfermedades metabólicas, y más en niños. La fruta, zumos naturales, legumbres, cereales, leche… aportan la suficiente cantidad de hidratos que el niño necesita. Pero claro, nos encontramos continuamente con preguntas del tipo “¿le puedo dar al niño un bizcocho casero hecho con xxx?”, “¿cómo endulzo la tarta de cumpleaños para que la pueda comer el niño?”, “he visto en el herbolario galletas de panela, ¿son mejores que las normales?”, etc.

Partiendo de que los bebés no conocen el sabor dulce artificial y, por tanto, no lo echan de menos, de modo que no está justificado endulzarles la comida, conviene aclarar algunos conceptos porque existe un poco de confusión con el tema y, si no se conoce muy bien el mundo de los endulzantes naturales (o supuestamente naturales), acabamos teniendo los mismos resultados si le hubiéramos dado al niño simplemente azúcar, y encima nos hemos gastado la pasta en engañabobos.

Ningún edulcorante, a excepción en todo caso de la stevia natural (no la que venden en el supermercado), se puede decir que sea saludable porque no aportan nutrientes significativos, pero al menos los edulcorantes naturales no poseen sustancias químicas. Internet está repleto de información sobre este tema pero hay datos de lo más contradictorio. Por eso, hemos querido sacar este post para aclarar el tema con ayuda de dos nutricionistas:

  • 1) Edulcorantes químicos: 

No me voy a detener mucho en explicar las diferencias entre la sacarina, el aspartamo, el acesulfamo… porque todos son malísimos. Así sin más. Si estás pensando en sustituir el azúcar por un edulcorante de este tipo porque piensas que es más saludable, olvídalo. Se les relaciona con problemas que van desde enfermedades metabólicas a sustancias cancerígenas (se puede buscar en internet, por ejemplo, la controversia respecto al uso del aspartamo).

 

  • 2) Azúcar blanco: 

Relacionado con la obesidad, hipertensión, caries, propensión a la diabetes…

 

  •  3) Miel, sirope de ágave, azúcar de coco: 

Tienen el mismo problema que el azúcar blanco: El proceso de refinado de estas sustancias industriales hace que un producto que en principio debiera ser natural se sitúe al nivel del azúcar blanco. Además, la miel está contraindicada en niños por estar relacionada con la toxina botulínica (cuanto más tarde se introduzca en la dieta del niño, mejor).

 

  •  4) Fructosa: 

En principio es un endulzante natural, un azúcar simple presente en la fruta, pero la fructosa que encontramos en el supermercado se consigue mediante un proceso enzimático a partir del azúcar blanco. No desestabiliza tan bruscamente los niveles de azúcar en sangre pero sigue siendo un producto refinado con todos los inconvenientes de un edulcorante.

 

  •  5) Melazas de cereales (arroz, cebada, maíz…): 

Similares a los siropes del punto 3 pero, al ser fermentados, son algo más digestivos. De entre estos, la melaza de arroz es la menos recomendable por los niveles de arsénico que puede tener presentes.

 

  • 6) Alcoholes de azúcar (polioles): 

Aunque se llamen así, no son ni alcoholes y azúcar. Deberían estar en una categoría aparte de los demás edulcorantes porque, aunque no provocan caries y son naturales dentro de lo que cabe, no se pueden utilizar en las mismas cantidades que usaríamos otros (por ejemplo, para hacer un bizcocho) porque pueden provocar gases y tienen efectos laxantes, motivo por el que tampoco sería recomendables para niños. Se utilizan sobre todo en chucherías sin azúcar, medicamentos y algunos productos para diabéticos. Algunos alcoholes de azúcar son el sorbitol, el maltitol, el xilitol…

 

  • 7) Azúcar de caña integral /panela: 

A partir de aquí entraríamos en el grupo de “los menos malos”, pero hay que aclarar que hablo del auténtico azúcar de caña. El que venden como tal en los supermercados está lleno de aditivos y poco tiene que ver con el producto original.

 

  • 8) Sirope de arce: 

Su producción es mucho más simple que la de la miel o el sirope de ágave y suele estar menos refinado, por lo que constituye una alternativa más natural, aunque no deja de ser un endulzante repleto de azúcares simples. Cuanto más oscura sea, más natural y más nutrientes conserva.

 

  • 9) Stevia: 

La stevia es una planta a la que se le atribuyen propiedades como la de regular la diabetes o la hipertensión… El problema es que es muy difícil encontrar stevia de verdad. La que venden en el supermercado, suele ser un edulcorante con un 2% de extracto de stevia. ¡Qué importante es leer toda la información de los paquetes!

 

  • 10) Vamos a lo seguro: 

Si a pesar de todo, nos empeñamos en hacer unas galletas caseras, nada más sano y natural que endulzarlas con zumo de naranja (con su pulpa), dátiles, una manzana asada al microondas, plátano…

Aquí os dejamos un par de enlaces a recetas sanas y ricas:

Galletas de canela sin azúcar
Magdalenas de espelta sin azúcar

Fiebre en bebés y niños


¿Qué es la fiebre?

                        
La fiebre se produce cuando el “termostato” interno del cuerpo aumenta la temperatura corporal por encima de su nivel normal. Este termostato se encuentra en la parte del cerebro denominada hipotálamo. El hipotálamo sabe qué temperatura debe tener el cuerpo (en general, alrededor de los 37 grados y envía mensajes al cuerpo para mantenerla así.
La temperatura corporal de la mayoría de las personas varía incluso un poco a lo largo del día: suele ser un poco más baja por la mañana y un poco más alta por la tarde, y puede fluctuar cuando los niños corretean, juegan y hacen ejercicio.
No obstante, a veces, el hipotálamo “reajusta” el cuerpo a una temperatura más alta como respuesta a una infección, enfermedad o algún otro motivo. Entonces, ¿por qué el hipotálamo ordena al cuerpo que varíe la temperatura?  El aumento de la temperatura es la forma que tiene el cuerpo de combatir los gérmenes que causan infecciones y de hacer que el cuerpo sea un lugar menos agradable para ellos.

¿Qué causa la fiebre?

Es importante recordar que la fiebre en sí no es una enfermedad; la mayoría de las veces es síntoma de un problema subyacente. Las causas potenciales de la fiebre son las siguientes:
Infección: La mayoría de las fiebres se deben a una infección u otra enfermedad. Al estimular los mecanismos naturales de defensa, la fiebre ayuda al cuerpo a combatir las infecciones.
Exceso de ropa: Los bebés, en especial los recién nacidos, pueden tener fiebre si están demasiado abrigados o se encuentran en un ambiente caluroso, porque no son capaces de regular su temperatura corporal. Sin embargo, debido a que la fiebre puede ser indicio de una infección grave en los recién nacidos, incluso los bebés que han sido abrigados en exceso deben ser examinados por un médico si tienen fiebre.
Inmunizaciones: Los bebés y los niños pueden presentar algo de fiebre después de haber sido vacunados.
Aunque la dentición puede provocar un leve aumento de la temperatura corporal, es poco probable que sea la causa de que la temperatura de su hijo esté por encima de los 37.8 grados

¿Cuándo la fiebre es síntoma de algo grave?

Los niños con una temperatura inferior a los 38,9 grados  no suelen necesitar medicación, a menos que se sientan molestos. Esta regla conlleva una importante excepción: si tu bebé tiene 3 meses o menos y su temperatura rectal es de 38 grados o más alta, llame al pediatra o acude a urgencias. Incluso una fiebre leve puede ser síntoma de una posible infección grave en bebés muy pequeños.
Si tu hijo tiene entre 3 meses y 3 años tiene una fiebre de 39 grados o más alta, llama al médico para corroborar si necesita que este profesional lo examine. En niños mayores, ten en cuenta el comportamiento y nivel de actividad física. Al observar el comportamiento de tu hijo, puedes tener una idea de si la causa de la fiebre es una enfermedad de poca importancia o si necesita acudir a un médico.
Es probable que no sea grave si tu hijo presenta estas características:
 * sigue queriendo jugar
 *come y bebe bien
 * está alerta y sonríe
 * tiene la piel de color normal
 *tiene buen aspecto cuando le baja la temperatura
Y no te preocupes demasiado por un niño con fiebre que no quiere comer. Eso es común en infecciones que producen fiebre. Si el niño sigue bebiendo líquidos y orina normalmente, el hecho de que coma menos de lo habitual no es un problema.

¿Qué hacer para que el niño se sienta mejor?

    Vístelo con ropa ligera. El exceso de ropa y abrigo puede evitar que el calor corporal se libere y provocar un aumento de temperatura.
Asegúrate de que la temperatura de la habitación de su hijo sea placentera: ni muy caliente ni muy fría.
 Dale a tu hijo mucho líquido para evitar la deshidratación; la fiebre provoca una rápida pérdida de líquidos. El agua, la sopa, los helados y la gelatina natural sin azúcar  son buenas opciones.
Si también tiene vómitos y/o diarrea, pregunta al pediatra si debes darle alguna solución hidratante especial para niños. No le des bebidas energéticas; no están pensadas para niños pequeños, y los azúcares añadidos pueden empeorar la diarrea.
En general, deja que coma lo que quiera (en cantidades razonables), pero no lo obligues a comer si no tiene ganas.
Asegúrate de que descanse mucho. No es necesario que pase todo el día en la cama, pero un niño enfermo debería tomarse las cosas con calma.
Es mejor que el niño no vaya a la escuela o a la guardería si tiene fiebre. La mayoría de los médicos creen que se puede volver a la escuela cuando la temperatura ha sido normal durante 24 horas.

5 errores comunes de papás primerizos

1) Hacer más caso a la gente que a tu propio instinto. 

Empezando por el pediatra. Sabrá mucho de enfermedades y tratamientos, pero no tiene por qué saber nada de crianza. Sin embargo, por norma general, les encanta dar consejos, incluso por escrito. Si quieres evitar disonancias cognitivas, simplemente no leas esas hojas. Si te apetece dar el pecho a demanda, dáselo. Si duermes mejor con él, hazlo. Si no quieres usar carrito, no lo uses. Tú eres el mejor pediatra de tu hijo: tú eres quien le conoces y sabes qué es lo que más le conviene, qué es lo que más le calma, qué es y no es normal en él, etc.

2) No aceptar ayuda.  

Está muy bien creerse superwoman, pero no sirve para nada más que para sobrecargarse. Sobre todo cuando el bebé es muy pequeño, si puedes tener ayuda, ¿por qué no aceptarla? Que venga tu suegra a limpiar la casa, por muy mal que os llevéis, mola. Y si quiere coger al bebé un rato, tampoco te tienen por qué entrar los siete males, que no va a pasar nada. Otra cosa es que el bebé no esté agusto con ella o que se lo quiera llevar más allá de tu campo de visión y no te fíes de que le pueda untar el chupete con miel o liar alguna de ese tipo. Pero teniendo esas precaciones controladas, ¡relájate! Acabas de parir, no es momento de calentarse la cabeza, es momento de disfrutar de tu bebé y pasar de todo lo demás.

3) Dejar de hacer cosas que te apetece hacer, como irte de vacaciones.  

No se trata de meter a un recién nacido 14 horas en un avión, pero pocas cosas hay que no puedas hacer en la playa más cercana igual que en tu casa. Y si te apetece dejar a tu bebé de tres meses un par de horas con su padre para ir a la peluquería a solucionar el desaguisado que tienes en la cabeza desde que eres madre porque no has tenido tiempo de volver a usar una mascarilla capilar, ve. Sentirse culpable por hacer cosas así son ganas de estar mal.

4) Tener al niño en una burbuja.  

Esterilizar todo lo que toca el bebé es el camino más fácil para hacer que de mayor sea hipersensible. No pasa nada si se le cae el trozo de pan al suelo limpio y se lo vuelve a meter en la boca, si manosea al perro, si al salir de la frutería se quiere comer una pera sin lavar… Déjale hacer cosas, experimentar, probar, tocar… Confía en él.


5) Nutrición específica para niños. 

“Estas galletas deben de ser buenas porque tienen un osito y muchos colores en el paquete y pone que está enriquecido con vitaminas y mimimimimi”. Error. Todo lo que sea específico para niños es normalmente un engañabobos. Si miras los ingredientes y la información nutricional de esas galletas verás que llevan la misma cantidad de azúcar y grasas que cualquier otra, solo que cuestan tres veces más.
Otro ejemplo:
-Potito de plátano y naranja. 250 gr. 1,10 €.
-Plátanos y naranjas: 1,25 € el kilo! Y sin conservantes.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Mitos

Muchas veces hemos hablado de opinólogos que, en resumen, son esa gente que, avalados por la desvergüenza que les concede la ignorancia, se permiten decir cosas como: “¿Todavía le das teta con siete meses??? Eso ya no le alimenta.” Pero hoy me apetece hablar de la gente que va un poco más haya. Cuando la opinología llena al extremo del surrealismo:

Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, vivía sola en un barrio con un ambiente un poco marginal. Mis vecinas estaban escandalizadísimas de que viviera sola y no podían entender cómo no se me cortaba la leche del cola-cao cuando me hacía el desayuno, porque todo el mundo sabe que una embarazada no puede manipular lácteos ni hacer mayonesa.

Durante el primer trimestre, la paranoia general era que iba a tener una niña. Yo les aseguraba que no, por llevar la contraria (cosa que me encanta), y ellas “que sí, que sí”, con argumentos como “tú tienes el molde de las niñas”, “de ti no puede salir otra cosa que una niña” (supongo que porque yo era muy joven y tenía cara de niña), etc. Y yo insistía en que no, que iba a ser niño, que “lo sé porque soy mu bruhhha”.

Cuando en la ecografía de las 12 semanas el ginecólogo se atrevió a confirmarme que era niño, volví a mi casa exultante. “¡Es niño!”, le decía a todo el que me encontraba. Y aún así las gitanas seguían empeñadas en que el ginecólogo se había equivocado.

Más adelante, cuando se me empezó a notar la tripa, la cosa volvió empezar: “Uuuh, la tienes picúa y baja, va a ser niña”. Y yo ya rallada, le hablaba a mi Miniyó pidiéndole que fuera niño, que a estas alturas no me hiciera quedar mal… Pero la revolución vino cuando se me inflamó un ganglio en el pie. No me dolía ni era nada preocupante, según mi matrona, pero era verano, lo llevaba al aire y en el barrio me dijeron de todo. Desde “eso es que la criatura viene de nalgas” hasta “no te fíes de la matrona, que yo conozco a una que empezó así y le acabaron amputando”. Lo-ju-ro.

En el último trimestre ya me daba bastante por saco salir a pasear por el barrio porque era salir a la calle y siempre aparecía alguien a restregarme sin permiso una ramita de romero de la suerte por la barriga. Para que le diera suerte a ellas, por cierto, que si todavía lo hicieran por mí… Y según más avanzaba el embarazo menos se cortaba la gente en seguir opinando. En el último mes consiguieron incluso llegar a ponerme nerviosa, porque de repente empezaron a decirme -al loro- que me fuera mentalizando de que me iban a tener que hacer cesárea porque yo soy muy fina y estrecha. Y se quedaban tan anchos. Yo flipaba. Es que aunque fuera verdad que esa posibilidad existiera (que no existe), ¿qué necesidad hay de decirle semejante cosa a una embarazada a punto de salir de cuentas?

El otro día en el grupo de Facebook de crianza, me hizo mucha gracia ver a una mamá que le habían recomendado no andar descalza por casa durante la cuarentena y llevar tapones para los oídos. Estas historias, aunque no lo parezcan, son de principios del siglo XXI en occidente, así que no quiero ni pensar lo que tendrán que pasar las niñas en otras partes del mundo…

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.