Recuperación tras el parto

Cambios físicos

El útero aumenta en 500 veces su capacidad durante la gestación. Para volver a su tamaño, después del parto empieza a contraerse de la misma manera que durante el proceso de parto. Estas primeras contracciones postparto sirven para cerrar los vasos sanguíneos abiertos que ha dejado la expulsión de la placenta y posteriormente continúa contrayéndose con lo que se conoce como entuertos, que se pueden sentir hasta varios días e incluso semanas después del parto. La oxitocina que se libera durante la lactancia aumenta los entuertos y acelera la recuperación.

Una semana después de dar a luz, el útero se ha reducido hasta la mitad de su tamaño al final del embarazo, y no llegará a su tamaño original hasta aproximadamente un mes después. Pero incluso cuando el útero ha vuelto a su tamaño original, la tripa de la madre puede seguir hinchada por la distensión de los músculos abdominales.

Por fuera, las estrías irán difuminándose poco a poco a lo largo de muchos meses, aunque no llegan a desaparecer completamente.

La cantidad de peso que se pierde en el parto es, aproximadamente, la siguiente:

  • 3-4 kg. del bebé
  • 0,5-1 kg. de placenta
  • 1 kg. de líquido (sangre, rotura de la bolsa…)
  • El resto de líquido extra que tienes en tu cuerpo (exceso de sangre y acumulación durante el embarazo) se irá eliminando poco a poco (aproximadamente se pierde otro 1,5 kg. en la primera semana a través del sudor, la orina,…).

Si te han practicado una episiotomía o has tenido un desgarro, las molestias de los puntos pueden durar semanas (son más molestos los externos). Para aliviarlo, intenta no andar demasiado, no estar mucho tiempo de pie y lavarte simplemente con agua corriente y jabón neutro en la ducha. No se recomiendan soluciones yodadas. Para secar la zona da toquecitos suaves, sin frotar. Si las molestias se alargan, consulta a tu matrona.

Por otra parte, son muy comunes los episodios de incontinencia urinaria después del parto que puede durar más o menos tiempo, especialmente en casos de partos muy medicalizados. Esto se debe a la distensión de la vejiga. Hacer los ejercicios de Kegel de manera regular ayudará a recuperar el tono muscular del suelo pélvico.

Durante este periodo de la cuarentena, puede darse un sangrado llamado loquios, donde se expulsan los restos de tejidos que aún hayan quedado dentro del útero, al principio de manera más abundante y después, según vayan pasando los días, más escaso y aguado.

Es normal, durante los primeros días después del parto a partir de la subida de la leche, tener el pecho duro, dolorido y lleno. Esto va mejorando de manera espontánea en un par de días, en cuanto la producción de leche se sincronice con la necesidad del bebé.

En cuanto al pelo, es común notar una caída unos meses después de dar a luz. Esto se debe al aumento de los niveles de estrógeno. Es temporal y volverá a salir en pocos meses. En cambio, el vello que apareció posiblemente durante el embarazo desaparecerá definitivamente.

Las manchas en la piel o el acné que pudieron aparecer durante el embarazo también tienden a desaparecer de manera espontánea. No obstante, es importante siempre la protección solar.

El tiempo medio que tarda el cuerpo en volver a su estado definitivo (que puede no ser exactamente el de antes del embarazo) es un año.

Cambios psicológicos

El huracán de hormonas y la propia vivencia de la maternidad provoca una serie de cambios a nivel emocional que pueden ir desde la euforia hasta la depresión. Es importante tener ayuda para descansar y recuperarse físicamente. En todo caso, si la tristeza se acentúa o persiste más allá de las primeras semanas, convendría consultar a un profesional.

Una vez que la recuperación se haya asentado, la emoción se estabilizará pero es probable que no vuelvas a ser la misma persona que antes en tu manera de pensar ni de sentir.

Cómo favorecer la recuperación: 

 

  • Es importante beber mucha agua para favorecer la eliminación de líquidos y aliviar los comunes problemas de extreñimiento.
  • Come sano.
  • No tengas prisa por hacer ejercicio. Es importante favorecer primero la recuperación del suelo pélvico y de la pared abdominal y un ejercicio demasiado duro en las primeras semanas podría empeorarlo. Comienza como a poco a partir del momento en que te veas preparada. Las abdominales hipopresivas o el pilates pueden ser una buena opción.
  • Descansa el tiempo suficiente: aprovecha para dormir cuando el bebé duerma.
  • La prácticas típicas de la crianza natural favorecen la recuperación de la madre, ya que la lactancia y el colecho ayudan a que el mayor número de tomas acelere la retracción del útero.
  • Existen grupos que hacen sesiones de recuperación postparto asistidas por profesionales. Infórmate si cerca de tu domicilio hay alguna.
  • Los talleres de masaje infantil son interesantes para disfrutar de un momento de relax con tu bebé y para favorecer la comunicación y la afectividad, pero si notas que no está cómodo o se sobreestimula en lugar de relajarse, mejor evita esas sesiones.

 

Mi nena dormida en una sesión de masaje infantil.

Más información: Sexo después del parto

 

Cris. Educadora social especializada en atención temprana y directora editorial.

Atención al parto normal

Dentro de la información que se da a las embarazadas durante sus primeras visitas al ginecólogo o la matrona, suele hacer consejos de todo tipo.

Las guías que ofrecer el Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) son la más completas y actualizadas que hemos encontrado: se centran en la importancia del parto respetado, el contacto piel con piel desde el principio, derechos de la mujer, la lactancia materna, etc.

Libro 1: Vas a ser madre.

INTRODUCCIÓN
1. PERIODO EMBRIONARIO Y FETAL
2. CAMBIOS EN EL EMBARAZO
3. CUIDADOS DE LA EMBARAZADA
-alimentación en el embarazo
-higiene
-sexualidad
-sueño
-medicamentos
-drogas, alcohol y tabaco
-trabajo
-actividad física
-higiene postural
-otros cuidados
4. EJERCICIOS DURANTE EL EMBARAZO
5. EL PARTO
-cómo identificar el comienzo del parto
-proceso del parto
-alivio del dolor en el parto
-la analgesia epidural en el parto
-consentimiento informado
6. LACTANCIA MATERNA
-algunas consideraciones sobre la lactancia materna
-técnica de la lactancia materna
-posibles molestias
7. LOS DERECHOS DE LA MADRE Y DEL BEBÉ
-sugerencias
-el nombre del bebé

Puedes descargarlo aquí.

Libro 2: Atención al parto normal. Guía dirigida a mujeres embarazadas y a futuros padres, así como a sus acompañantes y familiares.

-Presentación
● ¿Qué es el parto normal?
-Dilatación: Primera etapa del parto
-Segunda etapa del parto
-Nacimiento
-Alumbramiento: tercera etapa del parto
● ¿Qué cuidados se recomiendan durante el parto normal?
● ¿Qué cuidados necesita mi bebé?
● ¿Qué hacer frente al dolor?
● Para tener en cuenta sus preferencias
● ¿Donde encontrar más información?
● Glosario

Puedes descargarlo aquí.

¿Qué llevar cuando llega el momento de dar a luz?

Cuando se acerca el momento del parto, nos entra la necesidad de controlarlo todo y de tener todo listo por si tenemos que salir corriendo, y siempre nos surge la misma duda: ¿qué meto en la maleta?
Depende de la estación del año en la que nos encontremos, los artículos, serán de más o menos abrigo.
Descartando lo típico de cada estación, os voy a facilitar una lista de cosas importantes a tener en cuenta.

Para ti durante la dilatación:

Tu plan de nacimiento
Tarjeta del seguro y otros papeles que necesites
Pasadores y cintas de pelo, si las usas
Algo para leer
Aceites o lociones para masajes (por si tu pareja quiere ayudarte a relajarte durante las contracciones)
Barra hidratante para los labios
Música (en algunos hospitales te dejan llevar tu lista de música)
Artículos de aseo personal
Yo me llevé la pelota de pilates, en algunos hospitales ya la tienen.

Para tu pareja o tu compañero/a de parto:

Dinero para el parking
Cambio para las máquinas expendedoras
Artículos de aseo personal
Una muda de ropa
Algo para comer durante las primeras etapas del parto
Cámara de fotos y videocámara con pilas, carretes o tarjetas de memoria suficientes (si os apetece inmortalizarlo)

Después del parto:

Unos camisones (si llevan botones delante mejor, así puedes abrirlos para dar el pecho)
Sujetadores de lactancia
Almohadillas protectoras para los senos
Toallas higiénicas
Artículos de tocador
Algo para comer
Muda de ropa (holgada) para volver a casa
Zapatos bajos
Sobre todo si estáis en un hospital público, os aconsejo que llevéis muchas compresas de noche, de esas de las gordas, ya que en mi último parto , los recortes habían hecho que hasta esas desaparecieran.
 Y si vais a dar el pecho y sois de las que tienen una subida grande, yo eché de menos un sacaleches para poder vaciar algo el pecho y que mi niña pudiera mamar, ya que manualmente era imposible.

Para tu bebé 🙂

Pañales y toallitas ( de tela o normales)
Crema para escoceduras del pañal (si es natural mucho mejor)
Una muda para cada día que estéis en el hospital (body si es verano, pelele entero si es invierno)
Una silla para bebé en el coche.
Una muda de ropa para ir a casa
Una mantita (calentita si hace frío)
Pañales
Gorro (opcional)
Cortauñas o lima de bebé

Partos en casa y doulas. Testimonios en primera persona

Doy gracias a mi madre que me mostró y trasmitió la confianza y la seguridad que desde niña he sentido respecto al embarazo, nacimiento y crianza. Fruto de un parto feliz, gratificante y maravilloso que fue el nuestro (suyo y mío) hace 25 años en Pruvia, acompañada de mi padre y de sus amigos y profesionales Valentín y María, gracias a ello tengo tan claro desde siempre que dar a luz en casa es la manera natural y responsable de parir.

Mi cuerpo sabe que tiene que hacer y Jana también, estará lista en el momento necesario para girar, descender y comenzar su vida en el exterior de la mejor manera para nosotras. Dándonos la oportunidad de disfrutar de un viaje que será único y placentero.

Y para aquellos que piensen que es una decisión imprudente, irresponsable, un capricho o incluso una locura, decirles que aparte de mi vivencia personal respecto al parto en casa, siento, creo y sé gracias a la formación llevada a cabo en estos dos últimos años de trabajo acompañando a mujeres de parto en sus hogares, que es la decisión más segura para mí y mi bebé.

No quiero oxitocina sintética en mi parto, no quiero episiotomía en mi periné, no quiero que se corte el cordón que nos une a mi hija y a mí hasta que haya dejado de latir, no quiero que se aparte a mi pareja de nosotras, no quiero arriesgarme a que me hagan una cesárea innecesaria, no quiero que me quiten a mi hija de los brazos para pesarla, medirla ni incluso para reanimarla si hiciera falta y todas estas cosas son, lamentablemente, a lo que te expones en cualquier hospital español y eso teniendo suerte. Sin mencionar que esta rueda de intervenciones al que llaman protocolo aumentará el riesgo de sufrimiento fetal y de un parto instrumentalizado como forcéps, ventosa, kristeller o incluso cesárea, lo que supondría una horrible experiencia en mi vida. Así que, aquí, en nuestro nuevo hogar, en Somao, esperamos David y yo impacientes a nuestra hija ¡Bienvenida seas Jana!

Raquel Álvarez
Esto lo escribió la mamá de Jana poco antes de que naciera. Todo fue según lo previsto, “grandioso”.
Puedes ver el post completo aquí.

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Mis miedos, inseguridades y dudas me condujeron a hacerme la pregunta ¿POR QUÉ NO PARIR EN CASA?

A mi tercera hija Ona, decidí parirla en casa. Esta decisión actual se remonta 10 años atrás, cuando nació mi primer hijo. Fue un parto hospitalario, medicalizado y sin “final feliz”; ya que sufrimos 32 horas de acciones y decisiones que acabaron en cesárea y puerperio difícil. Con este “San Benito” ya colgado, el de cesárea previa, se cerraron las puertas en cualquier hospital para llevar a cabo un parto natural con mi segunda hija. Pero la decisión de vivir un parto en casa no estaba madura y optamos por un parto hospitalario. Nuevamente inducido (volvía a superar la semana 41 de embarazo), pero con un final mejor: parto vaginal y puerperio feliz.

La experiencia de mis partos anteriores me llevó, en la actualidad, a ser consciente de la seguridad más firme y absoluta: – NO QUIERO PARIR EN UN HOSPITAL. – NO QUIERO QUE PONGAN FECHA Y TIEMPO A MI EMBARAZO Y PARTO. – PUEDO PARIR SIN ANESTESIA (EPIDURAL). – NECESITO SENTIR EL DOLOR DURANTE EL TRABAJO DE PARTO. – QUIERO ESTAR EN CONEXIÓN ABSOLUTA Y PLENA CON MI BEBÉ… …por tanto, esta vez ¡VOY A PARIR EN CASA!

Y así, el 13 de agosto de este año, nació mi 3ª hija Ona en casa (y utilizando las palabras de mis comadronas de referencia –Laia Casadevall y Lucía Alcaraz – del equipo de Néixer a Casa) “…en el agua: Un parto suave hasta que su madre ha notado un “cloc” y nos ha avisado de que algo se encajaba dentro de ella. En pocos minutos y tres pujos después (y yo añado, muy sonoros y operísticos) su preciosa bebe de 3860 gr. nacía. Sus dos hermanitos, el primero nacido por cesárea y la segunda por parto medicalizado han presenciado este hermoso momento. ¡Felicidades familia! …” 

También quiero compartir con vosotros y vosotras parte de la vivencia de mi pareja y de mis hijos:

MIGUEL email del primer día de trabajo de Miguel: “Vuelta al trabajo. Hola Mónica. He llegado antes al trabajo y quería deciros a ti y a los niños que las vacaciones me han gustado mucho, han sido excepcionales porque ha nacido el tercer tesoro de la casa, También decirle a Lua e Ian que estoy muy orgulloso de ellos por lo superbién que se han portado y, sobretodo, teniendo en cuenta tantos días que hemos tenido que estar en casa por Onita. Os quiero picotazo, niños. Y a ti, Mónica, te digo que eres una campeona como madre con Ona; ya que le estás dando exactamente lo que necesita. Felicidades por lo bien que lo hiciste en el parto y felicidades por lo bien que has tratado a los niños estas 3 semanas. Os deseo un buen día de familia, aprovecharlo hoy y las próximas dos semanas. Sois fantásticos y me convertís en un hombre rico en amor y felicidad, que es lo que siempre he buscado en la vida. Gracias a los 3, bueno y a Ona por nacer sana y vivir en nuestra familia”. 
Y yo decirte, Miguel, que me has ofrecido lo que necesitaba en todo este proceso y que estás respondiendo como el buen padre que eres y amorosa pareja paciente (sobre todo ante las demandas permanentes de Ona, nuestro animalillo). Gracias por querer estar. Te queremos muchísimo.

MIS HIJOS: Estuvieron presentes durante todo el proceso, eligiendo libremente qué hacer y por dónde moverse. Les he preguntado ¿qué os pareció ver nacer a Ona?
IAN (10 años): “Muy chuli. Ha sido una experiencia divertida porque pude ver nacer a mi hermanita y esto no lo pude hacer con mi otra hermana. Lo que más me gustó fue ver salir a Ona de la vulva de la mama”.
LUA (7 años): “Super bien. Porque ya tengo una hermanita nueva y es muy dulce. Lo que más me gustó fue ver a mi hermanita salir y poder cortar el cordón (cordón umbilical)”.

Que Ona haya podido nacer en casa ha sido una decisión y experiencia única, natural y antiestrés. Creo que la forma de nacer de Ona ha sido uno de los mejores regalos que nos hemos hecho como padre y madre y a nuestros hijos Ian, Lua y Ona. Posiblemente, yo no vuelva a tener otro bebé pero sí que he iniciado en nuestra familia un modo de crianza y apego que ya ha germinado hacia un nuevo estado de conciencia en todos nosotros. Nacer en casa es un opción que debería formar parte de la norma sociosanitaria y no de la excepción; ya que la VIDA tiene sus propios planes, decidamos dar a luz a nuestros hijos e hijas en un hospital o en el hogar. GRACIAS a la VIDA y GRACIAS a Miguel, Ian, Lua, Ona, Laia, Luci, Roser, Inma, María, Raquel y familias con las que he compartido los talleres durante mi embarazo y encuentros posteriores al parto.

 

Mónica Ruiz Romero, nuestra psicóloga colaboradora.
Puedes leer el post completo aquí.

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De entre todas las opciones, escogemos este lugar y no la esterilidad de cualquier hospital del mundo, ni la impersonalidad de la mejor casa de partos, porque éste es el lugar donde nos sentimos cómodos, porque aquí cada detalle nos identifica, porque aquí tenemos el control y moldeamos el espacio a nuestro gusto, creando el nido para recibirte y criarte. Aquí nos sentimos seguros, libres de protocolos caducos, nosotros escogemos lo que asumimos, rechazando los riesgos frecuentemente creados por intervenciones injustificadas y asumiendo los infrecuentes que no se puedan solucionar en casa, aquí nosotros creamos nuestra experiencia, sin delegar las riendas en manos ajenas.

Quiero dar a luz en el calor de mi hogar, como todas las mujeres de mi familia han hecho antes que yo. Quiero cotidianeidad en este día que cambia nuestra vida. Un día normal en pocos meses se convertirá en ese día especial en que tu y yo caminaremos de la mano el sendero de nacer y dar a luz.  Y ese día lo sencillo, lo complejo y perfecto de la naturaleza nos envolverá como una manta de lana en invierno, frenando la mente. Observaremos con atención el silbido del viento, el rumor de la lluvia sobre las tejas, la luminosidad de algún rayo de sol en un día de invierno, el resplandor de la nieve impoluta sobre las montañas, los brotes a punto de florecer del Magnolio. Hemos preparado cuidadosamente este nido para disfrutar del último viaje contigo en mi vientre, para iniciar esta familia con intimidad, gozo y plenitud, en el lugar perfecto.

Raquel, con su bebé en el vientre, nos acompañará escribiendo su versión de nuestro cuento y sonreirá sabiendo que muy pronto será su turno. Haremos un festín, cantaremos la banda sonora de los años que hemos compartido antes de que llegaras, chapotearemos en la piscina instalada para la ocasión y te mimaremos a través de la piel. Compartiré contigo, en cada gota de sangre que nos une, el placer de cada sensación, la oxitocina y endorfinas que brotan con cada caricia, mirada y sonrisa.

Quiero sentir nuestro parto con plenitud, que con la fuerza de un río, la intensidad me enseñe a dejarme llevar por la corriente. Quiero un parto largo y sin prisas, donde el reloj se pare y la atemporalidad nos empape, donde saboreemos cada segundo sabiendo que sólo durará un instante. Quiero recibirte con nuestras propias manos, untarnos los dedos de vermix, oler tu piel, mirar largo y tendido en la profundidad de tus ojos, compartir calor pegados a tu piel… sentir con intensidad nuestros primeros segundos, horas, días, semanas… juntos, en la intimidad de nuestro hogar.

Valle Pérez. Matrona (contacto en “Directorio de profesionales respetuosos” de esta web. Asturias)

Puedes ver el post completo aquí.

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Soy diplomada y licenciada universitaria, trabajo en la sanidad, no me dan miedo los médicos, ellos curan, pero yo estoy embarazada, sana; confío en mi, en mi bebe, en la vida.

Siempre tuve claro que quería un parto lo mas natural posible, el sistema sanitario público no cubre parir en casa a nuestro ritmo. Busco una matrona que me asista en casa, la encuentro. Ocasionalmente la acompaña una doula, me pregunta si quiero que esté en mi parto. Yo me sentía sostenida por mi pareja pero pensé… ¿por qué no?

El día del parto me escondía en la ducha a respirar, sentir el calor en mi espalda… A ratos me apetecía estar a solas, a veces me colgaba de mi pareja o de un árbol… Ellas parecía que no estaban pero estaban… ofreciéndome… sugeriéndome… Sin presiones ni intervenciones… Sigilosas, sin hacer ruido. La doula no me obligó a querer parir en casa. Yo lo tenía muy claro y mi pareja me acompañaba La doula no me obligó a comerme nuestra placenta, hice lo que yo quise acompañada de mi pareja. La doula no me obligó a darle pecho… Yo sigo la lactancia porque mi peque y yo queremos.  La doula no interviene, no invade, no somete, no infantiliza, etc., como hacen muchos profesionales sanitarios el día del parto.

Una buena doula, respeta, ofrece, informa, desde la prudencia y el amor, pero siempre es la madre la que decide, la q pare, la que se informa y asume sus decisiones…o así debería ser.

Bea.

 

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Durante el post-parto contacté con la que fue mi doula al final de mi embarazo. Ella necesitaba una madre reciente para hacer las prácticas, y yo pensé que me iría bien contar con alguien que no fuera familiar para… No lo tenía muy claro, pero algo me decía que iba a ser necesario.
Tuve un parto medicalizado, agridulce, donde el momento de sacar yo a mi pequeña y ponerla al pecho fue la experiencia más increíble de mi vida. Luego vino la oscuridad, la separación forzosa, la operación de urgencia y la soledad. Sigo creyendo que esa separación marcó la angustia de separación que muestra la peque y que ha sido una constante en su crecimiento.
Me dieron el alta exhausta, cansada, sin fuerzas… Todo el mundo estaba feliz con la llegada de la peque, y como es normal, quedé en segundo plano. Sin poder llorar porque no es lo que la gente espera.
Mi doula fue una válvula de escape. Ella estaba allí para escucharme y dejarme llorar, para pasear conmigo cuando más necesitaba del aire, para hacerme ver que los bebés no son como nos explican, para hacerme conocer un mundo donde los brazos son necesarios, donde los bebés maman a menudo, donde seguro que lo estoy haciendo genial porque “todo lo que hagas con amor y respeto, no puede estar mal”.
Estuvo conmigo 16 semanas, mi escasa baja laboral. Dándome las herramientas para emponderarme, para hacerme segura, para escucharme sin juzgar y aconsejarme si yo lo pedía, para ayudarme con la lactancia (tuve la gran suerte que era asesora también), para acompañarme en mi segunda operación de urgencia, para darme fuerzas como madre, que el amor no malcría, para saber buscar ayuda de otras madres.

Olga.

 

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El parto de Amelie:

Pasé de querer una cesárea programada para no sentir nada a querer un parto natural en casa. ¡Menudo cambio existencial sufrí en ese embarazo!

11 días antes de lo previsto, en el penúltimo día de trabajo, rompí aguas a la 1 a.m. Recuerdo sentir mucha emoción. Escribí a mis colegas del curro cancelando la comida de despedida (vivo en Suecia, permiso de maternidad larguísimo) y recordándoles que si me necesitaba la chica nueva, me podía escribir un mail mejor que llamar (estaré ocupada), jajajaj. Pensé que las contracciones tardarían en llegar, pero no. Llegaron enseguida y bastante seguidas, pero pararon… Bueno dije, ya volverán. Así toda la noche, con falsas alarmas.

Esa noche era la única en la que no tenía matronas disponibles durante 24 horas. ¡Menudo día escogió la colega para nacer! Pensé que bueno, en el peor de los casos estoy preparada para ir al hospital, pero mi cuerpo sabía que teníamos que esperar y me tuvo casi 24 horas con contracciones irregulares. Para matar el tiempo, estuve tumbada (caminar me resultaba incomodo porque chorreaba agua) viendo la oveja Shaun sin parar (es muda y me partía de risa, así que mejor imposible) hasta que a eso de las 18 h. dije: “¡A la mierda! Vámonos a pasear al perro que esto tiene que acelerarse…”. Así que nos fuimos a comprar la cena, a saludar a mis suegros, y en el camino yo abrazando árboles, jejeje.

La cosa empezó a animarse a las 21 h. y mi matrona estaba disponible a partir de las 23 h.,  así que dije “bueno, tan rápido no podrá ir…”. Me puse en modo parto, sentada en la pelota contando contracciones en una app y escuchando las relajaciones de hipnoparto que tan diligentemente hice para prepararme.

La matrona llego a las 23:30 y me encontró metida en el agua dilatando. Como tenía los exámenes vaginales prohibidos se limitó a escuchar al bebé y acto seguido se fue a dormir al sofá. Ahí me quedé con mi súper mariden, quien intentaba dormir en el suelo mientras yo luchaba “ola tras ola” (ola = contracción en idioma hipnoparto, jejej).

A las 12:30 vino mi segunda matrona, una amiga española que llevaba 10 años como matrona en Suecia. Este sería su primer parto en casa, pero fue ella quien nos dio el curso de preparación para el parto y necesitaba alguien que hablara mi idioma… Recuerdo que me dijo “te estás riendo aún, así que te queda mucho”, jejeje.

Cuando me canse de la bañera, me dio una tiritera horrible, tenía muchísimo frío… Uf… Me dio por sentarme en la taza del water y, después de un rato largo allí, empecé a echar tapón mucoso y pedí a mis matronas que vinieran. Escucharon al bebe que estaba fenomenal y se quedaron ya conmigo en el baño. Recuerdo entrar en transición, abrir los ojos y verlas ahí sentadas mirándome sonrientes mientras bebían un café. Me transmitían mucha tranquilidad.

Mi marido, mi roca no me dejaba ni un segundo, pero se iba turnando con Susana (mi amiga) para ayudarme y masajearme como buenamente podían, dado que no me levanté de la taza del water en horas. Recuerdo estar con las visualizaciones del hipnoparto y de repente pensé: “No puedo más”. “Que si que puedes…”, “No, no puedo… Estoy agotada… Uy, ¿estaré en transición? ¡No puedo!”, “Venga, que sí”… Y tuve la necesidad imperiosa de decirlo en voz alta así que le dije a Susana, que en ese momento me ayudaba, “Su, no puedo con esto” y noté que mi voz sonaba desesperada…

Ella me dijo: “Estás fenomenal, todo va bien y esto es lo que querías” y ya internamente pensé: “¡Pues claro que si! Venga, soy una leona!!! Graaaawwwrrr!” Y así me vi siendo un animal salvaje diferente con cada contracción.

Después de eso lo tengo todo un poco mezclado pero recuerdo que me ayudaron a colgarme de un fular para cambiar de posición; mi querida taza del water se quedaba pequeña. También estuve a cuatro patas, en la cama como medio segundo, y apoyada en las piernas de la matrona sueca, Eva María.

De repente me entraron algo así como ganas de empujar, pero no eran muy fuertes… Así que pedí a Eva María que me hiciera un tacto para ver como iba de dilatada. ¡Boom! Estaba de 10 pero faltaban un par de cm. para que la cabeza de mi bebe estuviera pegada al cervix.

Bueno, respiré durante unas cuantas contracciones hasta que las ganas de verdad de empujar llegaron y dije: “¡venga, preparar la bañera!” Cuando la bañera estaba lista, me ayudaron a levantarme para meterme y dije “¡noooo!” Y me puse a cuatro patas en el suelo.

Me ayudaron con cojines y la pelota y ahí estuve luchando empujando durante unas dos horas… Sentí que me quedaba sin fuerzas. Me dijeron que me metiera el dedo a ver si sentía la cabeza. Lo hice y la sentí y eso me dio fuerza, pero pensé: “joder, dónde están esos 10 cm de dilatación, esto está muy prieto…” Y enseguida me di cuenta: “Anda, claro, es el cervix el dilatado, no la vagina!”, jajajaj, y me partía de risa en mi cabeza. Pero esos pobres que me estaban asistiendo me veían ahí luchando … ¡Era como si estuviera en un viaje de speed o algo!

Después de dos horitas empujando como un animal (literalmente, quien me oyera!!!), salió la cabeza de mi bebé, ¡apepinada pero hermosa! Y su cuerpito salió enseguida. Me la dieron y ufff, ¡esas 32 horas sin dormir desaparecieron de un plumazo! ¡Qué subidón mas grande!

Estaba ella allí perfecta y con los ojos enormes abiertos que me miraban con tranquilidad… Estuvimos en nuestra nube de amor alrededor de 1 hora hasta que Eva María dijo… Tenemos que movernos para ayudar a salir a la placenta, todo ha ido tan genial que sería una pena acabar en el hospital por eso… Bueno, pues cortamos el cordón, mi neni se quedo con papi piel con piel mientras yo iba a mi adorada taza del water a sentarme y ¡plop! Salió la placenta sin esfuerzo.

Después de la revisión y ver que todo iba genial, nos dejaron solos en familia… Y entonces me dio la llorera… ¡Éramos padres! ¡Por fin! Después de dos años buscando y un embarazo molar horrible, ¡ya estaba aquí mi ángel! Disfrutamos tantísimo de ese tiempo solos en nuestra casa, comiendo pizza y riéndonos de nosotros… jejeje.

¡La experiencia más increíble de mi vida hasta la fecha, sin duda!

 

María Laura

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El parto de Elliot:

Embarazo totalmente horrendo, peor que el primero. Nauseas y vómitos constantes y depresión prenatal, aparte de mucha incertidumbre, ya que el servicio de partos en casa de la región cerró en navidades, con lo cual era o parto en hospital con doula o parto no asistido en casa… Ninguna de esas dos opciones me resultaba cómoda.

Estaba perdida hasta que mi matrona del parto anterior, que trabaja conmigo en la ONG que llevamos, luchando por una mejor asistencia y más opciones al parto en Suecia, me dijo que una antigua compañera de trabajo se acababa de mudar cerca de nosotros y que tenía años de experiencia en partos en casa en Noruega y Dinamarca. ¡Boom! La conocimos y la conexión fue buena. ¡Menos mal! El último mes me sentí un poco mas cerca a mi misma.

Después de numerosas falsas alarmas y 7 días después de la fecha estimada, estaba yo tranquilamente de barbacoa en mi jardín con amigos cuando sentí alguna contracción. “Bah, Braxton hicks -dije-. Seguro”. Entramos a casa, recogimos y nos preparamos los snacks para ver Eurovisión. ¡Suecia va favorita, venga!

Empece a sentir contracciones mas seguidas pero dije “bah, seguro que otra falsa alarma”. Cuando tenía contracciones cada 3 minutos dije: “oye… Le escribo un mensajito a Agneta, la matrona, y a Chery, mi doula, por si las moscas…”. Entre esto, que estábamos en casa con los amigos viendo Eurovisión de cachondeo total, Agneta se puso en marcha enseguida porque vive 1 hora a las afueras.

Yo seguía cantando eurocanciones entre contracciones. Mis amigos se fueron a las 23:30 y llegó Agneta. Me encontraron preparando café y bollitos de canela y caminando por toda la casa para distraerme de las contracciones. Subí a mi cuarto y me colgué del fular. No quería sentarme, necesitaba movimiento.

Llego Chery y se puso a hacerme masajes. ¡Madre mía, que bien me sentaron! Agneta se fue a descansar como le pedí, ya que pensé que quedaba mucho. “Con el parto larguísimo la primera vez, esta vez no será menos”, pensé.

Chery me ayudaba a relajar los músculos ya que con cada contracción tensaba las manos o los pies. Mi mariden me dijo “recuerda que el único músculo de tu cuerpo que debe estar en tensión es tu útero” y en ese momento me transforme, literalmente, en una muñeca de trapo. Estaba sentada en una banqueta sobre un cojín, durante la contracción me tiraba hacia atrás y Chery me sujetaba y acariciaba los brazos y entre contracciones me tiraba hacia adelante y me apoyaba sobre mi querido mariden. Vi entonces que Agneta apareció sonriente y me dijo que era hermoso ver cómo trabajábamos. Me hizo sonreír internamente. Me sentía bien. Dolorida pero bien.

Agneta desapareció un rato mas, y yo seguía trabajándome las contracciones. Al rato volvió y me dijo que quizás estaría más cómoda en el agua. Yo quería parir en el agua esta vez pero pensaba que era demasiado pronto, que aún me quedaba un montón. Pero la verdad es que era todo muy intenso y dije: “bueno, un poco de alivio no me vendrá mal…”.  De repente en el agua pensé: “Jolín, no he roto aguas aún… Que presión tengo allí abajo… Hhmmm, esta presión me confunde, tengo ganas como de empujar…”. Bueno, empecé a empujar y tras tres intentos rompí la bolsa, mientras me apoyaba en mi mariden y Chery me hacía de Coach. Agneta se mantenía presente y sonriente sentada en la taza del wc, y entonces me dijo que mirara a ver si podía sentir la cabeza. Dije: “Siento algo pero no sé el qué…”. ¡Entonces vino a verme, y me dijo que veía pelo! Muy poco rato después, ¡¡¡sentí que la cabeza salía!!!

Chery estaba grabando esto en video y todo fueron risas. Al sentir la cabeza, la acaricie mientras esperaba la siguiente contracción y estaba eufórica! Nos entró la risa a todos, ¡fue muy bonito! Y pensé: “¡Ostras, el cuerpo sale en la siguiente contracción y el bebe se caerá en el agua! ¿¿¿Y si se hace daño???”. Mi mariden pensó lo mismo pero vio que Agneta no se movió y nos miraba sonriente y tranquila así que pensó que se solucionaría. Pero a mi no me dio tiempo a verbalizarlo porque vino la contracción y dije “¡Ayudadmeeeeee!” y ¡plop! Salió mi bebe y cayó en las manos de papá, que me lo puso encima enseguida.

“¡¡¡Ya está!!! ¡Lo conseguí! Lo hicimos, cariño!” ¡A las 3:20 am! Y me reí, ¡me reí a carcajadas! ¡Qué pasada de parto y qué subidón! De repente veo que entra mi padre. ¡Me dio una alegría que nos viera allí recién paridos…! La placenta salió rapidísimo, solo 15 minutos después. Mi hija hizo acto de presencia y dijo que tenía hambre. Se llevó a mi mariden. Me quede con Agneta y Chery que me limpiaron, pesaron al bebe y lo hicieron todo. Mariden volvió un ratito y se volvio a ir, pero estaba en buenísimas manos.

Cuando se fue todo el mundo me quede sola con mi bebe, saboreando su presencia y la tranquilidad de la casa. Pensé… “Madre mía, hubo un momento durante el embarazo en el que no te quise… Qué manera de dejar que la depresión tomara cargo… ¡Como no te iba a querer chiquitín!”

 

María Laura

Mitos

Muchas veces hemos hablado de opinólogos que, en resumen, son esa gente que, avalados por la desvergüenza que les concede la ignorancia, se permiten decir cosas como: “¿Todavía le das teta con siete meses??? Eso ya no le alimenta.” Pero hoy me apetece hablar de la gente que va un poco más haya. Cuando la opinología llena al extremo del surrealismo:

Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, vivía sola en un barrio con un ambiente un poco marginal. Mis vecinas estaban escandalizadísimas de que viviera sola y no podían entender cómo no se me cortaba la leche del cola-cao cuando me hacía el desayuno, porque todo el mundo sabe que una embarazada no puede manipular lácteos ni hacer mayonesa.

Durante el primer trimestre, la paranoia general era que iba a tener una niña. Yo les aseguraba que no, por llevar la contraria (cosa que me encanta), y ellas “que sí, que sí”, con argumentos como “tú tienes el molde de las niñas”, “de ti no puede salir otra cosa que una niña” (supongo que porque yo era muy joven y tenía cara de niña), etc. Y yo insistía en que no, que iba a ser niño, que “lo sé porque soy mu bruhhha”.

Cuando en la ecografía de las 12 semanas el ginecólogo se atrevió a confirmarme que era niño, volví a mi casa exultante. “¡Es niño!”, le decía a todo el que me encontraba. Y aún así las gitanas seguían empeñadas en que el ginecólogo se había equivocado.

Más adelante, cuando se me empezó a notar la tripa, la cosa volvió empezar: “Uuuh, la tienes picúa y baja, va a ser niña”. Y yo ya rallada, le hablaba a mi Miniyó pidiéndole que fuera niño, que a estas alturas no me hiciera quedar mal… Pero la revolución vino cuando se me inflamó un ganglio en el pie. No me dolía ni era nada preocupante, según mi matrona, pero era verano, lo llevaba al aire y en el barrio me dijeron de todo. Desde “eso es que la criatura viene de nalgas” hasta “no te fíes de la matrona, que yo conozco a una que empezó así y le acabaron amputando”. Lo-ju-ro.

En el último trimestre ya me daba bastante por saco salir a pasear por el barrio porque era salir a la calle y siempre aparecía alguien a restregarme sin permiso una ramita de romero de la suerte por la barriga. Para que le diera suerte a ellas, por cierto, que si todavía lo hicieran por mí… Y según más avanzaba el embarazo menos se cortaba la gente en seguir opinando. En el último mes consiguieron incluso llegar a ponerme nerviosa, porque de repente empezaron a decirme -al loro- que me fuera mentalizando de que me iban a tener que hacer cesárea porque yo soy muy fina y estrecha. Y se quedaban tan anchos. Yo flipaba. Es que aunque fuera verdad que esa posibilidad existiera (que no existe), ¿qué necesidad hay de decirle semejante cosa a una embarazada a punto de salir de cuentas?

El otro día en el grupo de Facebook de crianza, me hizo mucha gracia ver a una mamá que le habían recomendado no andar descalza por casa durante la cuarentena y llevar tapones para los oídos. Estas historias, aunque no lo parezcan, son de principios del siglo XXI en occidente, así que no quiero ni pensar lo que tendrán que pasar las niñas en otras partes del mundo…

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

El plan de parto

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad reconoce la validez del “Plan de parto y nacimiento” y lo define como un instrumento para que las mujeres puedan expresar por escrito sus preferencias, necesidades y expectativas en relación con la atención que desean recibir.

El Plan de Parto debe ser el resultado del intercambio de información entre profesionales y gestantes durante todo el embarazo, y garantiza el ejercicio de las mujeres de elegir libremente las intervenciones que quieren o no quieren que se le practiquen, además de facilitar la relación con el equipo profesional que la atienda, tomando como referencia la Guía de Práctica Clínica de Atención al Parto . Así, este plan está reconocido legalmente y debe respetarse siempre que no haya imprevistos que justifiquen otras intervenciones.

El Plan de parto se puede entregar a la matrona o ginecólo@ que está siguiendo el embarazo (para que lo incorpore a la historia) o en el hospital donde está previsto dar a luz. Yo recomiendo la primera opción además de llevarlo también en el momento del parto junto con el resto de la documentación, porque puede ser que el parto te pille en otro sitio… En caso de que decidas la segunda opción, recuerda pedir justificante de haberlo entregado. También conviene informarse con suficiente antelación sobre las prácticas habituales del hospital y saber hasta qué punto aceptarían las condiciones de la madre. Esto se puede hacer mediante visita directa concertada en el caso de una clínica privada o a través de la matrona que siga el embarazo en el caso de un hospital público.

No hay ningún motivo para temer hacer un plan de parto porque no es un documento blindado y se puede modificar durante el transcurso del parto si la madre no se encuentra cómoda. También se pueden dejar cuestiones más abiertas; por ejemplo, puedes indicar que prefieres evitar la epidural pero que tampoco la descartas en caso de que el dolor resulte demasiado intenso.

Puedes consultar la ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica aquí.

Principales datos que incluye el Plan de Parto: 

  • Quién quieres que esté presente y quien NO quieres que esté presente (tanto durante la dilatación, como en el parto y el postparto)
  • Si deseas que se tengan en cuenta alguna especial (física, médica, cultural…)
  • Si aceptas que te atienda personal de prácticas o que este personal te realice ciertas pruebas
  • Si prefieres que te rasuren el vello o que no lo hagan
  • Si prefieres que te pongan un enema o que no
  • Si deseas usar ropa de hospital o la tuya propia
  • Si quieres que te dejan beber durante la dilatación
  • Si quieres poder moverte libremente durante la dilatación y poder elegir la postura durante el expulsivo
  • Si permites o no que se te administre oxitocina
  • Si quieres que la rotura de la bolsa sea natural o permites que la rompan
  • Solicitar información sobre cualquier procedimiento que te vayan a hacer
  • Si deseas escuchar música durante la dilatación
  • Si quieres tener una pelota de fitness, cojines, etc.
  • Si aceptas monitorización intermitente o continua
  • Si quieres epidural o cualquier otro método para paliar el dolor
  • Solicitar que no dirijan las pujas
  • Solicitar poder tocar al bebé o a ti misma mientras está saliendo
  • Si deseas ver el nacimiento a través de un espejo
  • Quién y cuándo quieres que corte el cordón umbilical
  • Si quieres propiciar el contacto piel con piel con el bebé desde el primer momento
  • Si quieres donar la sangre del cordón, la placenta, etc.
  • Si deseas o no que puedan tomar fotografías durante el proceso
  • Si prefieres que el bebé no se separe de ti para realizarle las pruebas a no ser que sea estrictamente necesario
  • Si vas a optar por lactancia materna (y, en ese caso, no permitir que se le den biberones) o artificial
  • Si deseas que se te consulte cualquier cuidado que vayan a hacer al bebé
  • Si aceptas o no que se le vacune (hepatitis, vitamina k…). En algunos hospitales, la vitamina k se puede administrar vía oral
  • Si aceptas recibir visitas durante el periodo de observación
  • Si deseas mantener al bebé contigo mientras esté en el hospital.
  • Etc.

Para la realización del Plan de Parto, te recomendamos descargar la plantilla oficial de la web del Ministerio de Sanidad aquí.

El nacimiento de tu bebé es un hito en tu vida, y una mala praxis puede impedirte disfrutar de ese momento tan especial. No dejes que nadie decida por ti.

 

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

10 cosas que nadie te contó sobre la maternidad


1. Qué cosas te conviene llevar al paritorio. 

Quizás estés pensando en una bolsa de aseo, ropita de bebé, mudas limpias… Olvídate. Ya habrá tiempo de todo eso, que son cosas que, en todo caso, podrás necesitar una vez estés en planta. De momento, ten en cuenta que un parto puede ser muy largo, así que puede que eches en falta estas tres cosas: zapatillas de casa, un abanico y cacao para los labios.


2. El amor incondicional a tu bebé no comienza en el segundo que lo ves. 

En la mayoría de los casos, esto es un mito. Recuerdo que, con mi primer hijo, me llegué a sentir muy mal, muy culpable, por el hecho de no haber sentido ese flechazo inmediato hacia él en el momento en que nació. De hecho, no lo sentí nunca. El amor es inmenso e incondicional, pero progresivo, a medida que te acostumbrabas a esa nueva vida y asimilas que ha salido de ti.

3. Dar el pecho duele. 

Siento si decir esto no es políticamente correcto, pero yo hubiera agradecido que alguien me lo advirtiera antes de arrimar a mi primer hijo al pecho, porque el susto que me llevé cuando me entrilló no me lo quita nadie. Tenía una imagen idílica del amamantamiento y la verdad es que lo es, pero no exactamente como pensaba. La lactancia es sin duda la mejor opción tanto para la madre como para el bebé, pero lo más habitual es que las primeras semanas sean duras. Me parece importante que las futuras mamás lo sepan porque si tienen una idea idealizada y se encuentran con un buen pellizco en el pezón la primera vez que arriman a sus bebé, puede ser muy desalentador. La futura mamá debe saber que sí, que es muy frecuente que al principio haya molestias, pero que enseguida ese dolor empieza a hacerse cada vez más soportable hasta que dejas de notarlo en unas semanas y, en cambio, los beneficios y la satisfacción que da cada vez son mayores. Las clases de preparación al parto deberían centrarse mucho más en este tema porque pocas cosas hay que dependan tantísimo de una buena información como el hecho de tener una lactancia exitosa. Todas podemos dar el pecho. En esta misma web contamos con una colaboradora que es asesora de lactancia. Cualquier duda se la podéis preguntar en comentarios o a través de nuestro formulario de contacto (no es necesario registrarse y se puede hacer de forma anónima).



4. El postparto puede ser muy duro. 

Hay bibliografía sobre el embarazo para aburrir. Sobre crianza, igual. Pero sobre el postparto no tanta. Normal, no es bonito. Tal vez imaginas una estampa bucólica de ti misma cuidando de tu bebé, pero seguro que no te imaginas andando a pasitos cortos por las cicatrices y los puntos de la episiotomía, los desgarros o la cesárea, notando tus tripas “colgando” a cada paso, con las tetas doloridas y a reventar, con contracciones (sí, contracciones, que pueden durar muchos días después del parto), con hemorroides, hematomas, y todo tipo de achaques que en algunos casos pueden ser graves, con falta de sueño, inseguridad, con tu pareja que te saca de quicio o que crees que no te entiende… El postparto suele ser una etapa muy dura. Mi recomendación es dejarte mimar, evitar todas las visitas que no sean de familiares muy cercanos que vengan a ayudar, y dormir todo lo que se pueda.


5. Un recién nacido no es un muñeco zen que inunda la casa de paz y armonía. 

Quizás aquí también tengas la típica imagen que muestra la publicidad de madres bien peinadas y sonrientes sentadas junto a un moisés en una habitación de ensueño en tonos beige junto a un ventanal donde la brisa suave mece los visillos… La realidad de los primeros días no suele ser así. El bebé querrá estar con la madre, está desorientado en un mundo que no conoce. Tal vez llore a menudo, y tal vez no se calma simplemente cuando le cogen en brazos. Tal vez la madre en ese momento no sepa qué hacer, se sienta confundida, incluso mala madre. Calma. Poco a poco, os iréis conociendo mutuamente y sabrás cómo reaccionar a él. Mientras tanto, cógelo mucho, que es un ser indefenso que no entiende nada de este mundo y solo te tiene a ti. Aunque llore, su nivel de estrés no será igual que si está solo. Evita a toda costa las visitas de todo aquel que no venga estrictamente a ayudar. Y cuando duerma, duerme tú también.


6. La líbido suele desaparecer misteriosamente. 

Siempre hay historias de todo tipo, pero lo más común es que el deseo sexual desaparezca radicalmente por un tiempo más o menos largo, dependiendo de otros factores: cómo te encuentres psicológicamente, cómo te hayas adaptado al bebé, si estás dado el pecho, etc. Por no hablar de que, durante un tiempo, te costará reconocerte en el espejo y eso tampoco ayuda…


7. Te criticarán hagas lo que hagas. 

Da igual que intentes ser la mejor madre del mundo. Si das el pecho, si no lo das, si lo sigues dando después de los seis meses, si inicias la alimentación complementaria a los seis meses, si lo haces antes, si lo haces más tarde, si haces BLW, si colechas, si no colechas, si le pasas a su propia habitación, si porteas, si usas capazo, si usas maxi-cosi, si le vistes de rosa, si le vistes de azul, si le vistes de blanco, si le vistes de negro ni te cuento… Por ello, es importantísimo estar muy bien informada (con información actualizada, no con las fotocopias del pleistoceno con consejos sobre crianza que reparten los enfermeros de pediatría) y tener clarísimo qué es lo que quieres hacer y por qué, porque todas las madres quieren lo mejor para sus bebés y actúan según ese criterio (incluso las que usan la Babybjörn), de modo que si llega un opinólogo y empieza a machacar con consejos que nadie le ha pedido y con comentarios del tipo “tu bebé de un mes necesita más independencia”, puede llegar a hacerte dudar y a hacerte sentir muy mal si no tienes las cosas perfectamente claras.

8.  Lo que vas a vivir no se parece a lo que te han contado.

Es algo único, incluso aunque hayas tenido o vayas a tener más hijos. Escuchar experiencias de otras madres ayuda (a no ser que te estén contando historias escabrosas sobre partos en una carnicería), pero la tuya, seguramente, no se parecerá a ninguna otra en el mundo.


9. Todo cambia. 

No solo lo relacionado con el bebé: ya no volverás a ser la misma persona. Cambian los hábitos, los horarios, la alimentación, incluso las cosas más insignificantes: te preguntas si será bueno para el bebé usar un ambientador como hasta ahora, si tu jersey favorito no le picará cuando le cojas, si será mejor salir a pasear a otra hora, etc. Si piensas que vas a seguir como hasta ahora solo que con un bebé, creo que te equivocas.

10. Vas a tener que recordarte a ti misma que eres una mujer.

No viene mal, por el bien de tu autoestima, de tu relación de pareja (que finalmente repercute en tu bebé y en ti) y por ampliar un poco tu zona de confort, que, a pesar de lo que he contado en el punto anterior, puedas dedicar un rato de vez en cuando a ti misma. No eres solo una madre. Esa faceta no anula todas las demás. Sé que ahora da muchísima pereza la idea de tener que ser sexi, competente y supercalifragilística, pero no se trata de ser una mujer 10 sino de no dejar de ser simplemente una mujer.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Un hombre que desea ser madre

Me levanto con el eco de ésta noticia:

 «Es posible trasplantar un útero a un hombre que desea ser madre»

 Y me quedo en shock, entro a leerla y me calmo un poco al ver que el titular es más sensacionalista que otra cosa, habla de ayudar a mujeres con infertilidad, cosa que ya ha conseguido, 4 éxitos de 10 intentos. Buenos números. Pero sigo leyendo y llego a la parte en la que habla de dinero, operaciones complejas, hombres transexuales que desean ser y sentirse mujeres y con ello llegar a concebir.

Bueno, ahí empieza mi pregunta, ¿debería alguien que está sometido a un tratamiento hormonal crónico, que ha pasado por un cambio de sexo completo, con todo el proceso psicológico que ello implica, someterse a ésta operación?

Mi opinión…depende. Depende de la manera que se ha llevado el proceso, depende de cómo haya llevado psicológicamente éste problema, depende de muchos factores. No estoy en contra de que un hombre que se siente mujer desde el nacimiento y pasa por una reasignación de sexo, pudiera llegar a concebir, pero, me suscita una duda muy grande.

A parte del útero, ¿se van a trasplantar todas las glándulas, todos los receptores, todo lo que se activa en una mujer con el parto? ¿Aparte de poder gestar a un bebé en un útero prestado por unos años (cómo cuenta el doctor), tomando inmunodepresores (que vamos a ver cómo afecta eso al bebé), pariendo por cesárea programada (con todo lo malo que sabemos de las cesáreas), podrá darle el pecho también? ¿O se les privará también del derecho a la lactancia materna?

 Lo siento, pero soy una mujer a la que le gusta ser mujer, le gusta sentir vida dentro de su cuerpo, le gusta no ser igual al hombre para poder complementarse, y le gusta que los bebés tengan lo mejor desde que no son más que un pensamiento, y eso incluye para mí como mínimo, el poder acceder a un parto vaginal exitoso, a una lactancia materna, a un embarazo lo más sano posible (me refiero a todas esas hormonas, y medicamentos a los que será sometido desde que es una célula), y a una vida llena de amor y cariño, que es, lo que seguro que no les faltará por encima de nada. Eso sí, como decía un cantante… “No sólo de pan vive el hombre” Y no hablemos ya de la gente con dinero pagando experiencias excéntricas, de hombres que quieren experimentar, de personas con 70 años dando a luz hijos que no podrán cuidar…uff Os dejo con la imagen que tengo en la cabeza desde que he visto la noticia. Todos tenemos derecho a hacer lo que queramos, ¿incluso aunque vaya contra la realidad?

Tanya.

Epidural: sí o no

¿Epidural sí o epidural no? Por mí, epidural sí, y que conste que esto no es filosofía de Lardamma sino una opinión personal. Así que, dicho esto, me declaro radicalmente a favor de la epidural, y eso que he tenido dos nenes sin que me la pusieran.

De hecho, no entiendo cuál es el dilema, ¿los posibles efectos secundarios? Pues los mismos que en todas las anestesias y en todas las operaciones, ¿no? Yo no veo a nadie en el dentista diciendo “Ays, no, mejor empástame la muela a pelo, que si no a lo mejor luego me duele la cabeza”. Y si nadie duda en ponerse anestesia para un empaste de mierda, no entiendo por qué no se la ponen para “partirse” en dos.

Hablan también de la sensibilidad, de saber cuándo tienes que empujar… Pero dicen (no puedo hablar en primera persona porque ya digo que a mí nunca me la han puesto) que se sabe perfectamente cuándo hay que empujar porque no quita la sensibilidad ni mucho menos, solo ayuda a soportar el dolor.

Pero donde yo tengo mi trauma personal es con el argumento de no ponérsela para ser “más consciente del momento”. A mí me gustaría que me la hubieran puesto precisamente por eso, para ser consciente del momento y poder disfrutar del nacimiento de mis hijos en lugar de estar gritando maldiciones en arameo y cagándome en Dios, en las matronas, en mi marido (que le aseguré que no volvería a tocarme) y en la evolución humana que nos ha convertido en mamíferos bípedos de caderas estrechas y cerebros grandes.

Ni si quiera tuve la opción de escoger. Con mi primer hijo, en un parto dirigido al máximo, con una episiotomía bestial y una violencia obstétrica que todavía me pone los pelos de punta cuando me acuerdo, la excusa fue: “¿Epidural? jaja, qué va, eso es de 8:00 a 15:00 h”. Con la segunda, en un parto super natural, me aseguré de llevar todos los papeles posibles (la firma del anestesista, el plan de parto…) y de ir acompañada, pero tampoco. La excusa fue que estaba de 8 cm. y que ya no merecía la pena. Le rogué, le supliqué, le amenacé, le dije que el anestesista no tenía por qué enterarse de mis 8 cm. y que no le diríamos nada, pero no hubo manera de convencer a la matrona. Resultó ser un parto muy rápido, con apenas un desgarro de tres puntos, sentada de la manera que mejor nos pareció después de probar mil posturas, etc., pero no es lo que yo quería.

Respeto mucho a quien no se la quiera poner porque tenga miedo de las consecuencias (que sé que pueden llegar a ser graves pero que son un mínimo porcentaje de los casos), pero deberían los profesionales respetar también a quienes sí la queremos. Estamos en el siglo XXI y seguimos bajo la maldición de Eva de “parirás con dolor”. Quizás me equivoco, pero tengo la sensación de que si fueran los hombres los que tienen que pasar por eso, este tema estaría resuelto desde hace muuuucho tiempo.

 

Y tú, ¿epidural sí o epidural no?