Lectura para bebés y niños pequeños

Nunca es pronto para empezar a trabajar el interés por la lectura.

No se trata de que el niño aprenda lectoescritura con 3 años, sino de que disfrute de libros adaptados a su edad y sus gustos. De este modo, el interés por la lectura surgirá solo más adelante.

Es importante crear ese hábito e interés desde pequeños para fomentar su desarrollo integral, ya que con un buen libro se practica la motricidad fina (al pasar las páginas), la percepción sensorial (con libros adaptados a los bebés con colores vivos, texturas, etc.), el desarrollo cognitivo (con la interpretación de las ilustraciones, por ejemplo), la empatía (a través de la identificación con los personajes de las historias), los vínculos afectivos con los padres (por el momento de la lectura junto a ellos), etc.

Tips:

  • Trata de incluir un rato de lectura en tu rutina diaria con el bebé. Por ejemplo, antes de acostarse, Una actividad tranquila como la lectura puede ayudar a relajar al bebé.
  • En cuanto se desplace con autonomía por la casa, es importante que tenga acceso a libros que le interesen (obviamente, no serán libros con páginas de papel que puede romper fácilmente).
  • Atiende a las reacciones de tu hijo cuando lees: cómo interpreta el bebé tu tono de voz, las ilustraciones, etc.
  • Sé un ejemplo: El bebé tiende de forma innata a imitarnos. Para él es un juego y una manera de aprender. Es sumamente difícil que un bebé que no ha visto nunca a sus padres coger un libro, desarrolle un interés por estos.
  • Transmite emociones al leer, lee con entusiasmo: Para que se divierta, para mantener la atención, para que disfrute de ese momento juntos.
  • Apaga la tele y otras distracciones. Es un rato solo para tu bebé y para ti.

Libros adecuados según la edad: 

-0-1 años: Escoge libros con colores vivos, libros sensoriales, sonidos, que se puedan mojar, páginas gruesas, etc. Libros de tapa y páginas duras y resistentes y con diferentes texturas y colores muy vivos.

-1-2 años: Puedes empezar a hablarle de conceptos básicos: los colores, partes del cuerpo, los animales… O también de elementos que le llamen especialmente la atención, como el agua. (Ver “Agua”, de Gisela Burunat).

 -2-3 años: Conviene escoger historias cortas. Son interesantes las que tienen una estructura que vaya repitiéndose a lo largo del libro, pero también los libros ilustrados con una sola frase en cada página que permita asociar el concepto. Aquí mantenemos nuestra recomendación de Agua.

Ideas DIY para que jueguen los bebés

 

  • Casita – Mantel: 

En casas con poco espacio como la mía, esta es una alternativa ideal a las casitas de juguete o tiendas de indios convencionales. Se trata de cubrir una mesa (da igual que sea cuadrada o redonda) con un mantel hecho a medida de manera que se ajuste a ella, sin vuelo. Para ello, basta con medir la altura de la mesa y su diámetro y cortar un rectángulo de tela con esas dos medidas. Después, por uno de los lados, se unirá a otro trozo de tela con la misma área que la superficie de la mesa. A partir de ahí, se puede “tunear” en función de los gustos y las habilidades de la mamá o quien lo vaya a hacer: se le pueden poner ventanas, una puerta que se abra con cremallera, se le puede pintar un buzón, coser flores de fieltro o de goma eva a ras del suelo, etc.

La casita-mantel favorece el juego simbólico en bebés a partir de un año, lo que repercute en su desarrollo cognitivo y social, además de ser muy bonita y divertida!

No hace falta que sea una casa perfecta (no hay excusa: yo no tengo ni talento ni tregua con la niña y he podido hacer la mía). Cuanto mayor sea el niño, más detalles pedirá, incluso podéis decorarla juntos.

 

  •  Botella sensorial: 

Consiste en llenar una botella de plástico (de agua, normalmente) a la que le habremos quitado la etiqueta con todo aquello que se nos ocurra y que pueda gustar al bebé. En el ejemplo que os pongo a continuación he hecho una con agua, aceite corporal y colorante alimenticio para que quede como una lámpara de lava, pero también se puede meter brillantina, objetos que suenen, flores y plantas aromáticas (y hacerle agujeritos a la botella para que puedan olerla), objetos metálicos escondidos entre arena o arroz para que aparezcan al acercar un imán, etc. Después, se cierra la botella con silicona y se puede decorar por fuera.

Este juego estimula los sentidos del bebé y favorece su psicomotricidad desde que comienza a agarrar cosas con sus manitas, y seguirá gustándole durante mucho tiempo en función del tipo de botella sensorial que hagáis.

 

  •  Caja / cesto de los tesoros: 

Consiste en una caja o cesta llena de objetos cotidianos de diferentes formas, tamaños, pesos, colores, texturas… Es apropiado para bebés a partir de cuando puedan mantenerse sentados. Les encanta experimentar con todos esos objetos, tan solo hay que cuidar de que sean seguros (no incluir canicas ni objetos pequeños, asegurarse de que estén bien limpios, etc.) y vigilarle mientras juega sin intervenir.

Yo tengo una caja de cartón porque es lo que tenía, pero lo ideal es una cesta de mimbre. En mi caso, he metido una huevera, un cepillo del pelo, un cd, unas llaves con un llavero, un vasito metálico, corchos de botellas, pinzas de la ropa, una rueda del monopatín del mayor (nueva), un cucharón de madera, tapas de tarros, rulos del pelo, un chupete (nunca ha usado, lo tenía por ahí) con cadenita de madera, un monedero de tela, el borrador de la pizarra (que no usamos), una cuchara, unos calcetines sin estrenar dentro de su sobre de plástico (le encanta el ruido) y una piña que cogí en el parque y que no sale en la foto porque ahora mismo no la encuentro (estará por debajo del sofá o a saber…).

No se suelen incluir objetos de plástico en las cajas de los tesoros, pero yo he metido un par de ellos porque me parece que daban mucho juego y no dejan de ser objetos cotidianos. Más ideas de tesoros para incluir en la caja o cesta son: piedras, una esponja, bobinas de hilo, un mando a distancia que ya no sirva, cds, recipientes de cremas, un abanico, bolsitas con legumbres (que el bebé no pueda abrir, obviamente), piedra pómez, cortezas de árboles,el tapón de la bañera, etc.

Truco: Cuando veáis que ya no se queda jugando durante tanto tiempo como antes, cambiad los objetos de la caja. 🙂

 

  •  Pizarra:

Una de las paredes de mi casa está convertida entera en una pizarra. Se hace con una pintura especial que lleva una base de látex para hacerla impermeable y lavable, y se puede encontrar en cualquier tienda especializada. No solo tienen el clásico verde-pizarra; hay de todos los colores.

A un bebé menor de un año no le va a llamar la atención, pero a partir de que sepan andar y tengan una coordinación visomanual mínima para agarrar una tiza y hacer trazos, les encantará y, de paso, servirá de “catalizador” para que pinten esa pared y no otra. Y si hay hermanos mayores en casa, con es mi caso, viene genial para hacer deberes.

 

  •  Libros de texturas: 

Los conocidos como “quiet book” son uno de los juguetes educativos DIY más versátiles porque pueden adaptarse a la edad y necesidades de cada niño. Se trata de libros hechos a mano con diferentes materiales con actividades en cada página. Lo ideal es encuadernarlo con anillas o de alguna otra manera que permita ir añadiendo y quitando páginas en función de los intereses del bebé según vaya creciendo. A un bebé menor de un año, le llamarán la atención los colores vivos y los materiales con diferentes tactos (algodón para las nubes, velcro, etc.). A los mayores, les gustará sacar y meter objetos de algún bolsillos, ver diferencias de tamaño, etc. Y para los niños más grandecitos, se les pueden incluir números, letras, algún juego del tipo 3 en raya, etc.

Esta es una página del libro que le estoy haciendo a mi hija para cuando cumpla un año (aunque veremos a ver si a este paso lo acabo para cuando cumpla 5): Es una granja en la que puede abrir las puertas y descubrir dentro a una vaca y un cerdito, que además son marionetas de dedos. Al lado, hay un huerto con zanahorias que puede recolectar.

 

  •  Arenero: 

Para bebés a partir de 12-18 meses es una actividad manipulativa estupenda que desarrolla la creatividad y favorece la psicomotricidad fina. Se consigue mezclando 8 partes de harina por una de aceite. No mancha y no es tóxica si se comen un poco. Se pueden hacer castillos como si fuera arena de playa, se puede usar un rastrillo o un tenedor, se puede estampar una huella, etc. Todo vale.

  •  Otros: 

Los juegos que he expuesto hasta ahora son solo algunas ideas, porque se pueden hacer juguetes con casi cualquier cosa. Hay que tener en cuenta que el juguete, cuanto más libertad de al niño para manejarlo, mejor, de modo que es preferible cualquier objeto cotidiano que le llame la atención antes que juguetes llenos de luces y sonidos.

Por ejemplo, con tubos de cartón de rollos de papel gastados, se pueden colorear y servir de catalejos, de tubería por la que tirar cosas, de altavoz, etc. Solo hay que desplegar la misma imaginación que queremos desarrollar en nuestros hijos para crear sus juguetes.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.