Los metomentodo

-Ah, ¿todavía no anda? Bueno, no te preocupes…
-¿Qué quieres decir con ese tonillo?

-Pues el mío con dos meses dormía seis horas del tirón.
-No quiero ni pensar lo que habrá pasado ese pobre niño para decidir estar seis horas seguidas solo sin protestar….

-¿Todavía le das el pecho? Si ya apenas tendrás leche…
-Tengo leche porque le doy el pecho. Es consecuencia, no causa, (bruja).

-Bufff… Le has acostumbrado a los brazos…
-No, verás: le cojo porque quiero. Ella quiere que le coja y yo quiero y puedo, ¿por qué no lo voy a hacer, para enseñarle que el mundo es así de cruel?

-Deberías insistir para que coma / eso no es comida para un bebé.
-Estupendo: la fruta no es comida para un bebé, mucho mejor una papilla de polvitos industriales. Tú haz caso a lo que dicen las multinacionales sobre alimentación, que yo haré caso a lo que dicen los nutricionistas y mi sentido común.

-Está flaquito.
-Está sano, que es lo que importa.

-Deberías reñirle cuando grita así.
-¿¿¿Reñirle??? Tiene seis meses.

-Te has quedado un poco gordita.
-Y tú te has quedado un poco amargada.

¿Alguna otra anécdota con metomentodos que añadir?



Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.


Sexo y lactancia

Nace el bebé y van pasando los meses… Poco a poco, la “novedad” para el resto del mundo va desapareciendo. Ya no hay visitas todos los días, ni llamadas de teléfono continuas para ver cómo va todo… Se van dejando de recibir regalos para el bebé, incluso tal vez se haya acabado la baja maternal. Todo vuelve, supuestamente, a la normalidad, al menos de cara a la galería, pero probablemente, en la intimidad, las cosas distan mucho de ser igual que antes de todo esto. 

Cuidar de un bebé es agotador, y la implicación emocional continua hace que pueda resultar más cansado que la misma jornada en el trabajo aguantando al gilipollas del jefe. Van pasando los meses, meses de 30 días, de 24 horas cada día pegada literalmente al bebé, día y noche.
Recuerdas que cuando nació, tu pareja y  tú lo mirabais sin saber muy bien qué hacer. Era una personita nueva entre los dos, no le conocíais, teníais que aprender a cuidarle, a quererle. Pero ahora han cambiado las tornas: Mamá y Bebé son una sola persona y tal vez es Papá el que empiece a verse como un extraño, tal vez incluso desplazado incluso de su propia cama.
Quizás es un gran padre, se implica al máximo, respeta todas tus ideas de crianza… pero la teta es tuya y la teta es continua.
De repente el bebé se duerme. Nunca se duerme sin la teta en la boca pero hoy ha pasado. Ha caído profundamente en su hamaca y promete al menos una hora de sueño. Papá y tú estáis al lado, en el sofá. Es domingo y no hay nada que hacer, es la hora de la siesta, la luz es tenue y el ambiente invita al acercamiento. Sabes que sería un momento ideal para vosotros dos, que desde que nació el bebé el sexo se ha reducido a algún encuentro esporádico de menos de cinco minutos bajo las sábanas procurando no hacer ruido. Pero qué pereza… Estás cansada, muy cansada, tanto física como emocionalmente, y prefieres mimos, abrazos, chocheo, un rato largo de arrumacos que te recuerden poco a poco quién es ese señor que vive con vosotros, antes de entrar en faena.
Pero Papá no está agotado, ni tiene un instinto de supervivencia que le hace dejar el sexo en un segundo plano, ni está invadido por la prolactina y otras hormonas antagónicas al deseo. Sigue siendo el mismo, pero la que no eres la misma eres tú. Ni si quiera te reconoces ante el espejo.
Puede que él insista en el acercamiento y puede que incluso eso llegue a molestarte. Puede que prefieras hacerte la dormida, o incluso dormirte porque realmente cualquier oportunidad de reponer sueño es bienvenida. Puede que decidas esforzarte y seguirle el juego, y puede que acabes llegando al orgasmo, pero también puede que no.
Se te pasa por la cabeza que tal vez él se acabe hartando de esta situación. Ya no eres la mujer fuerte, activa, siempre dispuesta y de tetas en su sitio de la que él se enamoró tiempo atrás.
¿Qué se puede hacer? Poco.
Encuentra el momento para hablar con él. No en ese momento en el sofá sino cuando esteis dando un paseo o en cualquier sitio tranquilo. Explícale cómo te sientes, lo que te está pasando. Explícale que te gusta como siempre y que valoras infinitamente su ayuda, que esta es una fase normal, otra fase más de la maternidad, y que estás orgullosa de estar viviéndolo con él. Porque es verdad, lo estás. Las cosas ya no van a volver a ser como antes porque ya no vais a salir de juerga hasta las tantas, ni vais a poder comer tranquilos en un restaurante durante mucho tiempo, pero esto es ahora así porque lo habéis elegido a cambio de una vida nueva en la que, puntualmente, se pueden echar de menos momentos locos, pero que es mucho más plena y que, con un poco de paciencia, os unirá mucho más que antes.

PORTABEBÉS

Me parece interesante escribir este post porque muchas veces venden como ergonómicas mochilas que no lo son, y muchas veces las mamás tampoco tenemos ni idea y nos fiamos del vendedor (que muchas veces, tampoco tiene ni idea). A mí misma me regalaron en su día la Babybjörn y ponía en los papeles que era ergonómica. ¡Mentira cochina!

Cosas a tener en cuenta para saber si una mochila es ergonómica: 
-El bebé tiene que ir sentado (y la gente nos sentamos con el culo), no colgado por entre las piernas, lo que además de cansarle, puede provocarle irritaciones.
-Se debe respetar la postura fisiológica del bebé: piernas separadas y flexionadas, rodillas al menos a la altura del culete y espalda en forma de C.
-Debe tener también buena sujección en el.cuello.

Beneficios de una mochila ergonómica: 
-El bebé está colocado a la altura óptima, pegado al cuerpo del/a papá/mamá y protegido.
-El peso se reparte entre la cadera, hombros y espalda del porteador, permitiéndole llevar más peso (son mochilas válidas para niños de hasta 2 años o más) y no cargar la espalda.
-Con la postura fisiologica el peso del bebe recae sobre el porteador, por eso no fuerza su la espalda. 

Tipos de porteo ergonómico: 
Mochilas: Ideales para los papás, que no les suele gustar la idea de llevar un fular. Suelen tener varias posiciones para llevar al bebé. No se recomiendan antes de los cuatro meses, aunque hay algunas que, con adaptaciones, pueden usarse desde el nacimiento, como Emeibaby. Según la marca, están entre caras y carísimas, pero se amortizan porque duran mucho.

Mei-tai: Se podría decir que son las mochilas originales. En ellas se han basado los portabebés modernos. Es más sencilla y mucho más barata y se ata con nudos. Existen mei-tais evolutivos que pueden usarse desde el nacimiento. Suelen tener diseños muy bonitos y apenas ocupa espacio, lo que lo hace perfecto para llevar en el carrito y sacarlo cuando sea necesario.
Fular: Es una pieza larga de tela (unos cuatro metros de largo por medio metro de ancho) para portear al bebé desde el nacimiento. En youtube encontraréis tutoriales sobre cómo ponérselo. Los tejidos no elásticos duran hasta el final del porteo (los elásticos son cómodos hasta los 8-9 kg. generalmente).

Bandolera: Es una tela similar a la del fular pero con unas anillas para sujetarlo que se pueden ir regulando según el tamaño del bebé. Es el más discreto para favorecer la lactancia.
Pouch: Parecidos a la bandolera, pero de una sola pieza, tipo bolsa, y elásticos.
Ayudabrazos: No son un portabebé como tal sino más bien una ayuda para llevarles cogidos, apoyando el peso en un solo hombro. Pueden utilizarse desde el nacimiento para amamantar o en posición erguida desde que se mantienen sentados. Son muy cómodos en bebés mayores que quieren estar subiendo y bajando de los brazos continuamente y para bañarse.

El Temor más Grande



Uno de los temores más grandes de cualquier padre es que le pase algo a su hijo(a), y ese algo sea lo más terrible que le puede suceder a un ser vivo y es la muerte.
No pensé que fuera a hablar de este tema pero creo que es un tema latente en nuestras vidas como padres, imagino que ha sido un temor vigente durante mi niñez y que mi madre lo debe haber sufrido muchas veces, no saber de mi por alguna razón mientras estoy viajando de un lugar a otro en un micro o a pie o estar esperando en vela mientras yo llego de una salida a bailar o del cine, son las cosas que uno no las entiende hasta que le toca vivirlas.

Mi hija tiene poco más de un año pero el simple hecho de estar lejos haciendo alguna otra cosa que evita estar en casa para cualquier emergencia como que te quita el aire que respiras, no es que le vaya a pasar algo pero la preocupación te carcome mientras estas fuera del alcance y solo una llamada telefónica pueda marcar la diferencia.

Cuando mi hija nació y empezó a vivir con nosotros estas al pendiente de si respira, de si se mueve, se golpea, si se puede ahogar, si está echada correctamente, si hay mucho calor o mucho frio y estas con esos temores y muchos otros más, tanto así que cuando ella dormía en las noches a veces me acercaba a ver si respiraba, ponerle un espejo para ver si se opacaba con la respiración o mirar detalladamente si es que su pecho se movía, a veces parecía que no se movía y a uno no se le ocurría pensar en lo peor.

Ahora que está un poquito más grande el tema sigue ahí, ahora que estoy trabajando en un horario regular, el temor sigue ahí, pero se ha intensificado un poco más, como ahora hace muchas cosas más el riesgo es mayor, y estoy pensando en lo que podría suceder, si mi esposa podría reaccionar rápidamente en atender lo que fuera o si yo estoy lo suficientemente cerca como para llevar volando en caso de una emergencia, uno lo piensa con la cabeza fría cuando ves todas las posibilidades, evalúas los pros y los contras, calculas distancias, velocidad, rutas y todo lo demás pero cuando realmente sucede algo la locura se cruza en tu camino y todos los planes se vienen abajo porque no piensas con la cabeza, la testosterona sube rápidamente y tú quieres llegar como sea, sin importar lo que este en tu camino. Que suene el teléfono con un número desconocido pensando en que te están llamando para darte una noticia mala es latente.

Por ejemplo hace unos días fui con mi mamá al cine, después de muchas lunas que no salíamos juntos, y en este cine que está en Larcomar la señal de los celulares se vuelve nula, mi cabeza estaba a mil, si sucedía algo y no me podían llamar, como iba a poder ir a ayudar, esa locura de los 5 minutos te puede hacer perder los papeles, sé que puedo confiar en mi esposa para cualquier cosa pero igual no puedes evitar pensar en lo peor.
De igual forma me pasa cuando sale con la bebé, si se va de compras o si tiene que ir en micro a algún lugar más o menos lejos, ir a visitar a mi suegra, cosas así, pensar en si el taxi o el micro llega bien, sino se accidento o lo que sea, se ven tantas cosas en la televisión que las imágenes te lavan el cerebro y te mueven el piso completamente.

Pensar, pensar y pensar, imaginar lo inimaginable, ya sé que debería tener más confianza pero a veces las partes terceras terminan involucrándose y metiendo la pata en tal sentido que afectan de manera terminal a otras personas y en un abrir y cerrar de ojos puedes perder a tus seres queridos, por eso los temores existen y tenemos que aprender a vivir con ellos, con el dolor de mi corazón tengo que tener suficiente fe todos los días para salir de casa y volver por la noche y ver que todo sigue igual que cuando me fui, mi hija corriendo por toda la casa sonriendo y bailando y mi esposa tras ella como buena guardiana, mientras tenga esa imagen en la mente puedo seguir tranquilo pero siempre algo atemorizado, no lo podemos evitar.

No me puedo ni imaginar lo que significaría perder a mi hija y para aquellas personas que han sufrido una perdida, y lo digo en serio, de verdad  lo siento mucho y lo digo con el corazón en la mano, tengo una amiga que conozco desde hace más de 12 años que ha pasado por esto y la verdad es que no hay palabras que puedan calmar o aliviar el dolor que un padre o una madre puedan sentir en ese momento, la fuerza y la resistencia que deben de tener para seguir adelante debe ser impresionante y la verdad, aunque algunos me odien por esto, no me gustaría estar en ninguno de los zapatos en el momento en el que sucedió, sé que es un tema bastante doloroso y me ha costado mucho comentarlo porque encontrar las palabras adecuadas ha sido difícil, incluso había pensado mucho mencionarlo.

Por Juan Manuel Palacios 
 http://papaenaccion.blogspot.com.es/

Más humanos y menos –ISTAS-

Más humanos y menos –ISTAS-
Escribo para dar apoyo a mi compañero Pau Almuni
Al igual que él, no hay día más importante que otro, pues no hay personas más importantes que otras por su sexo, raza, credo…Lo que importa de las personas es su bondad, su humildad, su espíritu de lucha, su entrega por cosas fuera de él o ella misma. Casi parece que estoy definiendo la idea de la crianza con apego ¿verdad? Y es que, antes, la humanidad estaba más cercana a esos Valores positivos humanos. A medida que nos hemos ido mecanizando, materializando, e incluso puesto código de barras, nos hemos alejado de la familia, y a través de un mal entendido feminismo, hemos roto el cordón umbilical, el nexo de unión natural con nuestro útero, con nuestra maternidad. La mujer, sin saberlo y anónimamente, ha realizado una aportación inconmensurable.
Cada vez que hablo del útero, y nuestra unión con él, me salta una feminista con que “si las trato sólo como vacas gestantes”, evidentemente no, no creo que nuestra única finalidad en el mundo sea la de parir, pero dejadnos a las que queremos parir en paz y no nos infravaloréis.
Aquí hay demasiada inquisición, las brujas que antes ardían, ahora quieren ser los santos inquisidores. Hago este símil porque muchas feministas se llaman, a sí mismas, descendientes de brujas “Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar en la hoguera”. Personalmente siempre he creído que ha ardido la disidencia, los que se temían porque sabían más, los que molestaban, los que no obedecían la norma. No ardió Juana de Arco por bruja, no, su hoguera se prendió porque la traicionaron, porque la envidiaron, porque se atrevió a ser ella misma, también han ardido hombres… Nosotros preferimos arder en la hoguera a dejar de ser nosotros mismos y a defender lo que creemos mejor para todos, incluidos nuestros hijos y su futuro.
Existe el día del hombre, pero nadie se entera. El día de la mujer…trabajadora…valga la redundancia, pues salvo alguien rico TODOS TRABAJAMOS DE TODA LA VIDA, sabemos que se hace en homenaje a las más de 140 jóvenes trabajadoras, que murieron en el trágico Incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. No hablamos gratuitamente, sin saber, como muchas dicen. Pero han sido muchos los trabajadores de todo sexo los que se han visto explotados y muertos, tendríamos que hacer tristes celebraciones a diario me temo…
Trabajadoras, cuando se añade esto al día de la mujer me siento insultada, siento que insultan a todas las mujeres de la historia, a mi madre (aunque trabaja fuera de casa también) a mis abuelas, bisabuelas… ¿no es trabajo lo que se hace en el hogar? El desprecio que el colectivo feminista ha hecho de nuestra eterna contribución a la humanidad es un insulto. Ser ama de casa no es una degradación tal y como lo dibujan. Lo que nos degrada es ser cada vez menos humanos y más mecánicos. Entrar en el mercado de trabajo, que ya explotaba al hombre, no nos ha liberado de nada, nos ha robado el poder disfrutar de ser madres plenamente, a la que desea serlo. Ahora no hay marcha atrás, antes era optativo trabajar fuera de casa, ahora el nivel de vida obliga a la pareja a estar fuera de casa, condenados a vernos sólo para cenar y dormir, y con suerte el domingo. Nos hemos condenado, y hemos condenado a nuestros hijos a guarderías, a carencias afectivas, a la soledad…Queríamos votar, queríamos poder decidir sobre nuestro futuro, nuestra formación, nuestro esposo o pareja, queríamos tener el derecho humano que –dicen- todo humano posee, pero no queríamos que se nos robara el derecho a ser MADRES, ni queríamos que se le robara a nuestros hijos el derecho de tener MADRE, de lactar naturalmente, de disfrutar de mamá sin un reloj que mida los tiempos y por supuesto de su padre.
Queremos y exigimos, hombres y mujeres, poder disfrutar de nuestras familias, de la pareja. No queremos vivir separados y bajo el mismo yugo. No queremos vivir enfrentados, mal compitiendo y siempre con el, “y tú más”, bajo el mismo sistema opresor.
Aquí no somos hombres y mujeres, aquí somos padres sin @ ni X, no hay miembros y miembras…para que alguien no se sienta excluido u ofendido, porque aquí nadie tiene complejo de ser quien es.
Yo NO soy feminista, y somos muy MUJER, si pudiera volver a nacer desearía nacer de nuevo mujer, pero soy ante todo un ser humano, no mi sexo, no doy la mano con él, no pienso con él, ni trabajo con él…Todos nos damos la mano, y pensamos con la cabeza, aunque unos seamos rubios o morenos, todos queremos a nuestros hijos, todos queremos mejoras y contribuimos a ellas con distintos tipos de trabajo, y todos queremos poder disfrutar de lo básico y en paz entre hombres y mujeres, porque la guerra no es contra un sexo, sino contra las injusticias, siempre ha sido y debería haber sido así, cuando no lo es, es cosa del poderoso que siempre nos maneja a su antojo y nos distrae de la verdadera diana, poniéndonos delante a otras que les interesa.
Yo también “creo que hace falta un nuevo cambio, un nuevo empujón, y para ello no valen las tácticas y estrategias antiguas. Esas fueron rupturistas en su momento, pero creo que ya no valen.” Pero creo que el cambio está en TODOS, y que ciertamente “hay que ir a la raíz, al núcleo, y cambiarlo.”
“Y no vale darle al RT muy fuerte desde el sofá, al Like de ese grupo de feminazis, firmar en Change.org o escribir un artículo muy ácido en tu blog. Eso solo lo verán tus seguidores o los ya convencidos para la causa.
Sal de tu zona de confort y haz cosas.”
Si quieres cambiar algo, empieza por ti mismo, luego sigue en tu familia, educa en el cambio, con mucho amor, sigue con tu círculo, y finalmente todos nos encontraremos.
Ni mejores hombres, ni mejores mujeres, lo imprescindible es ser mejores personas.
Mayka Martín

      Los entrecomillados son extractos del texto del compañero Pau Almuni

8 y 19 de Marzo, 3 de Mayo, por Pau Almuni

No quiero entrar en si es importante que haya “Día de XXX” o no. Creo que es bueno porque ese día se le da visibilidad al tema, pero que los otro 364 días no. Ni en debates comerciales, de estos días que ha creado el Corte Inglés para que compremos corbatas y colonias.

Si que quiero entrar en esto: Día de la Mujer, Día de la Madre vs Día del Padre. Si ahora digo: “Deberíamos crear el Día del Hombre”, moriré en la hoguera. Si digo “Por qué un día de la Madre si ya hay el día de la Mujer”, moriré en la hoguera y antes me habrán apaleado. Además, que no lo pienso. 
Pero el día de la mujer me da mucho que pensar. Hace poco, en un taller de diversidad (www.shiftbalance.org), me preguntaron si me consideraba feminista. Dije que no. Que aunque si que creía que nuestra sociedad es machista (patriarcal o como sea), no creía que desequilibrar la balanza fuera la solución. Que me consideraba igualitario. Que los movimientos radicales de mujeres mejores que los hombres me generan la misma repulsión que los de hombres mejores que las mujeres. Y que hoy en día la sociedad se había acomodado pues la balanza ya no estaba tan desequilibrada.
Luego, me explicaron que Feminismo no era eso, en su esencia. Que la definición de feminismo, la de la RAE, Wikipedia y demás, era otra (si os interesa, la buscáis).
Así pues, yo sí que me considero feminista. Creo que soy muy feminista. “I’m a feminist” que suscribió Obama. Creo que hace falta un nuevo cambio, un nuevo empujón, y para ello no valen las tácticas y estrategias antiguas. Esas fueron rupturistas en su momento, pero creo que ya no valen. Creo que ahora el cambio ya no está en vosotras, sino en nosotros. Hay que ir a la raíz, al núcleo, y cambiarlo. Porque hablar de feminismo a mujeres conscientes de ellos, o a los hombres que lo somos… para que? Ya los tienes ganados desde el principio. Hay que ir a los que ni te escuchan ni quieren hacerlo. 
Y no vale darle al RT muy fuerte desde el sofá, al Like de ese grupo de feminazis, firmar en Change.org o escribir un artículo muy ácido en tu blog. Eso solo lo verán tus seguidores o los ya convencidos para la causa.
Sal de tu zona de confort y haz cosas.

Papichulo, por Pau Almuni

Los hombres que cuentan

Padres. Ese ser etéreo. Algunos son como el Guadiana: aparecen y desaparecen por arte de magia. Otros, ni están ni se les espera. Otros siempre están a la expectativa, respondiendo y ayudando cuando hace falta. Pero sin iniciativa.

¿Cuando nace esa desconexión? Mi humilde opinión, basada en hechos científicos propios, es que son la combinación de dos grandes factores.

El primero, nuestra educación y sociedad. A los hombres no se nos ha educado para cuidar, y nuestra sociedad no nos ha llevado hacia ello. Somos los fuertes, los líderes, los valientes, somos gladiadores. Estamos ahí para eso, para salir en la foto grandes, fuertes, marcando abdominales, ligando con todas.

El segundo, el embarazo. Ese es el segundo momento de desconexión. Al saber que tendremos un-a hij@, todos los miedos, dudas e ilusiones se nos vienen encima. Nos replanteamos todo, miramos hacia nuestro pasado y hacia nuestro futuro. Pensamos que nos pasó a nosotros y que queremos que les pase a nuestro hijos. Ahí podríamos reengancharnos, borrar o limpiar el pasado cuando fuera necesario. Darle al reset y educar y críar a nuestros hijos con otra filosofía. Pero no sacáis mucha ventaja.

Nos sacáis los 9 meses de embarazo más los que sean de lactancia (4, 6, o 36…). En ese período, nosotros estamos igual de preocupados que vosotras. Queremos ser igual de partícipes, tener el mismo protagonismo y responsabilidad que vosotras. Pero es difícil. Porque la barriga es vuestra, la teta es vuestra, el apego es vuestro. Así que poco a poco nos vamos distanciando; dejamos en vuestras manos toda la responsabilidad. Nos metemos dentro del armario.

Se que es triste pedir, pero más triste es borrarse. Sé que ya tenéis suficiente con lo vuestro. El embarazo, el parto, la crianza… como para tener que pensar también en esto. Pero es una inversión muy rentable. Todos seremos más felices si los hombres nos implicamos y nos mantenemos implicados. Así que creo que merece la pena!

 #Siloshombreshablasen

¿No conoces #siloshombreshablasen? Pero en que mundo vives? Hemos salido en el periódico, en la radio, en la tele (de público en el Pasapalabra)… ¡así que ya es hora!

Somos un grupo de padres (si, padres, hombres… ya sabes) que nos reunimos físicamente en sitios para hablar de nuestras cosas. Tenemos varios grupos abiertos con reuniones periódicas (Madrid, 2 en Barcelona, Bilbao) y varios en construcción. Nos encontramos para hablar de crianza, paternidad, conciliación, cremas para el culete del niño, guardarías o madres de día…

Si, aunque no lo parezca o no lo creáis, nos preocupan estas cosas. Queremos implicarnos en la crianza y educación de nuestros hij@s.  Venir al pediatra, llevarlo de urgencias, cambiarle los pañales a medianoche y decidir que ropa llevan por la mañana. Que se duerman igual con nosotros que con vosotras. Dejar de trabajar para estar con ellos. Seguir estando con vosotras aunque ellos estén aquí. ¡Queremos todo esto y mucho más!

Por eso nos reunimos; para compartir miedos, dudas y problemas. Pero sobretodo para compartir alegrías, aclaraciones y soluciones.

 

Matronas vs Doulas: un tema de carencias sociales, por Catalina Echeverry

Enlace al post original: http://www.mamatambiensabe.com/2015/02/matronas-vs-doulas-un-tema-de-carencias.html

Pues aquí estoy también yo dando mi opinión por petición de algunas amigas. Que sepan ustedes que no me gusta entrar en los debates que se caldean en las redes sociales porque por lo general responden al calor del momento. Pero en esta ocasión es diferente, no se trata de un malestar de la blogesfera maternopaternal solamente, aquí estamos hablando de cosas que a priori no se ven, pero están ahí… presentes, entre líneas.

Por si aún existe alguien por ahí que no sepa de que va el tema, les aconsejo que lean el artículo muy bien contrastado de el periódico ABC o hagan la búsqueda “Informe Doulas”. Total y en resumen no se trata más que de el grito al unísono de un colectivo que se ha visto amenazado por las practicas de otro colectivo que bien podría no existir, pero que responde a un vacío de la sociedad, a una necesidad intrínseca del ser humano: el acompañamiento.

¿Que si deben o no existir las Doulas?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Yo diría que dadas las circunstancias actuales y el nuevo modelo social en el que las familias son cada vez menos cercanas (tanto física como emocionalmente), que las mujeres estamos cada vez más desconectadas de nuestra capacidad de maternar (años de tener que escuchar que el parto es doloroso, que mejor la epidural, que no tienes porque sufrir, que una cesárea programada es ideal para todos -sobretodo para el médico- que todo lo que necesitas está a portada de tarjeta de crédito: cuna, arrullador, biberones, calientabiberones, pastillas para interrumpir tu lactancia, porque claro… si no puedes dar de lactar no pasa nada, que mejor hacerte una ecografía en 4D cada dos meses así puedes “conectar” con tu bebé y saber cómo es… en fin) que el desmesurado flujo e influjo de información en lugar de dejarnos las cosas más claras a veces nos produce mayor incertidumbre, más dudas, mas miedos… y que dadas las actuales circunstancias, de soledad de soledades en las que solemos encontrarnos las madres gestantes y los padres acompañantes… SI, menos mal existen!

Según el Informe Doula, éstas han surgido debido a un “vacío legal que permite que personas sin la formación sanitaria acompañen a las mujeres gestantes e intervenir”. Yo aquí haría una puntualización… el vacío no es legal, no… el vacío es social!

Que si las matronas tienen en su deber y haber el acompañamiento y por eso hay intrusión en las funciones, no lo voy a negar que pueda llegar a ser así; pero si las matronas realmente hicieran ese trabajo de acompañamiento durante la gestación, el parto y el puerperio, permanente, cercano, directo y personalizado que las gestantes merecemos y deseamos, entonces muy seguramente la figura de las Doulas no sería necesaria ni accesoria.

Aquí lo que debería preocupar a la sociedad no es si hay o no prácticas “caníbales por proponer la placentofagia” o si son sectas que hacen rituales, porque no se trata de una cacería de brujas, que esas creía yo eran propias de los siglos del oscurantismo.. (ah pero se me olvidaba que parece ser que en paralelo a la nueva era o Era de Acuario hay una Era del Nuevo Oscurantismo que ve como amenaza cualquier cosa que no esté escrita y regida por unas normas del siglo pasado o más…) No, nada de eso debería preocuparnos, lo que nos debería estar ocupando en estos momentos es saber qué pasó con la Red de apoyo familiar o tribal, qué estamos haciendo como sociedad para acompañar a estas madres solas, llenas de temores, de angustias, de dudas… y entonces tal vez encontremos que en cierta medida todos podríamos ser ese apoyo… no sólo las Doulas o las matronas.

Y es que en éste país todo lo que tenga que ver con “Parto respetado”, “Lactancia Materna”, “Empoderamiento de la maternidad” o “Aborto” enciende las alarmas… Curioso, que todo lo que esté relacionado con la libertad de decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo de inmediato es asumido como una afrenta al sistema en general y motivo de polémica y ataque leguleyo (uy… no muy lejos de lo que sucede en África con la MGF) que miedo!!!

Hago ahora un inciso… mi experiencia con las matronas de éste país ha sido más que lamentable. De las 8 o 9 que me vieron durante el embarazo y las dos del parto, no hubo una sola que me mirara a los ojos, que me tomara de la mano, que se preocupara por mi o por mi marido, todo lo contrario, a mi pobre marido siempre lo sacaban de la sala… y el matrosaurio que me hizo un tacto en la semana 37 sin mi consentimiento y que me produjo hasta un pequeño sangrado, y que al yo quejarme me dijo (textualmente) – No se queje, que el agujero ya lo trae de casa! … le deseo un buen retiro… porque es un monstruo que no debería ejercer una profesión tan noble que requiere mucho más que una formación sanitaria… una formación humanística: porque no somos ganado! somos personas que merecemos mucha consideración!.

¡Es mi cuerpo y yo decido!

La Tribu, por Roberta Bastiani

El universo sobre mi

Ya he tenido suficiente,
necesito alguien que comprenda
que estoy sola en medio de un montón de gente
Qué puedo hacer

Quiero vivir, quiero gritar,
quiero sentir el universo sobre mí
Quiero correr en libertad,
quiero llorar de felicidad
Quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí
Como un naufrago en el mar, quiero encontrar mi sitio
Sólo encontrar mi sitio

Estas palabras pertenecen a la canción de Amaral titulada El universo sobre mí, y explican perfectamente cómo me sentí muchas veces cuando me convertí en madre. Sola en medio de un montón de gente, nadando contracorriente, diciéndome a mí misma viendo lo que se considera normal, me alegro de ser rara, pero al mismo tiempo sufriendo la gélida caricia de la incomprensión.

Creo que hoy en día el hecho de tener un hijo parece dar vía libre a las opiniones no solicitadas: recuerdo todas aquellas visitas congregadas alrededor de mi cama de hospital explicándome lo mal que lo estaba haciendo; esas charlas vacías con las mamás del parque, esas que tienen bebés que duermen solos desde temprana edad, se salen de todas las curvas de los percentiles, dejan el pañal con 18 meses sin un solo escape y nunca jamás tienen una rabieta, reflejo de la excelente educación que les brindan sus padres; esas críticas bienintencionadas y con intención de ayudar de amigos y familiares, que se consideran con derecho a aleccionar por el simple hecho de haber tenido más hijos, o haberlos tenido hace unas cuantas décadas, o que sin haberlos tenido siquiera piensan que es su deber imponerte su punto de vista basado en “lo que siempre se ha hecho”; esas dudas que corroen, ¿será normal? ¿lo estaré haciendo bien?, dudas que no me atrevía a preguntar en la mayoría de los casos.

Ser madre supuso un antes y un después en mi vida, pero también me ayudó a darme cuenta de lo sola que estaba, solo éramos mi marido y yo, dos náufragos abrazados que intentaban ver más allá del horizonte.

Sé que no es totalmente cierto, pero en esos primeros tiempos sentía que no tenía a nadie: mi madre había muerto, mis abuelas y mi tía también, la familia política no compartía mi visión de la maternidad, mis amigas sin hijos iban a otro rumbo y a mis amigas con hijos les notaba una pizca de cariñosa condescendencia.

Dos años más tarde, me encontraba desesperada por un supuesto problema de sueño de mi hijo; en realidad, no era un problema propiamente dicho: simplemente, el niño no dormía como se suponía que debía hacerlo, me decían que tenía el famoso “insomnio infantil por hábitos incorrectos” por mi culpa, y que tenía que “curarle” dejándole llorar.

Esa noche, me senté frente al ordenador y tecleé por primera vez las palabras que cambiaron mi vida: Dormir sin llorar. Así fue como encontré el foro, mientras dejaba escapar un suspiro de alivio al darme cuenta de que, al fin y al cabo, mi hijo era perfectamente normal.

Tras un tiempo prudencial leyendo en la sombra, decidí publicar tímidamente mi primera consulta. Unas horas más tarde, recibí una respuesta. Para ser sincera, no recuerdo exactamente qué me dijo, porque lo que realmente me llegó iba más allá de las palabras: una persona que no me conocía de nada había dedicado unos minutos de su valioso tiempo a escribirme unas líneas con el único objetivo de hacer que me sintiera mejor. Había tendido un puente entre su mundo y el mío, me había ofrecido una mano amiga a la cual agarrarme para dar el salto a una nueva dimensión.

Esa es la esencia de los foros, las webs, las redes sociales, los grupos de whatsapp. Una tribu virtual, a menudo desperdigada a lo largo y a lo ancho del globo, personas que en ocasiones están a miles de kilómetros de distancia y a las que notamos más cercana que el vecino de abajo. El anonimato de los nicks, la pantalla que sirve de barrera a menudo hacen que nos abramos más, y acabemos contando a una mamá desconocida lo que no nos atrevemos a compartir con la cuñada.

Hemos perdido el espíritu de la tribu, nos pasamos la vida compitiendo y hemos olvidado lo que significa cooperar, estamos demasiado ocupados para pararnos a escuchar, para dar un simple abrazo a quien lo necesita. Vivimos enlatados, al lado de vecinos de los que no sabemos nada excepto unas pocas frases captadas a través de la pared. Nuestros niños son solo nuestros, de unos padres que en ocasiones tienen que hacer malabares para poder dedicarles el tiempo que se merecen y compatibilizarlo con el trabajo y con un sinfín de obligaciones. Ya no son de todos como antaño; no me refiero a esa nostalgia rancia y retrógrada de quien añora los tiempos en los que se podía dar un coscorrón al niño del vecino sin que te denunciaran por maltrato infantil, sino al sentimiento de responsabilidad colectiva, a la obligación moral de no permitir que un niño se extravíe, a no mirar hacia otro lado si se pone a jugar con una botella de cristal.

Ese espíritu lo estamos recuperando, está a un clic de ratón de distancia. Puedo exponer algo que me preocupa y en algún momento alguien al otro lado encontrará unas palabras para mí; puedo intentar ayudar a mi vez a alguien que lo necesita. Pero me gustaría tener a mi tribu cerca, lo bastante cerca para poder dar y recibir achuchones en los momentos de bajón, para preguntarles por sus revisiones médicas y las tutorías en el colegio sin tener que tirar de nuevas tecnologías; en Dormir sin llorar solíamos bromear con comprar una isla polinesia como hizo Marlon Brando y montar allí una comuna de crianza con apego. Si algún día se tercia, contad conmigo.

Para terminar, un abrazo enorme a todas las personas que forman parte de mi tribu: no os voy a nombrar porque no quiero cometer el imperdonable error de olvidarme de alguien, pero sabéis quiénes soy. Gracias a vuestro apoyo, ya no me siento sola en medio de un montón de gente.

Por cortesía de  http://elmundodekim.blogspot.com.es/

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