Desarrollo moral. Premios y castigos

Muchas veces hemos hablado de los castigos, pero los postulados de la crianza natural, no ponen en tela de juicio solo la eficacia y la moralidad de estos, sino que critican, por extensión, a todas las técnicas conductistas, incluyendo cualquier tipo de refuerzo, aunque sea positivo.

Se trata de que la motivación de el/la niño/a para hacer o no hacer algo, no debe estar condicionada a los refuerzos que obtendrá como resultado de esa conducta sino a la conducta en sí.

¿Pero es posible que un/a niño/a pequeño atienda a su propia conciencia antes de realizar un acto instintivo?

El psicólogo Lawrence Kohlberg postuló la teoría del desarrolló moral más aceptada hasta nuestros días, partiendo de que los diferentes estadios morales implicaban necesariamente haber alcanzado ciertos estadios cognitivos que le permitan al/la niño/a asumir puntos de vista ajenos.

Estadios del desarrollo moral según Kohlberg:

-Etapa preconvencional: Abarca toda la niñez, hasta la adolescencia y se divide a su vez en varias etapas:

  • Etapa 1: El/la niño/a no entiende la relación entre un acto y su refuerzo. Aprende que ciertas acciones ocurren automáticamente después de otras, pero no ve su relación. Para superar esta etapa, pues, deberíamos hablar con el/la niño/a, y tratar de hacerle ver las consecuencias naturales que tienen sus actos (por ejemplo: Si sale de casa sin abrigo tendrá frío). Imponer, pues, un castigo o un premio a una conducta es absurdo en esta etapa porque no hará que aprenda el significado bueno o malo de tal acción. 
  • Etapa 2: Reconocen los castigos y las consecuencias como respuestas a sus acciones, pero las basan en eso: en los refuerzos y no en la calidad del hecho en sí. Aún no reconocen el bien o el mal como tal, pero sí las consecuencias que implica algo, siempre desde un punto de vista material. Ejemplo: Si le quita un balón a otro/a niño/a, sabe que podrá jugar, y eso es “bueno”, pero aún no reconoce que robar sea malo. Castigarle por este hecho no le ayudará a entenderlo. En cambio, lo que deberíamos hacer es ayudarle a entender y razonar para facilitarle poco a poco el paso al siguiente estadio moral.

-Etapa convencional: Surge a partir de la adolescencia:

  • Etapa 3: Es un tipo de moral basada en la asunción de los roles internos. Ya se ha formado el autoconcepto en función de la educación recibida y a las diferencias percibidas respecto a sus compañeros. La identidad de género, de clase, etc., hace que el menor base ahora su consideración del bien y del mal en lo socialmente aceptado (es bueno lo que complace a los demás). Siempre se sigue buscando el propio interés, pero sin dañar a otro. El bien se considera moneda de cambio: “Tú haces algo por mí; yo hago algo por ti”.
  • Etapa 4: Aparece la conciencia social. Un paso más allá de la etapa anterior, la lógica formal que caracteriza a esta etapa hace que la toma de conciencia sobre lo socialmente aceptado conlleve una especie de democracia para mantener el orden. Ahora el mal no se trata de evitar por miedo a las consecuencias sino por “civismo”.

-Etapa postconvencional: Es el nivel al que aspiramos que lleguen nuestros/as hijos/as (y llegar nosotros), aunque muchos no lo consiguen. En este punto miraríamos más allá de las normas sociales para llegar a juzgar los principios en los que se basan.

  • Etapa 5: Se empiezan a cuestionar las normas que se consideran injustas.
  • Etapa 6: El adulto ya habrá desarrollado su propio código ético que trasciende las leyes, con una serie de principios en base a los cuales define el bien y el mal y actúa en coherencia a ellos.

Esta secuencia de estadios estará condicionada por el desarrollo cognitivo y emocional del niño/a y estos, a su vez, por la educación recibida y los estilos de crianza de sus padres y madres.

Un código legal casero basado en normas por las que se obtienen recompensas y castigos, no tiene sentido puesto que, cuando aún son muy pequeños, no entenderán la relación entre estos con sus propios actos y, más adelante, este tipo de normas no les ayudarán a desarrollar su propia individualidad.

No digo que tratando de razonar con ellos nos vayan a entender como cuando hablamos con un amigo después de un malentendido, porque un/a niño/a pequeño/a que aún no ha desarrollado capacidades empáticas, no comprenderá las consecuencias de sus actos en otra persona por más que se lo expliquemos, pero de esta manera le estamos ayudando a dar ese paso en su desarrollo y, al mismo tiempo, estamos enseñándole la manera correcta de resolver los conflictos, aunque ahora no lo entienda.

Por todo ello, tanto los premios como los castigos no ayudan en absoluto en la educación de un/a niño/a a largo plazo, al contrario. Por no hablar de los conflictos morales que suponen el hecho de chantajearles, ya sea con un refuerzo negativo y positivo, y ya sea este material o emocional. Es decir, “si estudias vamos al cine”, es una consecuencia que debemos tratar de evitar tanto como cualquier castigo. No les queremos porque se porten bien sino porque somos sus padres y el amor es incondicional. Ese es el tipo de relación que queremos que mantengan más adelante con sus iguales para evitar situaciones de maltrato, acoso, bullying, etc.

No se trata de validar y “poner un precio” a todo lo que haga el niño, bueno o malo, sino de demostrarle que estamos siempre a su lado, que le queremos, que valoramos lo que hace y cómo se siente.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana y directora editorial.

Comparaciones

Esta escena que voy a contar tuvo lugar en la revisión de los 12 meses de mi hijo mayor, en la consulta del enfermero de pediatría, hace ya 14 años:

Él le midió, le pasó, comprobó todas esas cosas y después se sentó en su mesa, anotó todas las medidas en una gráfica y me preguntó: “¿Ya hace torres?”.

No me lo esperaba. Me quedé un poco confundida, dudé un segundo y dije: “mmm… No. La verdad que no hace torres”. Entonces el enfermero apuntó en sus papeles “No hace torres”.

Me quedé ralladísima. ¿Debería hacer torres? ¿De cuántos pisos exactamente? ¿Con piezas encajables o con cubos? Ante la duda, le compré las dos cosas.

Recuerdo que en el trabajo le preguntaba a mi compañera: “¿Tu hijo hace torres?”, y mi compañera, que tenía un niño de dos años, me decía que sí, que hace bastante tiempo que hacía torres, y yo me ponía de los nervios. ¿¿¿Por qué el mío no hace torres???

En casa, me sentaba con mi hijo en el suelo y le iba ayudando a hacer las puñeteras torres. Al principio no mostraba ni él más mínimo interés, pero poco a poco le fue cogiendo el truco, así que en la revisión del los 18 meses, llegué muy confiada: El pediatra le midió, le pesó, comprobó todas esas cosas y después se sentó en su mesa, anotó todas las medidas en una gráfica y, antes de que pudiera preguntarme nada le dije: “Ya hace torres”. Sin mirarme, mientras hacía sus anotaciones, me contestó: “Ajá. ¿Y dibuja círculos?”. ¿¿¿¿¿????? Y vuelta a empezar.

Mi hijo va a hacer ahora 15 años, acaba de terminar 3º de la ESO y ha tenido un desarrollo totalmente normal.

Parece que en los últimos años las cosas están cambiando porque con mi hija pequeña no me he encontrado semejantes gilipolleces, pero fuera de la consulta del pediatra los cambios van mucho más lentos. De hecho, tengo a una vecina traumatizadísima porque su nieta de 10 meses y medio no anda y mi hija sí andaba con esa edad, y tengo a mi madre traumatizadísima porque mi niña, con casi 13 meses, no dice ni una sola palabra. A mi me parece que se explica de maravilla sin necesidad de palabras, pero a mi madre no le convence ese razonamiento porque dice no es normal que no diga ni siquiera “mamá” cuando yo con esa edad ya sabía prácticamente decir “Pablito clavó un clavito, ¿qué clavito clavó Pablito?”. (Aclaro, por si acaso, que mi hija sí dice ma-ma, pero no lo hace para referirse a mí. Claro, como estoy todo el día al lado, no necesita llamarme).

¡Qué estrés tiene la gente en general! ¿Tu hijo no anda? ¡Pues ya andará! ¿A qué viene tanta prisa? ¿No habla? Ya hablará… Y echaremos de menos que se calle un rato. El hecho de que un bebé alcance un logro a una edad temprana no es garantía de que sea más inteligente que el resto, ni de que vaya a conseguir todos los demás logros igual de rápido, ni de que lo vaya a hacer mejor que nadie que aprenda más tarde. Para lo único que sirven los logros tempranos es para que los padres se hinchen como pavos y compitan entre ellos. Así que si tu bebé tiene un año y no anda, ya andará, pero, por favor, no lo fuerces, no le obligues a mantener posturas para las que no está preparado, respeta sus ritmos. Te lo agradecerá.

Puedes leer más información sobre estimulación temprana aquí.

————–
Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

El “no” y las rabietas

Las familias que defendemos la crianza con apego, consideramos al niño un miembro más de pleno derecho, tan digno como cualquier otro. Por tanto, siempre debe ser escuchado, atendido y tenido en cuenta. Si a nuestra pareja, por ejemplo, no le desatenderíamos en ningún caso cuando necesita apoyo emocional, a nuestro hijo mucho menos, ya que se trata además de una persona más vulnerable cuyo mundo gira en torno a nosotros. Si los adultos sufrimos cuando no nos sentimos queridos, podemos imaginar el sufrimiento que llegan a tener los niños que se sienten totalmente desamparados cuando se les deja llorar por motivos tan frívolos como “estoy ocupado con el móvil, que no se acostumbre a que siempre le voy a tener que hacer caso al momento”. Pero, por supuesto, el niño es una persona que está aprendiendo, de modo que no debemos caer en el autoritarismo, pero tampoco se trata de dejarle hacer cualquier cosa, especialmente en situaciones peligrosas, pero para negar algo hay alternativas. Decir “no” solo por demostrar autoridad genera tensiones innecesarias. Además, los niños pequeños no tienen la capacidad de entender “no”, que es un concepto abstracto.

Evidentemente, si encontramos al bebé haciendo algo peligroso, muchas veces nos saldrá un “¡no!”, pero en la comunicación diaria la mejor opción es evitarlo. Cuando hablamos del desarrollo del lenguaje en el niño, ya explicamos por encima el proceso de adquisición gramatical de una lengua: el niño comprende antes oraciones activas que pasivas, oraciones simples antes que compuestas y oraciones positivas antes que negativas. ¿Por qué? Porque una oración negativa no es más que una positiva dada la vuelta. Es decir, cuando decimos “No toques eso”, el niño tiene que interpretar primero el sentido de la oración “tocar eso” y después tacharlo mentalmente. Esto puede generar frustración puesto que ya ha pasado por su cabeza la idea de hacer algo y, depende de la edad del niño, la reacción puede ir desde no entenderlo hasta desencadenar en una rabieta. Por ello, proponemos como alternativa la formulación de frases en positivo. Por ejemplo: En lugar de “No toques eso”, podemos decir “Eso hace daño; mejor juega con esto otro”. De esta manera, por una parte, le estamos hablando en un lenguaje claro y respetuoso, dándole motivos en lugar de negar autoritariamente. Y por otra parte, estamos derivando su atención a otra cosa para no generar frustración al prohibirle simplemente tocar algo sin darle alternativas.

Pero llega un momento en el que es el propio niño el que utiliza el no. Es la etapa de las famosas rabietas, que se da alrededor de los dos años. ¿Por qué? Como explicamos al hablar de la formación del autoconcepto, el niño aprende a conocerse a sí mismo como ser independiente por comparación con los demás. Si conocemos el desarrollo del niño, nos será más fácil comprenderle, ponernos en su lugar y no caer en la tentación de pensar que el niño nos está desafiando o tomando el pelo y cosas por el estilo, porque no lo hace. Simplemente, en su proceso de independecia, pasa por una fase en la que necesita identificarse a sí mismo, manifestarse de forma autónoma y eso, en ocasiones, choca con lo que los padres y madres podemos permitirle por su seguridad o por otras circunstancias.

En relación a las rabietas hay tres fases en las que podemos actuar:

  • 1) Prevención: preparar un ambiente seguro donde pueda jugar libremente, evitar enfrentarse a situaciones que suelen acabar en conflicto, ser permisivos hasta cierto punto (si quiere, por ejemplo, salir a la calle con un juguete, quizás compense dejar que lo saque aunque os haga ir un poco más lentos antes que montar el numerito), trabajar la empatía, etc. 
  • 2) Solución en el momento / a corto plazo: abrazarle (si se deja), poner palabras a sus sentimientos, explicarle la situación, darle alternativas o tratar de llegar a acuerdos (“entiendo que te gustaría seguir jugando en el parque porque nos estábamos divirtiendo, ahora estás frustrado por tener que irnos pero tenemos que ir a recoger a tu hermano. No podemos dejarle solo, ¿verdad? Si quieres, podemos volver mañana y seguir jugando”), permanecer a su lado, salir con él a la calle o fuera de donde haya tenido lugar la situación desencadenante de la rabieta para distraerle y para evitar poneros ambos más nerviosos por los posibles comentarios de la gente, no juzgarle (no decirle nunca “eres malo”), tener en cuenta que el niño lo está pasando mal, etc. En todo caso, no ignorarles nunca
  • 3) Solución a largo plazo: La prevención y la solución a largo plazo consisten en lo mismo: apego, apego y apego (ver este post y este otro). Un niño con un apego seguro que tiene claro que siempre le queremos independientemente de los conflictos que puedan surgir, crecerá con una personalidad segura, evitaremos muchos conflictos y le será más fácil superar esta etapa. 

 Es importante educar desde la coherencia y el respeto, y no es coherente ni respetuoso, por ejemplo, levantar la voz para decir que no se chilla. Prediquemos con el ejemplo. Los niños aprenden lo que ven y, si a un niño le chillamos, le estamos enseñando a chillar, incluso aunque en el momento consigamos que deje de hacer aquello que nos molesta, pero a la larga será peor. Y es que se trata de que aprendan a convivir no en base a castigos (ni si quiera a recompensas), sino en base a su propia moralidad interna (comportarse de manera correcta porque quieren estar bien y no quieren dañar al otro). Si un niño crece en un ambiente relajado con una comunicación respetuosa, reproducirá esos mismos esquemas.

Como dice Rosa Jové: “el castigo es el fracaso del educador”. Unos padres con estrategias educativas adecuadas no necesitan los castigos ni la manipulación del conductismo para educar a sus hijos.

Video cuento “El monstruo de colores”, para ayudar a los niños a reconocer las propias emociones.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Desarrollo lingüístico

La comunicación no es solo el lenguaje: es todo el conjunto de actos intencionados para influir en los demás. Engloba también gestos, el llanto, el contacto físico, etc. Por tanto, la comunicación existe desde el nacimiento porque, aunque el bebé no actúe al principio con intención de comunicar, el adulto interpreta su llanto y responde a él, ayudando así al bebé a aprender los significados de los comportamientos. De igual modo, responde al escuchar el habla de los adultos, gira la cabeza para buscar a la persona que habla, etc. Esta forma primaria de comunicación sienta las bases de la comunicación verbal y contribuye al desarrollo del apego.

Etapas del desarrollo lingüístico

Estos son a grandes rasgos los logros del bebé en referencia al desarrollo lingüístico (siempre recordad que las edades son solo orientativas y que cada niño sigue su propio ritmo):

  • Hacia los seis meses, empiezan a reconocer su propio nombre y algunas palabras. Empiezan a mostrar más interés por el habla, a repetir los sonidos, a jugar con la entonación y el ritmo en sus balbuceos, etc. 
  • Al final del primer año aparecen las primeras palabras reconocibles (“papá”,…). Le gustará pasar mucho rato emitiendo secuencias de sonidos. Es capaz de entender órdenes sencillas (“di adiós”, etc.). 
  • Llegando al segundo año, el niño empieza a utilizar más palabras y frases muy sencillas (sustantivo-verbo). 
  • Sobre los dos años empieza la etapa lingüística en sí. El niño es capaz de describir objetos y sucesos, dar órdenes y hacer preguntas con un lenguaje telegráfico, utiliza adjetivos y empieza a utilizar también adverbios.Sus primeras vocalizaciones están muy contextualizadas (habla de aquí y ahora) y muchas veces, el significado que le dan los niños a sus palabras no coincide con el de los adultos. 
  • A los tres años el lenguaje ya es inteligible, incluso para quienes no viven con el niño. El vocabulario ha aumentado lo suficiente, utiliza reglas lingüísticas, incluso oraciones compuestas. Este desarrollo es posible gracias a que se da en una etapa de maduración neurológica a nivel morfológico (aumento de peso del cerebro), estructural (crecimiento neuronal y mayor conexión entre neuronas), químico (mineralización del cerebro) y electrofísica (cambios en la frecuencia y amplitud de las ondas cerebrales). Esta maduración permite el desarrollo lingüístico, aunque este también está muy influenciado por la cultura y el contexto ambiental. Por ejemplo, un niño español dominará antes las reglas para hacer plurales (añadir una “s”) que un niño sueco o árabe (con unas normas más complejas de la formación de plurales y multitud de casos irregulares). 
  •  Entre los 5 y los 6 años suele aparecer el metalenguaje: Entienden el concepto de palabra y están capacitados para iniciarse en el lenguaje escrito. 

Principios del uso del lenguaje 

Slobin desarrolló una teoría bastante aceptada sobre las estrategia que utilizan los niños para lograr organizar la lengua que empieza a hablar:

  • Se dan cuenta de que las formas fonológicas se pueden modificar sistemáticamente (gato, gata,…), de modo que prestan más atención a los finales de las palabras. Aprende antes prefijos que sujifos (ejemplo: la “s” plural). 
  • Prestan atención al orden. Comprende antes oraciones activas que pasivas. 
  • Cuando aprenden una norma, no conocen excepciones. Por ejemplo, aprenden que el femenino en castellano acaba en “a” y lo aplican a todo (ej: delfín-delfina). 
  • Evitar la reordenación. Comprende mejor las oraciones coordinadas que las subordinadas.

Cómo ayudar al niño en su desarrollo lingüístico (tips) 

El lenguaje está estrechamente relacionado con el desarrollo cognitivo, social y emocional de niño (se influyen mutuamente) puesto que le permite pensar en abstracto, expresar sus ideas, anticipar y predecir acciones, percibir relaciones de causalidad, comprender motivos, reflexionar sobre los propios sentimientos, platearse problemas y pensar soluciones, etc.

Las prácticas de la crianza con apego favorecen este desarrollo de manera natural, ya que se favorecen continuamente las situaciones comunicativas con los bebés y se promueve la resolución de conflictos a través de la verbalización de sentimientos y emociones.

Así, a continuación propongo algunos consejos para favorecer la aparición y desarrollo del lenguaje de manera correcta:

  •  Crea situaciones comunicativas para que el niño sea quien tome la iniciativa en la interacción. 
  • Escúchale y estate atent@ a sus reacciones. Parte de lo que el niño quiere, necesita o le interesa. Respeta su turno de palabra y enséñale a respetar los turnos a él también. 
  • Dirígete al niño de forma interrogativa para favorecer su expresión. 
  • Evita conductas directivas: Da alternativas en lugar de imponer órdenes, se flexible. 
  • Habla más despacio, pronunciando correctamente, repitiendo las cosas de otra forma si es necesario, adecuando el lenguaje al nivel del niño. 
  • Utiliza gestos naturales. 
  • Evita las riñas y comentarios despectivos relacionados con el lenguaje: En lugar de decir “eso no se dice así”, es mejor repetir la frase de forma correcta. No presiones para que hable bien. No le pidas que repita. 
  • Léele cuentos, desarrolla su gusto por la lectura. 
  • El porteo desde bebés favorece que el niño esté expuesto continuamente a la comunicación. 
  • La lactancia materna favorece el desarrollo de los músculos y órganos implicados en la fonación. Así mismo, la alimentación sólida a partir de los seis meses ayuda al desarrollo del paladar. 
  • Haz preguntas abiertas para favorecer su expresión (“¿Qué te apetece hacer?”, “¿Qué has hecho en el cole?”, etc.) pero sin agobiar. 
  • Tratar las rabietas con apego: ponernos a la altura del niño y verbalizar sus sentimientos (“entiendo tu frustración”, etc.). 
  • Estate tranquil@. Es normal que, a lo largo del desarrollo del lenguaje, pasen por fases de retroceso, de titubeos, etc., especialmente si ha habido cambios importantes en casa o hitos en otros ámbitos de su desarrollo.

Desarrollo cognitivo

La cognición es la capacidad del niño de procesar la información a partir de sus percepciones. Es, por tanto, todo lo relacionado con el conocimiento: como capta la realidad y la asimila.

Este conocimiento, a su vez, es el cúmulo de información que se dispone gracias a un proceso de aprendizaje o a la experiencia, de modo que experiencia y cognición se influyen mutuamente.

El desarrollo cognitivo está vinculado a la capacidad natural que tienen los seres humanos para adaptarse e integrarse a su ambiente: Hasta los 3 años, el pensamiento está muy ligado al desarrollo perceptivo y motor. A partir de esa edad, la creciente capacidad de abstracción permite un pensamiento que se irá haciendo cada vez más lógico. Pero el pensamiento lógico implica que el niño sea capaz de dominar una serie de operaciones cognitivas: la clasificación, la seriación, la conservación y la adquisición del concepto de número.

Además, pensamiento y lenguaje están interrelacionados: el lenguaje es un instrumento de conocimiento y aprendizaje, y el desarrollo del pensamiento hace que el lenguaje progrese.

La teoría más aceptada sobre el desarrollo cognitivo hasta hoy en día la desarrolló el psicólogo Piaget (1896-1980), que dividió el desarrollo en periodos y subperiodos desde el nacimiento hasta los quince años. Resumo esta teoría para dar una idea general del desarrollo de la capacidad cognitiva del niño (las edades, como siempre, son orientativas, pero el orden de estas fases es el mismo en todos los niños):

 –Periodo sensoriomotor (del nacimiento hasta los dos años aprox.): La inteligencia es fundamentalmente práctica, unida a lo sensorial y a la acción motriz: 

  • Subestadio 1: Los reflejos. El niño comienza su adaptación al mundo mediante reflejos innatos. Algunos les acompañarán durante toda la vida, como el estornudo, otros irán desapareciendo y otros se convierten en acciones voluntarias. 
  • Subestadio 2: Reacciones circulares primarias. Las primeras adaptaciones son acciones que surgen al azar y que le resultan agradables al niño y este las repite una y otra vez. Son acciones centradas en su propio cuerpo. Empiezan las primeras anticipaciones (cuando ve el biberón abre la boca). 
  • Subestadio 3: Reacciones circulares secundarias. Alrededor de los seis meses, las acciones empiezan a centrarse en el exterior. Aparece la imitación de movimientos y sonidos, comienza la “conservación del objeto” (se da cuenta de que, aunque ya no vea el objeto porque lo hemos escondido detrás de otro, sigue existiendo). Disfruta con la repetición e intenta influir sobre los demás para que repitan lo que le gusta. 
  • Subestadio 4: Coordinación de los esquemas secundarios. La capacidad de atención aumenta. Ya es capaz de buscar objetos ocultos. Se inicia la intencionalidad, unida a la comprensión de la causalidad. Es capaz de imitar movimientos con partes de su cuerpo que no ve, como la boca, e imitar conductas que no estaban en su repertorio aunque estas deben mejorar. 
  • Subestadio 5: Reacciones circulares terciarias. A partir del año, al repetir una conducta, el niño va introduciendo cada vez pequeñas variaciones para observar lo que sucede (experimenta y, cuando no consigue lo que quería, vuelve a intentarlo). 
  • Subestadio 6: Invención de nuevos medios a través de combinaciones mentales. Comienza la cognición, la obstracción, la simbolización. Por ejemplo: observando un efecto, puede determinar su causa; en la imitación, ya no necesita al modelo delante; etc. 

 –Estadio preoperatorio (entre los dos y los siete años aprox.): Las características más importantes de esta etapa son: 

  • El egocentrismo: El niño se está autoconociendo y diferenciando de los demás. Es una etapa basada en el “mí”, “mío” y “yo”. 
  • La Conservación. Aún no son capaces de abstraer algunos conceptos. Por ejemplo: Un niño de esas edad, creerá que hay más agua en un vaso de tubo que en otro vaso más corto y ancho (de la misma capacidad), incluso aunque viertan el agua de uno a otro delante de ellos. Esto está relacionado con la falta aún del concepto de “reversibilidad”. 
  • Monólogos colectivos. Van narrando su juego, representan mentalmente la acción en forma de palabras, aunque no dominan aún la comunicación bidireccional más allá de lo práctico.. 
  • El animismo: Atribuyen “vida” (sentimientos, intenciones…) a objetos inanimados. 
  • Es la etapa del juego simbólico. 

Estas etapas se consideran imprescindibles en el desarrollo del niño y no deben censurarse. La teoría de la crianza con apego se basa en el respeto a los ritmos del niño y a su libre desarrollo. Para que el niño se desarrolle con normalidad, basta con proporcionar al niño una base sólida desde donde podrá ir explorando el mundo, basado en el apego seguro. Por supuesto, siempre podemos tener a su disposición objetos y juegos y que estimulen su curiosidad, que les muestren nuevos materiales, etc., y que estimulen su imaginación y favorezcan así el desarrollo de su cerebro: siempre será mejor utilizar juguetes con pocas actividades predefinidas, sin saturación de luces ni sonidos, etc.

Relacionado con esta manera de mostrarles el mundo, destacan pedagogías alternativas como Waldorf o Montessori, basadas en la libertad del niño de actuar a partir de un entorno seguro y estimulante creado para favorecer su desarrollo.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Desarrollo motor del niño

El desarrollo motor es un proceso de adaptación al medio a través de la maduración y el aprendizaje. El niño aprende a utilizar sus capacidades motrices como instrumento de comunicación con su entorno.

Los logros que se van adquiriendo dependen mucho de cada niño, pero siempre siguen una secuencia similar y están regidos por una serie de leyes y principios (se controlan antes las partes más cercanas al tronco, saben coger antes que soltar, siempre hay un lado dominante, etc.).

Existen tres tipos de movimientos:

  • Los reflejos: son respuestas automáticas e involuntarias ante una estimulación, pero que constituyen la base para los movimientos voluntarios. 
  • Los actos voluntarios: intencionados. Ante una estimulación, el niño la interpreta y actúa en consecuencia. 
  • Los automatismos: intencionados. Son movimientos voluntarios que se integran de una forma automática y pasan a ser hábitos, como montar en bicicleta. 

A continuación describo las etapas del desarrollo motor. Es importante tener en cuenta que la edad es orientativa, pero la secuencia de los logros sí es similar en todos los niños:

  • 0-6 meses: La motricidad es básicamente refleja. A partir de los 4 meses puede rodar sobre su espalda y estirar la mano para tratar de coger un objeto. Logra el control del cuello y cabeza, sonríen y empiezan a reaccionar emocionalmente. 
  • 7-9 meses: Consiguen el dominio del tronco, aprenden a sentarse y gatear. 
  • 11-15 meses: Se inicia la marcha, lo que posibilita descubrir el entorno y manipular su ambiente. 
  • 2-3 años: Comienza el control de esfínteres. Los aprendizajes los realiza por los procedimientos de ensayo y error e imitación. El juego es el medio esencial a través del cual el niño desarrolla sus posibilidades psicomotrices y responsables de su maduración global. 
  • 4 años: Sus movimientos son independientes, evoluciona su pensamiento y expresión (pregunta, percibe analogías, conceptualiza…). 
  • 6 años: La maduración del cerebro es prácticamente completa. El desarrollo de la motricidad gruesa está más influenciado por la maduración, mientras que el desarrollo de la motricidad fina está más determinado por el aprendizaje. 

Por tanto, los objetivos educativos relacionados con el desarrollo motor en la primera infancia estarían orientados a que los padres o tutores le faciliten los medios para descubrir y controlar progresivamente su cuerpo, valorando sus posibilidades y limitaciones para actuar de forma cada vez más autónoma, así como ir elaborando su percepción de ese entorno, y atribuyéndole alguna significación. Para ello, desde la teoría de la crianza con apego proponemos una serie de recomendaciones:

  •  El bebé debe sentirse amado, protegido y confiado para ir explorando progresivamente el entorno. 
  • Asegurar una motricidad libre (sin forzar posturas a las que no es capaz de llegar por sí mismo, respetando el ritmo de desarrollo de cada niño, etc.) en un ambiente seguro. 
  • Dejar al bebé en el suelo todo el tiempo posible (sin hamacas, sin taca-tacas, etc.) en un suelo cálido (con una alfombra, por ejemplo) sin acolchados que dificulten la movilidad. 
  • Evitar la sobreestimulación; dejar que sea el niño el que vaya descubriendo poco a poco el entorno y a sí mismo. 
  • Mantener descalzo al bebé que empieza a andar y gatear el máximo tiempo posible. En definitiva, se trata de procurar el máximo respeto al desarrollo y fisiología del bebé. 

Puedes conocer más sobre la teoría del movimiento libre aquí.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Desarrollo social y afectivo del niño y teoría del apego II

En el desarrollo afectivo juega un papel primordial el apego (el lazo afectivo que una persona o animal forma entre él mismo y otro de su especie que les impulsa a estar juntos en el espacio y y el tiempo). La principal figura de apego del bebé es la madre, que le proporciona alimento y los cuidados físicos que necesita. Sin embargo el apego se va extendiendo progresivamente a las otras personas, animal doméstico o incluso con un objeto inanimado (peluche, una mantita, etc.).

Conductas del niño que facilitan el apego:
-Conductas procuradoras de contacto corporal: La prensión, búsqueda, succión… son reflejos, pero van perfeccionando su tendencia a restablecer el contacto.
-Preferencia perceptiva por los estímulos sociales: a nivel visual, prefieren los rostros humanos; a nivel auditivo, la voz humana…
-Señales de comunicación social: El niño intenta comunicarse mediante expresiones emocionales (llanto, sonrisa). Son gestos a través de los cuales el adulto interpreta el estado emocional del niño.

Conductas de los padres que facilitan el apego:
-Tendencia a establecer el contacto físico.
-Tendencia a satisfacer las necesidades básicas del bebé a través de una interacción más global (al cambiarle le acaricia, habla, mira…).
-La conducta visual de los padres: Le miran mucho, se sitúan a la distancia óptima cuando interactúan con él, etc.
-Ruptura del espacio interpersonal habitual entre adultos.
-Lenguaje gestual y verbal. Cuando los padres se dirigen a su bebé utilizan mucho lenguaje gestual. Además el lenguaje verbal es simple y repetitivo.

La evolución afectiva sigue una secuencia de estadios invariable, aunque las edades son sólo aproximativas:

  • Desde el nacimiento hasta los 2 meses, prefieren los miembros de la propia especie, sin llegar a establecer diferencias entre quienes interactúan con él.
  • Desde los 2 a los 6 meses, hay una interacción privilegiada con figuras de apego sin rechazar a desconocidos.
  • De los 6 a los 12 meses, interactúa de forma privilegiada con las figuras de apego y rechaza a los desconocidos. Ante los extraños suelen experimentar miedo (llantos, ocultamiento y rechazo).
  • Entre los 12 y los 24 meses hay una independencia física progresiva de las figuras de apego, aunque siguen siendo la base desde la que explorar.

La Dra. Mary Ainsworth definió los cuatro tipos de apego que podían encontrarse entre niños y padres:

  • Apego seguro: 60-70% de casos: La relación se basa en la disponibilidad y el afecto. El niño siente ansiedad al verse solo, pero es consolado por la madre al volver. La madre interpreta correctamente las demandas del niño, con cariño y atención.   Consecuencias: Buen autoconcepto, tiende a relaciones cálidas y estables.
  • Apego ansioso-ambivalente: La relación se basa en la inseguridad y protección. El niño siente ansiedad al verse solo, pero cuando la madre vuelve tiene conductas contradictorias de acercamiento y rechazo. La madre no interpreta bien las demandas, tiene comportamientos incoherentes. Consecuencias: poca asertividad, inhibición, temor a determinadas situaciones…
  • Apego ansioso-evitativo: La relación se basa en el distanciamiento para evitar rechazo. Siente ansiedad al verse solo, pero ignora a la madre cuando está delante. La madre es autoritaria, impaciente, contradictoriamente sobreprotectora,…  Consecuencias: niños evitativos, agresivos, solitarios, inseguros…
  • Apego ansioso-desorganizado: La relación se basa en la inseguridad y el descontrol: El niño siente ansiedad al verse solo, pero al volver su madre reacciona de forma imprevisible. Este apego puede darse en niños que sufren malos tratos. La madre es negligente, inconsistente, proyecta sus miedos, no reconoce demandas. Consecuencias: niños agresivos con conductas hostiles durante toda la escolaridad.

La crianza con apego busca entender las necesidades biológicas y psicológicas de los niños, y evitar expectativas poco realistas en el comportamiento del niño. Al fijar límites que sean apropiados para la edad del niño, la crianza con apego toma en cuenta cada etapa física y psicológica del desarrollo que el niño está experimentando. De esta manera, los padres pueden intentar evitar la frustración que ocurre cuando esperan cosas que los niños no pueden hacer aún.
El Dr. Sears, precursor del movimiento de la crianza con apego, advierte que mientras el niño es pequeño, es mentalmente incapaz de ninguna manipulación, de modo que, durante el primer año de vida, las necesidades y los deseos de un niño son lo mismo. La crianza con apego no significa resolver una necesidad que el niño pueda satisfacer por sí mismo; significa entender cuáles son las necesidades, cuándo se presentan, cómo cambian a lo largo del tiempo y de las circunstancias, y ser flexibles al idear maneras para responder apropiadamente.





Fuentes: 
Psicología evolutiva. Pilar Herranz Ibarra. UNED 
Psicología del desarrollo. Antonio Corral Ínigo. UNED 
Técnico Educación Infantil. MAD. Oposiciones Gobierno de Extremadura 2011 
Orientación Escolar. María de Codés. Ed. Sanz y Torres 

Desarrollo social y afectivo del niño y teoría del apego I

El conocimiento social del niño es el concepto que tiene de sí mismo y de los demás y cómo es capaz de comprender lo que los demás piensan, sienten y sus puntos de vista. Desde que nace, el niño va tomando conciencia de sí mismo y construyendo su identidad personal para diferenciarse de otros y establecer relaciones interpersonales.

El autoconocimiento incluye cuatro aspectos: físico, activo, social y psicológico. El primer logro es la identificación de sí mismo como ser físico independiente. Al principio, el niño se describe por sus características físicas. Después, en base a las actividades que realiza. A partir de los 8 años es cuando empiezan a cobrar importancia los aspectos sociales y psicológicos.

A partir de los 12 y18 meses, el niño empieza a reconocerse a sí mismo en el espejo. Después comienza a referirse a sí mismo, pero en tercera persona (“el niño se cae”) y toma conciencia de sus propias capacidades, probándose para establecer sus límites motrices. Sus juegos se vuelven más complejos e intentan realizar solos muchas actividades. Se pueden enfadar cuando fracasan, lo que nos indica que ya son capaces de valorarse en sentido positivo o negativo. Estas experiencias de éxito y fracaso y las interacciones con los adultos (refuerzos) son decisivas para la creación de una autoimagen positiva. Es importante es planificar actividades acordes con sus capacidades y nivel de desarrollo para evitar la frustración.

El conocimiento de los demás se basa en cuatro aspectos:
-La comprensión de lo que ven los otros (3-4 años): Se produce una progresiva descentración y el niño es capaz de situarse en la perspectiva visual del otro.
-La comprensión de los sentimientos de los otros: Empatía: Sobre los tres años ya puede interpretar algunos sentimientos pero hasta los 6 años no puede inferir su motivo.
-Las inferencias sobre el pensamiento e intenciones de otros: Comienza con 3 años.
-La comprensión de la personalidad de los otros: Antes de los 8 años el niño solo describe a los demás en base a su físico, posesiones y actividades que realizan.

La socialización por impregnación no es un proceso consciente. El niño aprende el comportamiento social, roles y costumbres y va adquiriendo valores, creencias y opiniones característicos de su entorno, a través de la lengua materna, juegos que son reflejo del medio, reuniones familiares, las actividades de ocio, etc.

La socialización a través del control de la conducta, en cambio, es un método consciente por el que el niño interioriza las normas que aprende por impregnación a través de los refuerzos. Por eso, el comportamiento social del niño va a depender en gran medida del estilo educativo de los padres. La mayoría de estudios sobre este tema se han hecho en base a dos dimensiones principalmente: cariño/hostilidad y tolerancia/severidad.

  • La dimensión cariño/hostilidad hace referencia a la dedicación afectiva de los padres. “Cariño” engloba actitudes de afecto, aceptación, refuerzo y uso de razonamientos. “Hostilidad” es la afirmación del poder sobre el niño, el castigo físico, órdenes y amenazas, que hacen al niño muy dependiente.
  • La dimensión tolerancia/severidad: La tolerancia, no la permisividad, favorece el desarrollo de la independencia, pero cuando se da en un marco de hostilidad, el comportamiento aparece mal controlado y aumenta la agresividad. Si la hostilidad se combina con severidad, el niño manifiesta conductas agresivas, pero contra sí mismo, retraimiento social y ansiedad.

Desde la teoría de la crianza con apego, defendemos los estilos educativos de los padres basados en el respeto a los hijos: respeto a su autonomía y autorregulación, inculcándoles valores siempre en positivo. Según la teoría del apego, un fuerte enlace emocional con los padres durante la infancia es precursor del desarrollo de una personalidad segura e independiente, un buen comportamiento, independencia, y relaciones buenas y sanas. Este tipo de crianza tendrá efectos positivos durante toda la niñez, adolescencia y adultez y se puede resumir en estos principios:
-Alimentación con amor y respeto.
-Respuesta sensible a las necesidades del bebé desde que nace.
-Contacto materno el mayor tiempo posible.
-Sueño seguro físicamente y emocionalmente.
-Cuidado cariñoso constante.
-Disciplina positiva.
-Búsqueda del equilibrio entre la vida personal y familiar.

Cris. Educadora social especializada en atención temprana, mamá de dos y directora editorial.

Patrones de sueño típicos de 3 a 6 meses

A los 3 meses, un bebé promedio duerme unas 13 horas en cada período de 24 horas (4 o 5 horas de sueño durante el día, repartidas en varias siestas, y de 8 a 9 horas de sueño por la noche, generalmente con una o dos interrupciones). Aproximadamente el 90% de los bebés de esta edad duerme más por la noche, durante períodos de 5 a 6 horas de duración.

Es importante saber que los bebés no siempre están despiertos cuando suenan como si lo estuvieran; pueden llorar y hacer todo tipo de ruidos durante el sueño ligero. Incluso, si se despiertan por la noche, es posible que solo pasen unos minutos despiertos antes de volver a conciliar el sueño por sí solos.

Recuerda que cada bebé tiene su propio ritmo.

En algún momento entre los 4 y los 6 meses, algunos bebés son capaces físicamente de dormir toda la noche seguida. “Toda la noche”, a esta edad, quiere decir 8 a 12 horas. Es un desarrollo importante para ti y para tu bebé, porque ambos se despertarán más descansados por la mañana.

Si tu bebé todavía no duerme 8 horas seguidas, no eres la única. Muchos bebés todavía se despiertan muchas veces para alimentarse entre los 4 y los 6 meses.

Se vuelve a despertar 

Si tu bebé ya duerme durante largos periodos por la noche, disfrútalo. Pero a veces los bebés que llevan semanas o meses durmiendo toda la noche de corrido empiezan a despertarse otra vez cada dos o tres horas.

Puede resultar muy frustrante, pero tu bebé tiene sus razones. Quizás ahora está en una etapa más sociable y se despierta llorando porque desea tu compañía. O puede que esté aprendiendo a darse la vuelta o a sentarse y se despierta para practicar sus nuevas habilidades.

Está demostrado que el colecho propicia que los bebés duerman más, mejor y se despierten mucho menos ya que al dormir pegado a la madre tienen el pecho al alcance y no hace falta levantarlo de la cama para alimentarlo.

Cómo puedes establecer hábitos de sueño saludables 

*Empieza a establecer unas rutinas que os ayuden a los dos
*Establece unos horarios más o menos fijos para la hora del baño
*Puedes cantarle o hacerle un masaje después del baño.
*Después de ponerle el pijama puedes darle el pecho o el biberón en la cama mientras estás con él.

No hagas caso a quien te diga que para que duerma de día , debes dejarlo despierto durante el día,Solo conseguirás cansarlo más y hacer que llegue muy frustrado a la noche y le cueste coger mucho el sueño. Además, el sueño es muy necesario para establecer todas las nuevas conexiones en el cerebro y fijar los conocimientos adquiridos a lo largo del día.

Si a tu bebé le cuesta mucho dormirse o permanecer dormido, sea durante las siestas o por la noche, prueba a acostarlo un poco antes. Cuando un bebé está demasiado cansado, le cuesta más calmarse y dormir bien.

Olvida y huye de los métodos para dormir a los niños 

Seguro que a estas alturas ya has tenido que aguantar más de una vez al típico opinólogoque te dice que tienes que dejar llorar a tu bebé para que aprenda a dormir, olvídalo completamente, esos artículos solo harán daño al futuro de tu bebé.

 

 

Patrones de sueño típicos de un recién nacido

*Duermen entre 16-17 horas al día en tandas de 3-4 horas cada vez durante las primeras semanas de vida.

*Los bebés pasan mucho más tiempo en sueño REM (es cuando vemos movimientos oculares rápidos) Durante éste periodo se fijan los conocimientos aprendidos durante el día y se realizan las conexiones necesarias para el buen funcionamiento del mismo. Por eso es tan importante dejarlos dormir el tiempo que haga falta. Lo malo es en ésta etapa es más Fácil que se despierte.

CONSEJO:Algo que seguro que oyes mucho, aprovecha y duerme cuando tu bebé lo haga, ésta etapa es muy cansada y te ayudará descansar lo máximo.

 

  • A partir de las 6-8 semanas, los bebés empiezan a regular sus hábitos de sueño (un poquito), y duermen algo menos de día y alargan sus horas de sueño de noche. Sus fases de sueño profundo se alargan.
  • A medida que vaya creciendo irá alargando esos periodos de sueño profundo, cada niño es diferente y tiene su manera de adaptarse al mundo, así que no te preocupes si ves que el tuyo no cumple a rajatabla los estándares.

¿Puedo empezar a establecer rutinas?

Aprende las señales que indican que necesita dormir.

* Lo normal es que no aguante más de dos o tres horas despierto

*Es mejor no esperar hasta que empiece a llorar o se ponga muy nervioso, ya que le será más difícil dormirse.

*¿Bosteza?, ¿se frota los ojos?, ¿te busca el pecho?, ¿frota su carita contra un manta o muñequito?… suelen ser señales que revelan su cansancio, no te preocupes, en poco tiempo sabrás diferenciar perfectamente cuando está cansado.

*Puedes empezar a diferenciar el día de la noche con algunos gestos, por ejemplo:

-Mantén las persianas subidas durante las siestas diarias, no bajes el volumen o lo mantengas en completo silencio, puedes costarlo en el sofá contigo o dormirlo en la mochila ergonómica si lo prefieres tener contigo.
-Los bebés que están pegados a la madre/padre durante el día con la mochila/fular/bandolera, duermen más, lloran menos y tienen menos cólicos.

CONSEJO: El libro de Rosa Jové – Dormir sin lágrimas. Lectura imprescindible para entender todos estos cambios

Con un mes, suelen dormir un total de 15-16 horas diarias, repartidas entre el sueño nocturno (8-10 horas) y unas 3 siestas diurnas (6-7 horas).

 

Fuente: Felices Sueños, Elizabeth Pantley, Ed. Mc Graw Hill