¿CÓMO ELEGIR UNA TERAPIA PSICOLÓGICA?

Si estás pensando iniciar una terapia o ya estás realizando una, ante todo ¡Te felicito! Es una muy buena opción para cuidarte, conocerte, sanar y mejorar tu calidad de vida.

Este post es una primera entrega de algunos recursos importantes que puedes tener en cuenta y conocer en relación a las terapias psicológicas, para que tu elección sea la más adecuada.

EL MODELO HUMANÍSTICO 

El modelo psicológico humanístico es el que más promueve la dignidad y libertad de la persona. Por esta regla de tres parecería el preferible a la hora de cualquier intervención psicológica. Pero no es tan simple como parece, ya que -en ciertas ocasiones- tendremos que hacer un balance con más alternativas cuando:

 

  •  1. Está justificado un internamiento psiquiátrico para proteger la vida de una persona (peligro de suicidio, incapacidad de tomar cuidad de sí mismo), en caso de amenaza real a la vida de otros, o bien para llevar a cabo bajo consentimiento un tratamiento intensivo o en crisis que no se pueda hacer de otra manera.
  • 2. Están justificados tratamientos que impliquen una cierta coerción consentida, si fracasan o no se dispone de otras metodologías alternativas (drogodependencias, ludopatía…). En la mayoría de los casos se escogerá aquel enfoque que dentro de su eficacia se muestre más respetuoso de la libertad y dignidades humanas, o al menos, el estilo con el que se intervendrá será el que esté más de acuerdo con estos principios según los límites de la técnica aplicada.

 4 POSIBLES PERFILES DE TERAPEUTA: 

Podemos encontrar 4 posibles perfiles de terapeuta, desde el punto de vista ético (escala de valores y acciones que el terapeuta considera adecuadas) y epistemológico (los conocimientos que tiene el terapeuta):

  • a) Terapeutas epistemológicamente dogmáticos (‘mi propio método es el mejor construido desde el punto de vista teórico’) y éticamente irresponsables (‘no necesito conocer ningún otro método, ni preocuparme por los estudios que tienen mayor eficacia terapéutica’).
  • b) Terapeutas epistemológicamente ingenuos (‘mi teoría es la más válida, basándome en mis valores’) y éticamente dogmáticos (‘es la mejor, frente a todas las demás’).
  • c) Terapeutas epistemológicamente críticos (‘para cada caso tengo que aplicar la terapia más eficaz’) y éticamente irresponsables (‘no voy a tener en cuenta las implicaciones éticas que pueda causar mi intervención’).
  • d) Terapeutas epistemológicamente críticos (‘elegiré para cada caso la terapia más eficaz’) y éticamente responsables (‘tengo en cuenta la dignidad y libertad personal’).

Entonces ¿Cuál es el terapeuta adecuado? Sin duda, os recomiendo la opción d). Este tipo de profesional sabrá valorar cuál es la terapia-estrategia más adecuada para cada paciente o cliente, se responsabilizará de sus acciones y respetará la libertad de cada cliente o paciente.

RELACIÓN ENTRE TERAPEUTA-PACIENTE O CLIENTE: 

La relación entre terapeuta y paciente o cliente, en Psicología, se puede considerar una relación contractual. Debe existir un consentimiento informado desde la primera visita, que firmarán terapeuta y paciente. Este contrato se archivará junto a la historia clínica del paciente.

Como cualquier relación contractual, la relación terapéutica incluye una demanda y una oferta o prestación de servicios.

Por tanto, el contrato terapéutico supone:

  • El reconocimiento mutuo de un poder contractual entre las partes.
  • La negociación del objeto de contrato (demanda del paciente y estrategias del terapeuta) y las condiciones con que se debe llevar a término.

Esto, a la práctica, quiere decir que es necesario:

  • Comprobar si la persona tiene una idea suficientemente formada de lo que implica un tratamiento psicológico; tanto de la naturaleza del tratamiento como de los beneficios y costes que supone en términos personales (ir al psicólogo normalmente es visto como negativo, “estar loco” y puede repercutir en su autoestima o en que el paciente actúe en función de lo que esperan los demás), económicos (dinero y honorarios) y de tiempo (valorar el tiempo de la sesión y las necesidades del paciente).
  • Informar a la persona sobre las características generales de los tratamientos a realizar, diferenciándolo de otras formas de tratamiento.
  • Y evaluar otros tipos de tratamiento alternativos que podría seguir la persona, antes de comprometerse a aceptar el contrato.

 

 ESTAR INFORMAD@ ES ESTAR EMPODERAD@ 

 

 

 Mónica Ruiz Romero 
 Col.16209 
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No os perdáis el próximo taller de Mónica Ruiz:

 

LAS DIETAS NO FUNCIONAN, por Mónica Ruiz

El cuerpo se ve afectado por la maternidad y, a veces, el exceso de peso cogido durante el embarazo unido a la ansiedad de esta nueva etapa, nos hacen tomar decisiones equivocadas. Hoy os traemos un post de la psicóloga Mónica Ruiz y una invitación a una charla gratuita sobre ansiedad impartida por el doctor Ricardo para las/los que esteis cerca de Barcelona:

LAS DIETAS NO FUNCIONAN, por Mónica Ruiz:




Si dejas de comer para adelgazar el organismo reacciona mal ante la falta de nutrientes. Tiene mecanismos propios para generar una situación de ansiedad que terminará para que el proyecto de bajar kilos en poco tiempo quede frustrado. Cuando tenemos hambre nos seducen más los alimentos calóricos que las ensaladas, con lo cual resulta tremendamente fácil saltarse comidas.

No es un problema de fuerza de voluntad, sencillamente nuestro cerebro intenta obtener unos nutrientes que no está recibiendo. Cuando tenemos el estómago vacío muchas horas, la respuesta es activar determinadas hormonas que nos forzarán por encima de nuestra fuerza de voluntad.

Contra el instinto primario de obtener alimentos que escasean, no hay fuerza de voluntad que pueda resistirse.

 Comemos más como consecuencia de la ansiedad.
El estrés, lo que hace es convertir la mala alimentación en una vía de escape, una canalización de la ansiedad a través de la comida, o sea, que ésta se convierte en una especie de “medicamento”, al retirarla bruscamente, lo único que consigues es aumentar la ansiedad, y te hace más vulnerable a cualquier tentación.

El primer consejo para controlar el peso es no saltarse comidas, ni desequilibrar la alimentación, para que el cerebro no responda de una manera primaria ante la falta de alimentos. 

 Mediante imágenes con el scanner cerebral se ha demostrado que cuando pasamos hambre (por ejemplo, debido a una dieta restrictiva) se activan determinadas zonas del cerebro que responden ante la visión de comidas altamente calóricas. Esta visión llega a tener un efecto hipnótico, que tarde o temprano acabará en un formato de provocación a comer incontroladamente.

 Mónica Ruiz Romero
 Col.16209
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TDAH ¿TRUCO O TRATO?


 
La existencia del Trastorno de Atención, con Hiperactividad (TDAH) o sin Hiperactividad (TDA), actualmente sigue estando cuestionada.
¿Qué intereses cubre la presencia del TDAH?
¿Su existencia mejora la salud de los niños que son diferentes, más inquietos o menos atentos que sus iguales?
¿Es una invención que genera enormes beneficios económicos a costa de medicar a niños sanos?
Para hablar y analizar sobre el TDAH, parto de la base de que no es una conducta alterada ni un trastorno social ni una enfermedad mental; es un trastorno de origen neurológico, que afecta la zona del autocontrol del cerebro y que se origina por un desequilibrio entre dos neurotransmisores: la noradrenalina y la dopamina.
Si queremos evaluar del TDAH es necesario realizar un trabajo en equipo entre la familia, la escuela, los psicólogos, los pediatras y los psiquiatras expertos en esta patología; acompañando al niño, sobretodo, desde el amor y la empatía. Además los cuestionarios y evaluaciones que se pueden utilizar (como el manual DSM-IV, ICD10, test de Conners o/y escala EDAH) son orientativos, complementarios y no determinantes para diagnosticar taxativamente el TDAH. Debemos hacer un análisis personalizado de cada caso, pues no todos los niños hiperactivos (o más inquietos que el resto del grupo de iguales) mantienen los mismos niveles en atención, impulsividad, hiperactividad, comportamiento y aprendizaje. Ni todos los niños tienen las mismas necesidades.
Para crecer saludablemente, nuestros niños necesitan ir redescubriendo quienes son, hasta donde pueden llegar a hacer o qué normas implícitas y explícitas hay en su entorno más cercano. La impulsividad y la hiperactividad son dos rasgos característicos de la edad infantil y están presentes en todos los niños (con o sin TDAH). Entonces ¿Qué queremos, truco o trato? ¿Medicamos a los niños, de por vida y con efectos secundarios, para que no molesten ni en casa ni en la escuela o apostamos por una evaluación personalizada y amplia de cada caso?
Evidentemente un niño más movido que el resto requerirá de una atención distinta (que no especial) más plástica, menos rígida y más agotadora para el adulto que lo acompaña. Los niños son niños, no adultos, y están en el momento vital de máxima expansión para desarrollarse saludablemente y experimentar sobre su entorno.
Un trato, educación y crianza respetuosa y consciente hacia los niños facilitará el poder ser adultos más sanos, respetuosos y conscientes.
Para poder abordar la actuación del TDAH y las diferencias individuales de cada ser humano, es necesario incluir un cambio en el sistema educativo familiar, escolar y social.
Miremos el mundo del niño, desde la perspectiva y visión del niño. Somos los adultos los que tenemos la responsabilidad de acercarnos a él y no a la inversa.
Además la hiperactividad en algunos niños suele ser transitoria y su origen puede partir de factores biológicos y psicosociales:
 Problemas familiares que les hayan afectado; por ejemplo, que papá y mamá se hayan separado y uno de ellos se haya marchado de la casa.
– La muerte de una persona querida.
– La llegada de un nuevo hermanito.
– Un cambio de domicilio, de país y/o de amigos.
– Que el niño sufra un rechazo por parte de la familia o en la escuela.
– Que el niño reciba un trato agresivo por parte de los adultos.
– Que al niño se le impongan órdenes y prohibiciones absurdas.
Poca libertad ante una iniciativa del niño.
Organización de la vida del niño de manera inadecuada.
– Problemas durante el embarazo.
– Manipulación o violencia obstétrica durante el parto(Fórceps, etc).
Enfermedades infecciosas graves durante las primeras edades.
– Algún golpe fuerte recibido.
– Algún defecto o enfermedad física.
– Su estado de ansiedad.
Inicialmente no incluyo las “etiquetas” en el acompañamiento y búsqueda de soluciones o estrategias con mis clientes, pero existen. Hablar de TDAH, es hablar de una etiqueta. Así que, de igual modo que cuando nacemos nuestros padres nos regalan un nombre, la Ciencia otorga nombres para cada una de las sintomatologías observadas (cual padre a sus hijos) cuando se observan ciertos síntomas físicos y/o psicológicos. Y aunque el TDAH ha recibido distintos nombres desde su primera descripción (hace más de 100 años), es una entidad clínica reconocida como tal desde hace más de 50 años. En 1998, la American Medical Association lo describió como “uno de los trastornos mejor estudiados en medicina, en el que los datos globales sobre su validez superan a los de muchas enfermedades” y la Organización Mundial de la Salud, en su documento “Caring for children and adolescents with mental disorders” (2003), lo identifica como un trastorno poco conocido y con importantes repercusiones económicas en el cuidado de la salud infantil.
En estas dos afirmaciones hayamos ya una de tantas discrepanciasrespecto al TDAH. Otro ejemplo de contradicción es la revelación del famoso psiquiatra estadounidense que descubrió el TDAH, Leon Eisenberg quien confesó (según el semanario alemán Der Spiegel) siete meses antes de fallecer en 2009, que el TDAH se trata de “un ejemplo de enfermedad ficticia”. A continuación os dejo el enlace de la noticia: http://www.lavanguardia.com/vida/20130527/54374878936/deficit-atencion-ninos-ficticio.html
Ante estas revelaciones, también podemos mencionar otro estudio realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove. Ella expone que de los 170 miembros del grupo que trabaja con el ‘Manual de los trastornos mentales’, el 56% tenía una o más relaciones financieras con empresas de la industria farmacéutica.
Con estos intereses cruzados y dificultades sobre la mesa, no es de extrañar que el TDAH se esté sobrediagnosticando y que durante los últimos cinco años, en Estados Unidos (EE. UU.), las cifras de TDAH hayan aumentado en un 22%; lo que significa que ahora uno de cada diez niños (10%) está diagnosticado de TDAH, suponiendo hasta un total de 5,4 millones de niños diagnosticados con TDAH de 4 a 17 años en EE. UU.
        
El TDAH es un trastorno cuyo diagnóstico es aún incierto y necesita una seria instigación para aclararlo. Buscar y tratar las razones psicosociales que desencadenan ciertas conductas es un proceso más largo y más importante que prescribir una pastilla contra el TDAH o una “pastilla mágica”.
También os facilito un enlace del programa completo “Retrats” del pasado 4 de marzo de 2015 y dos enlaces de parte de la misma entrevista; donde conversan con el psiquiatra, neurólogo y psicoanalista Jorge L. Tizón principal experto en salud mental del estado español:
“Empastillados” (entrevista completa):
“El TDAH es una invención farmacológica”
“Psiquiatras infantiles me piden ayuda para saber resistir la presión que reciben para que mediquen a los niños”

 

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